Mazatlán, Sin.- El Carnaval de Mazatlán no solo se construye con música, carros alegóricos y multitudes. También se sostiene en oficios silenciosos, en manos que puntada a puntada han dado forma a una memoria que permanece más allá del espectáculo. Desde hace 36 años, una de esas manos son las de Sodelva Ríos, bordadora mazatleca cuya obra ha vestido a la realeza de la máxima fiesta del puerto.

A lo largo de más de tres décadas, Sodelva ha participado en la creación de vestidos que hoy forman parte del archivo emocional del carnaval. Prendas que, cuando las luces se apagan y la fiesta termina, continúan existiendo en fotografías, recuerdos y relatos familiares. Este 2026, su trabajo volverá a ocupar un lugar central al encargarse de la materialización del vestido de la Reina de los Juegos Florales, a partir del diseño del creador Andrés Romo, para el Carnaval Internacional de Mazatlán.

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Sodelva ultimando detalles en el vestido de Pamela Farriols, reina del carnaval del 2000.

Para Sodelva, confeccionar un vestido real no es un ejercicio meramente técnico, también representa el comprender que el carnaval es una tradición viva, en constante transformación, que se renueva sin perder su raíz. Desde esa mirada, celebra que nuevas ideas y generaciones se integren a una fiesta que pertenece a toda la comunidad, sin dejar de honrar el trabajo artesanal que la ha sostenido por décadas.

El proceso creativo con Andrés Romo se ha construido desde el diálogo y la confianza. Sodelva recuerda su primer encuentro profesional con el diseñador, años atrás, cuando dio forma al vestido de Uma I, una pieza concebida como símbolo de renacimiento. Desde entonces, el trabajo conjunto ha estado marcado por la escucha mutua y la certeza de que antes de tocar una tela es necesario comprender la idea que la habita.

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Esmeralda Magaña, reina del carnaval de 1995 con Sodelva.

Para esta edición del carnaval, el diseño fue enriquecido mediante ajustes puntuales que fortalecen su presencia escénica y su diálogo con la palabra, la música y la imagen, elementos esenciales de los Juegos Florales. El objetivo, explica Sodelva, es que la reina luzca hermosa y elegante, pero también auténtica, acompañada por un vestido que tenga lenguaje propio y dignidad simbólica.

La bordadora subraya que ninguna de estas piezas es obra de una sola persona. Detrás de cada puntada hay un equipo comprometido, integrado por manos jóvenes y experimentadas, que aportan técnica, paciencia y cuidado.

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Yahaira I, SGM del Carnaval de 1998 junto a Sodelva.

Los carros, la pirotecnia y la música se desvanecen”, suele decir, “pero los vestidos permanecen por décadas”.

Nacida y criada en el entorno del carnaval, Sodelva entiende esta fiesta como parte de su identidad más profunda. En cada bordado busca representar lo más bello y auténtico de Mazatlán, procurando que cada reina se sienta honrada y celebrada. No se trata solo de vestir un cuerpo, sino de acompañar un momento histórico.

Hay vestidos creados hace más de treinta años que aún existen y siguen evocando emociones. Esa es la meta de Sodelva, producir piezas que, al volver a mirarse, despierten el recuerdo de un carnaval vivido. Y si pudiera bordar una sola frase en el vestido de este año, Sodelva lo tiene claro: que su nombre sea recordado, no por vanidad, sino como testimonio de un amor constante por el oficio y por la cultura del puerto.

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Carolina Pérez, reina del Carnaval de Mazatlán 2022 junto a Sodelva.

Así, en el Carnaval Internacional de Mazatlán 2026, el arte textil vuelve a convertirse en memoria colectiva. Y en cada puntada del vestido de Juegos Florales, Sodelva Ríos deja bordada su historia, su trabajo y su compromiso con una tradición que sigue viva.

 

 

 

 

 

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