La negligencia de las autoridades de salud pública en Sonora, al no detectar a tiempo a médicos y charlatanerías que fuera de los estándares clínicos ofrecen tratamientos y diagnósticos milagrosos que transmutan a muertes, debe ser el llamado de alerta en todo México, pero sobre todo el exhorto a instituciones y servidores públicos que por acción u omisión adquieren la condición de cómplices.

En cualquier región del país funcionan esos hoyos negros de la salud que son detectados hasta que se traducen en pérdida de vidas humanas, como es el caso del vecino estado del norte donde hasta ayer registraba el deceso de ocho personas en un solo “consultorio” en el cual fueron aseguradas 216 soluciones salinas de las cuales 178 se encontraban preparadas para ser aplicadas.

Las malas prácticas médicas abundan a la vista de todos debido a la nula supervisión del gobierno o la corrupción que convierte a la inspección en encubrimiento de peligros que simplemente en redes sociales son ofertados como solución prodigiosa a enfermedades, estragos de la edad o potenciadores de energías humanas, no obstante que desencadenan desenlaces fatídicos.

Derivado del deplorable caso de Sonora, los Servicios de Salud de Sinaloa proceden a alertar a la población sobre estas sustancias y métodos irregulares que aquí también ofrecen particulares y establecimientos sin alguna regulación que garantice cero riesgos a quienes optan por apostarle a la automedicación a pesar de que existe un sistema médico confiable y competente.

La mala experiencia sonorense se traduce en aviso a tiempo para que el aparato de salud pública de Sinaloa refuerce la vigilancia sobre los ofertantes de fórmulas maravillosas que no son otra cosa que trampas letales. Qué lamentable resultaría que después de los daños trágicos evidenciados en los días recientes, aquí se  agregaran fallecimientos por “sueros vitaminados” o medicinas fabulosas de consecuencias mortíferas.