Mazatlán, Sinaloa.- A Dagoberto Tejeda y Cuauhtémoc Peña los detuvieron “los Harfuch” en Mazatlán. Era la medianoche del pasado 29 de marzo.
Ambos viajaban en un auto Hyundai propiedad de Cuauhtémoc. Civiles armados les hicieron el alto sobre la glorieta del hotel Riu, en la zona de Cerritos. Minutos después arriban los agentes de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana (SSPC).
De acuerdo con Leslie Magaña, esposa de Dagoberto, la detención se prolongó por alrededor de 40 minutos. Acusó que nunca les explicaron el motivo. Ella tardó 18 horas en verlo y los abogados 38.
Estaban acusados, junto a un amigo que iban con ellos, de posesión de cargadores y cristal. Desde entonces Leslie, madre una bebé de 2 meses, dedica su tiempo a tratar de entender leyes, términos jurídicos y procesos penales que antes le eran ajenos.
“Mucha gente me dice: estaban en el lugar incorrecto. No hay un lugar correcto para que te hagan lo que les hicieron. No hay un lugar correcto para que te siembren lo que les sembraron a ellos. No hay un lugar correcto para que se cometan este tipo de injusticias. No hay manera. Dime ¿con qué cara le voy a creer a un gobierno, a un sistema que hace este tipo de cosas? No hay manera.
Desde esa noche la vida cotidiana (la escuela, los entrenamientos, la bebé), quedó suspendida en un expediente judicial.
DRAGONES Y MURALLA

Foto: Cortesía Academia Dragones
Detrás de los nombres hay historias que hasta entonces transcurrían entre canchas y salones de clase. Dagoberto Tejeda, de 31 años, es maestro en primarias y preescolares, con maestría en Educación Física y estudios de doctorado en curso. Hace una década fundó la academia Dragones, donde entrena a unos 200 niños.
Cuauhtémoc Peña, de 36, también construyó su vida en el deporte: trabajó en fuerzas básicas de Mazatlán FC y creó la academia Muralla, también con 200 niños en sus filas. En redes sociales, la comunidad que formaron se volcó en su defensa bajo la etiqueta #ProfeYoCreoEnTi.
“Nosotros no estamos pidiendo ningún favor. Ellos no hicieron nada malo. Solo queremos que hagan las cosas bien, que piensen que son familias que están dañando. Por qué, no sabemos por qué. Ellos son inocentes”, dice Patricia Pérez, madre de Cuauhtémoc Peña.
EL CARRO DE CIBELES
El expediente, de 683 páginas, dedica apenas 20 a la detención. Para Leslie, ahí comienzan las dudas. Y con un carro rodando por el fraccionamiento Cibeles. “No hay ni una sola foto en el lugar de los hechos”, afirma. La versión oficial los vincula con un cateo realizado ese mismo día en el fraccionamiento Cibeles, donde, según agentes, se observó un vehículo con características similares.
“Son dos hechos diferentes, pero los vinculan porque durante el cateo en el domicilio de Cibeles dicen que se vio pasar un vehículo con las placas y las características del carro del profe Temo. A las 11 de la noche, justo a esa hora ellos circulan por la avenida del Mar a la altura del Muchacho Alegre. Solo es el dicho de los policías, no hay un reporte oficial”.
Ella sostiene que a esa hora su esposo envió una fotografía a un grupo de WhatsApp que marcaría otra ubicación: el tablero del auto señalaba las 23 horas.
La vinculación a proceso marcó un quiebre definitivo en su percepción de la justicia. La esperanza inicial, dice, se diluyó frente a lo que considera inconsistencias.
YA NO CONFÍO
“Yo ya no confío. Se publican notas que detienen A personas y yo ya no sé si es verdad o mentira. Para mí todo lo que me digan es mentira porque a mí me pasó… Y el mundo de casos que te enteras cuando estás en una situación como esta. Toda la gente que se acerca a decirte: ‘me pasó igual, yo estoy viviendo lo mismo’. Somos muchos casos. Quizás uno les pueda resultar bueno”, dice Leslie Magaña.
Ante un sistema tan corrompido, añade y se pausa, antes de la vinculación a proceso teníamos mucha fe, confianza en que iban a salir. Tan solo por cómo está armada la carpeta, con todas las inconsistencias. Y el juez decidió que no, los vinculó a proceso por la mínima probabilidad de que el hecho hubiera podido ocurrir. Y está basado en puros dichos, no tienen prueba fehaciente, pero por la mínima probabilidad se quedaron.
Patricia Pérez comparte esa indignación:
“No se tientan el corazón para dañar a una familia. Hacerlo así, por presentar trabajo. Les vale la vida de las personas, solo por presentar trabajo. Así operan. Y supuestamente que ellos nos cuidan a nosotros”.
LLAMADAS DESDE EL PENAL
Desde el penal de Guasave, la comunicación es escasa. Una llamada a la semana, diez minutos, a cualquier hora. Si no se contesta, se pierde. No hay imagen, solo voz.
“Sí están afectados anímicamente, pero se mantienen fuertes, cómo no sé. Ya están desesperados, decepcionados del sistema. Son personas que han trabajado desde siempre. Lo poco o mucho que tienen es con base al trabajo. Que investiguen sus cuentas. Son personas de bien, siempre han trabajado. Eso a ellos (autoridades) no les importa. Yo quisiera saber, cuando ellos salgan, si las personas que mintieron de esta manera qué va a pasar con ellas. ¿Van a pagar por lo que hicieron?”
Leslie dice que exigen que salgan como lo que son: personas limpias e inocentes. Pero sobre todo que salgan a tiempo, que la autoridad no se lleve años en un juicio. “Que es de lo que tenemos miedo”.
“Los abogados fueron el otro día y en el penal de Guasave no los dejaron pasar porque no encontraron un formato. Llegaron a las 9 de la mañana y hasta las 5 de la tarde encontraron el formato, pero ‘una disculpa, ya es tarde, ya no puedes pasar’”.
Las familias interpusieron una queja ante la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH). Exigen revisar la legal detención, la cadena de custodia, que se lleve el debido proceso y el traslado al penal de Mazatlán para garantizar una defensa oportuna.

Foto: Cortesía Academia Dragones
LOS QUIERO MUCHO
En medio de todo, queda la voz que intenta sostener el vínculo con quienes lo esperan afuera. Un audio grabado desde prisión circula entre los niños de la academia Dragones:
“Mis niños de la academia Dragones gracias por tanto apoyo, gracias por creer en mí. Créanme que pronto estaré con ustedes haciendo lo que más gusta: entrenar y estar en los partidos apoyándolos. Necesito mucho de ustedes. Quiero que sepan que los quiero mucho y los llevo en el corazón. Pronto estaremos juntos…”.
El caso avanza rumbo a una audiencia en julio. Las familias insisten en la inocencia de ambos entrenadores. Temen un juicio que se lleve años. Es un expediente. Hay audios. Llamadas. Consignas en redes. Es la historia del profe Dago y el profe Temo.
Entre papeles oficiales y versiones encontradas, lo único que permanece intacto es la espera. Una espera larga, pesada, que se cuenta en silencios, en incertidumbre y en la necesidad urgente de que, más allá de cualquier resolución, la verdad termine por abrirse paso. El hilo rueda fuera de la cancha, en un terreno donde, aseguran, todavía no encuentran reglas claras.

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