Texto: Laura Buconi
Fotos: Sonia Ventura

CALPAN, PUEBLA. – La comunidad de San Lucas Atzala, en el municipio de Calpan, Puebla, mantiene desde hace siglos una estrecha relación con la agricultura: sus habitantes se dedican a la producción de maíz. Atzala también es una comunidad migrante: la mayoría de los jóvenes suele ir a Estados Unidos a trabajar. Sonia Ventura, economista y maestra en ciencias políticas, ha decidido quedarse y, desde marzo, debido a la escasez de agua en su pueblo, a pesar del miedo ha empezado a movilizarse y a exigir justicia y reparación en cuanto a la crisis de aguas negras y falta de agua potable en la zona.

En el mes de marzo de este año empezó a escasear el agua. En algunas partes del municipio de Calpan el líquido llegaba a faltar una vez a la semana, pero la mayoría del pueblo se quedó sin agua durante todo un mes. Esto representó un verdadero desastre, ya que no solo el pueblo acostumbra a tomar ese agua, que proviene del monte, sino que también utiliza el líquido para alimentar su ganado y sus cultivos.

“Nos organizamos para solicitar a la presidencia municipal que arreglara las tuberías, y que se supiera en qué condiciones se encontraban, porque había mucha ambigüedad. De hecho, unos compañeros me explicaron que las tuberías no estaban rotas, que nadie sabía en qué estado se encontraban las concesiones. Intenté juntar firmas para realizar una solicitud oficial al gobierno municipal con respaldo de las comunidades, pero no llegó a más porque los integrantes de Calpan cooperaron entre ellos para arreglar las tuberías. Sin embargo, históricamente hace más de 20 años existe otro problema, que es el de las aguas negras”, recuerda Sonia.

“En la comunidad hay mucho miedo a organizarse por las represalias que a veces pueden parecer mínimas, pero tienen un fuerte impacto económico: no te dan chance de vender en el mercado, realizar trámites o acceder a algún programa social, entonces a muchos les gana el miedo a las represalias de quien esté en el gobierno municipal o en el gobierno local”, relata en entrevista a Pie de Página. También hay precedentes alarmantes con respecto a las mujeres involucradas en temas políticos en la zona.

Vertido de aguas residuales en campos de cultivo

Desde hace dos décadas, la administración local realizó una obra de drenaje provisional en San Lucas Atzala y Calpan, que iba a desembocar en los campos; supuestamente esto duraría mientras se solucionaba el problema y se construía una planta tratadora. Sin embargo, esta aún no se ha realizado. Con el pasar de los años aumentó el número de los habitantes y usuarios conectados al drenaje, y asimismo el flujo de aguas negras.

“Y con las lluvias se agravó más, sobre todo considerando que el río Alseseca, que cruza la comunidad, se llenó por las mismas lluvias, y entonces no había de otra que utilizar el drenaje para el desagüe”, añade Sonia. En la actualidad hay una gran laguna de aguas negras a un costado de la comunidad.

El padre de Sonia es dueño de un terreno justo donde cruzan las aguas negras, y siempre ha insistido en la necesidad de que estas sean tratadas. Se ha acercado con diferentes gobiernos municipales, por ejemplo, con la anterior administración a cargo de Fernando Castellanos. Sonia refiere que Castellanos prometió encargarse del problema, pero no hubo acciones que siguieran sus palabras.

“Nos acercamos en marzo con el actual presidente municipal, Vicente Sánchez, porque en su campaña electoral mencionó que iba a solucionar el problema de las aguas negras, que iba a plantear el proyecto de una planta tratadora para que cesara la contaminación en la zona”, relata la defensora. Otra vez, recibieron palabras vacías. Sánchez afirmó que un comité se estaba ocupando de la planta tratadora, pero no vieron ningún avance.

En temporada de lluvias, se almacenó más agua que se mezcló con las aguas negras, y la solución que el presidente municipal propuso fue realizar excavaciones para un caño gigante, un verdadero río de aguas negras que desemboca hacia la carretera: esa es la ruta de evacuación de los pueblos de San Mateo Ozolco, San Lucas Atzala y Calpan, ya que se encuentran a los pies del volcán Popocatépetl. “Esa carretera es usada por la mayoría de los habitantes, y que las aguas crecieran y terminaran en la carretera generó al menos 12 accidentes en los que murieron dos personas y varias se accidentaron”, denuncia Ventura.

Otra preocupación de los habitantes es que nunca se ha presentado un estudio de impacto ambiental para valorar si las aguas negras han penetrado en los mantos freáticos de las aguas que corren en toda la región.

Afectaciones a los agricultores

Las zonas afectadas son terrenos de cultivo, pequeñas propiedades donde se siembra el maíz que se consume en la región. A causa de las aguas residuales los terrenos no se pueden cultivar, ya que el área es pantanosa e insalubre. “Muchos pequeños propietarios han optado por dejar de producir, por dejar de cultivar sus terrenos, debido al riesgo para la salud que comporta”, afirma Sonia.

Esto representa una fuerte pérdida económica para los ganaderos, que exigen resarcimiento por los daños a sus terrenos.

El desemboque de aguas residuales también genera fauna nociva: Sonia relata que las garzas que en general rondan los cultivos de maíz son blancas, pero las que rondan las aguas negras son de color negro.

El drenaje de aguas negras desemboca a menos de un kilómetro del basurero de San Andrés Cholula, creando un riesgo de filtración peligroso, y es adyacente al único bachillerato del municipio de Calpan, y a apenas unos metros del Tianguis de los Cuatro Caminos, donde se venden productos de la región como maíz, frijol, ganado, frutas, etcétera.