M.C. María del Refugio Manjarrez Montero
Vicepresidente del Colegio de Economistas del Estado de Sinaloa.

La pobreza laboral en Sinaloa cerró el cuarto trimestre de 2025 en 24.5 %, una reducción de 2.8 puntos porcentuales respecto al mismo periodo de 2024, cuando se ubicaba en 27.3 %. El dato, difundido por el INEGI, parece confirmar una mejora en la capacidad de los hogares para cubrir el costo de la canasta alimentaria. Sin embargo, en un entorno nacional atravesado por una crisis persistente de violencia y en un estado donde la incertidumbre impacta la actividad productiva, conviene analizar si el descenso representa un cambio estructural o simplemente un alivio coyuntural.

La pobreza laboral es un indicador de corto plazo que mide el porcentaje de la población cuyo ingreso laboral per cápita es inferior al valor monetario de la canasta alimentaria. No evalúa carencias en salud, educación o vivienda; tampoco refleja la calidad del empleo. Mide, con precisión técnica, pero alcance limitado, si el salario alcanza para comer. Por ello, la reducción observada no implica que la pobreza multidimensional haya cedido, sino que el ingreso laboral promedio logró colocarse por encima del umbral mínimo.

De acuerdo con el INEGI, este pasó de 2, 936.08 pesos en el primer trimestre de 2016 a 3, 843.72 pesos en el cuarto trimestre de 2025. Tan solo entre el cuarto trimestre de 2024 y el mismo periodo de 2025 el aumento fue de 3.7 %, equivalente a 135.65 pesos adicionales por persona, lo que significa un avance tangible, pero estrecho. Sin embargo, cuando la línea que separa la suficiencia alimentaria de la precariedad se mide en un poco mas de 100 pesos, cualquier externalidad puede revertir el resultado.

Por otra parte, el análisis sectorial revela una economía que avanza con asimetrías. Seis de once sectores registraron disminuciones en el ingreso laboral promedio entre el cuarto trimestre de 2024 y el de 2025.  Al analizar la construcción encabezó las caídas con una reducción de 4.6 %, equivalente a 474.35 pesos menos. Sin embargo, la industria extractiva y de la electricidad mostró el mayor incremento, con 30.9 %. El estudio, revela que mientras algunos sectores altamente especializados crecen, los sectores intensivos en empleó presentan retrocesos, como consecuencia de la inseguridad que encarece operaciones y retrasa proyectos, esta disparidad puede ampliarse.

Por su parte, la masa salarial real también aumentó 4.3 % entre el cuarto trimestre de 2024 y el de 2025, al pasar de 10,277.99 a 10,721.78 millones de pesos; lo que sugiere un mayor dinamismo económico, pero no importa como se distribuye el ingreso, ni si el crecimiento beneficia proporcionalmente a sus trabajadores con salarios menores.

En ese mismo sentido, si comparamos a nivel nacional, Sinaloa registra una pobreza laboral inferior al promedio del país (24.5% frente a 32.3%). A pesar que la diferencia es significativa, y coloca al estado en una posición mejor relativamente; el Estado enfrenta el desafío no es solo estar por debajo del promedio, sino consolidar un mercado laboral capaz de resistir la volatilidad económica e impactos derivados de la violencia, crisis hídricas, entre otros.

La reducción de la pobreza laboral es una señal positiva, pero no definitiva. Su sostenibilidad dependerá de la estabilidad del empleo, de la capacidad de los sectores más vulnerables para recuperarse y de un entorno que garantice certidumbre productiva (entre ellos la inseguridad). De lo contrario, el avance puede convertirse en un episodio transitorio dentro de una estructura todavía frágil.