El operativo de la Marina Armada que se realizó desde la madrugada a casi el mediodía del jueves 19 de marzo en la zonas de El Salado y Quilá, municipio de Culiacán, contribuye a recalcar el sentimiento de desprotección en los sinaloenses por la insuficiente información que le prosigue a estas acciones de alto impacto que surgen en la etapa en que se establecía la incipiente percepción de construcción de paz.

La espectacular operación tierra-aire mostró demasiada fuerza pública y táctica antinarco en contraste con el resultado que es la detención de un supuesto generador de violencia de importancia intermedia en el Cártel de Sinaloa, la retención y posterior liberación de una hija de Ismael “El Mayo” Zambada y luego el saldo de presuntos sicarios anulados.

Precisamente porque el Gobierno dejó correr la cobertura orgánica de los hechos en que la Marina abatió a once personas en el poblado Valle Escondido y de la numerosa intervención militar en la comunidad El Álamo, la especulación dominó en refuerzo del ambiente de confusión que representa el combustible para el miedo y el pesimismo respecto a la conclusión del conflicto interno en el CDS.

Además coadyuvó a la confusión el hecho de que el Secretario de Seguridad y Protección Ciudadana del gobierno federal, Omar García Harfuch, se había reunido horas antes en Washington con Terrance Cole, director de la Drug Enforcement Administration y Kash Patel, director del Federal Bureau of Investigation, ambas instituciones de Estados Unidos.

Las acciones militares contra el crimen organizado requieren antes y durante la implementación de la indispensable secrecía, sin embargo, un a vez concretadas a los sinaloenses le resulta imprescindible la información oficial para actuar en consecuencia de peligros o seguridades. En el cálculo militar sobre los operativos en las sindicaturas de El Salado y Quilá debió considerarse la repercusión en la población pacífica que en la víspera empezaba a estructurar el posible cese de la narcoguerra.