Mazatlán, Sinaloa.- Sheila Arias tiene miedo. Le teme a las amenazas. A veces se siente en su voz, se sabe en lo que dice. Y el miedo también se deja ver cuando la periodista se dobla ante el micrófono.

Está amenazada por difundir información relacionada con un proyecto turístico en Playa Brujas, en Mazatlán, una zona de alto valor ecológico. La presión no ha sido menor y la incertidumbre es constante.

“Estamos en horas críticas para mí, que la persona reacciones a través de terceros. Pueden venir campañas de desprestigio, pequeños accidentes, más intimidaciones, pueden estar vigilando porque ya saben dónde vivo. Yo le temo a eso, no solo por mí sino por mi familia”.

Arias reconoce que nunca antes se había visto en una situación similar. Que esta vez fue distinto. Que al leer los mensajes entendió que no se trataba solo de advertencias vacías, sino de amagos directos. Por primera vez, dice, sintió miedo real.

LOS AMAGOS

 

El 26 de enero pasado recibió tres mensajes intimidatorios. Dos llegaron desde la cuenta personal del empresario Daniel Partida, socio del proyecto turístico Punta Nama, que se pretende desarrollar en Playa Brujas, Mazatlán. El tercero llegó desde la cuenta oficial del propio proyecto e incluía fotografías de su vivienda, una señal clara de vigilancia.

En los mensajes le exigieron bajar la información publicada sobre el proyecto, actualmente suspendido por el Ayuntamiento de Mazatlán tras detectar irregularidades en los permisos. Le advirtieron que la demandarían penalmente, que conocían a sus jefes y que el conflicto podía escalar. Uno de los mensajes concluía con una frase corta: “Tú decides”.

“Pone en mis manos resolver algo que definitivamente no pedí, pero que dependía de eso dependía mi seguridad…”, dijo Sheila Arias durante una manifestación organizada por periodistas para visibilizar su caso y exigir garantías para el ejercicio de la libertad de expresión.

Ahí, frente a colegas, la voz se le traba.

El 29 de enero interpuso una denuncia por amenazas vinculadas con la labor periodística contra quien resulte responsable, ante la Fiscalía General del Estado, buscando que el caso no quede en la impunidad y que las amenazas sean investigadas a fondo.

LA SIMULACIÓN

 

Tras la denuncia, el Instituto de Protección a Personas Defensoras de Derechos Humanos y Periodistas de Sinaloa gestionó medidas de seguridad para la comunicadora, las cuales le fueron asignadas. Sin embargo, la periodista denunció públicamente irregularidades en la aplicación de dichas medidas.

Arias reveló que agentes estatales encargados de su vigilancia le pidieron firmar por adelantado bitácoras de rondines de seguridad, una práctica que, dijo, abre la puerta a la simulación de su protección.

Así lo explicó:

“Hubo un detalle: policías que hacen rondines bitacorados me pidieron firmar todas las bitácoras por adelantado… bitácoras por adelantado por 30 días. Desde que sucedió esto han pasado muy pocas veces (por su casa). Esto hace que al ellos tener unas bitácoras por adelantado puedan simular mi protección. No sé si es una práctica común, pero sí sé que es una práctica que no debería estar ocurriendo”.

Luego de reunirse con el vicefiscal Isaac Aguayo Roacho y exponer esta irregularidad, la periodista detalló que la autoridad reconoció la falla.

“No debió pasar. Y justo eso van a resolver de inmediato”.

Pese a todo, Sheila Arias dijo que mantiene su confianza en las instituciones, al considerar que son las únicas con la facultad legal y los recursos necesarios para investigar las amenazas y sancionar a los responsables.

¿Yo en quién más puedo confiar que no sea en ellos? Lo hago público porque no los estoy desestimando, no estoy ninguneando su trabajo sino les estoy confiando porque son la única instancia que puede y lo tiene que hacer… En este momento está en cancha de la Fiscalía Especializada en este caso”.

MEDIDAS QUE NO ALCANZAN

 

Sheila Arias confirmó que actualmente cuenta con medidas de protección, aunque reconoce que no son suficientes para devolverle la tranquilidad. La sensación de vulnerabilidad persiste, incluso con los protocolos activados.

“No alcanzarán una medida… Ninguna medida hará que yo me sienta segura o que vuelva a tener seguridad”.

Aun así, afirma que seguirá haciendo lo que le corresponde como ciudadana y como periodista, con una vida encarrilada en el periodismo y el activismo social, convencida de que guardar silencio no es una opción.

En sus últimas palabras, deja claro que el temor no se ha ido del todo.

“Estamos haciendo lo que nos corresponde. Hablar con la autoridad, hacerle del conocimiento. Y en caso de que algo ocurra, esperemos que no, saber que todo quedó registrado e hicimos lo que a nosotros nos correspondía”.

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