En Concordia no hay trabajo desde el 22 de febrero, cuando un grupo armado secuestró a 10 trabajadores mineros, los asesinó y enterró en fosas clandestinas en un pueblo llamado El Verde. Ya desde antes de esa fecha Concordia se había colocado como un polvorín, con balaceras a deshoras y desplazamientos masivos en casi todos sus pueblos. Es algo que no ha cambiado, sino que está avanzando, ahora reclutando jóvenes de la serranía.

“Aquí tenemos que se lleven a más muchachos”, dice uno de los pobladores a ESPEJO, pidiendo anonimato por temor a represalias.

“Apenas el sábado pasado hubo una balacera que no paraba. Yo me llevé a mi muchacho al monte, allá para el cerro, para que no se lo llevaran ni a él ni a mí”, agrega mientras da un dato del que solo hay registro entre los pobladores: “Hace unos días se llevaron a siete jóvenes de varios pueblos para que trabajen para ellos”.

Concordia vive bajo asecho desde que inició el conflicto armado al interior del cartel de Sinaloa, en el que dos grupos identificados como “La Chapiza” y “La Mayiza” pelean el territorio como si les fuera propio.

En los últimos 15 días se han registrado balaceras por la carretera libre desde Concordia hasta Potrerillos, concentrándose en Copala y La Guayanera.

“Son todos sobre la carretera libre”, dice otro de los pobladores a ESPEJO. “Son los Chapitos que quieren recuperar lo que les quitaron los Mayos”, señala.

El sonido de las balas ha hecho que los hombres salgan corriendo para esconderse por horas, algunos hasta por días entre cuevas para no ser “cazados” por el crimen.

Una crisis en Concordia que parece invisible

 

La crisis en Concordia solo ha sido vista en dos ocasiones por las autoridades. La primera al inicio de la “guerra”, cuando grupos criminales incendiaron tráileres y camionetas para bloquear y crear enfrentamientos sobre la carretera Mazatlán-Durango. Aún es visible los rastros sobre el pavimento, son al menos 60 lugares con esas cicatrices que no pasan desapercibidas por nadie.

La segunda vez que se volteó a Concordia fue tras la desaparición de los 10 trabajadores mineros de la empresa VIZSLA Silver Corp. Al menos nueve de ellos han sido identificados  tras haber sido exhumado de fosas clandestinas en El Verde, un pueblo a 40 kilómetros de Mazatlán. Ese evento ocurrió a principios de 2026. Luego, ya no ha sido el foco principal, aunque la violencia siempre ha estado ahí.

Hay pueblos que se vaciaron, como Copala y El Palmito, otros que apenas sobreviven como Santa Lucía, Chirimoyos, Potrerillos y La Petaca, porque han sido epicentros de ataques con drones con los que se ha dejado caer bombas y provocado incendios.

La crisis no para ahí, hay un problema de desempleo importante. La gente de los pueblos de Concordia vive de los aserraderos que hoy están incendiados, de la venta de pan en las paradas carreteras y para los que trabajan en minas, y esta última actividad está parada, porque las empresas se encuentran paralizadas de miedo y no hay forma de reactivarlas hasta que haya seguridad.

“Son hasta 150 familias que se quedaron sin trabajo en Santa Lucía, Chirimoyos, Potrerillos y La Petaca”, dice uno de los pobladores con los que ESPEJO ha podido hablar.

“Hay mujeres que preguntan si es posible conseguir un camión para ir hacia Mazatlán a trabajar en el campo o en la construcción, pero no hay ningún transportista que se anime a ir por ellas, porque hace unos meses desaparecieron a dos hombres que se animaron a agarrar sus camionetas y transportar víveres”.

La gente en Concordia está sobreviviendo con lo poco que pueden sembrar y con despensas que son llevadas por colectivos feministas que se han organizado en Mazatlán y Culiacán. Son ayudas humanitarias que se anuncian públicamente, pero no son vistas únicamente por las autoridades locales que desde hace más de un año no se paran para atender el hambre y la soledad.

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