Por Alexandra Figueroa y Marcos Vizcarra
“Yo soy de una familia de pescadores, desde mi niñez mis abuelas ya se dedicaban a esto. Soy esposa también de un pescador: soy una orgullosa pata salada”, dice Yanett Castro, una mujer que nació en Altata, un pueblo pesquero ubicado en el centro de Sinaloa.
Hace 30 años, dice, este lugar era un paraíso para los pescadores, quienes podían extraer toneladas de uno de los productos más codiciados de la región, la almeja chocolata. Pero eso terminó por la sobreexplotación y la falta de conciencia social.
Yanett cree que ese es uno de los motivos más importantes por el que su pueblo sigue siendo una región sumida en la pobreza, por ello que se fijó una misión, la de tratar de rescatar el mar, pero hacerlo bajo una mirada con una estrategia de cuidado, así fue que formó la primera cooperativa pesquera en Sinaloa integrada exclusivamente por mujeres: Las Almejeras de Santa Cruz.
Ahora cuenta cómo es con Las Almejeras trata de salvar el mar, su territorio, su pueblo y su comunidad:
Soy una recolectora de almejas, una mujer de la pesca y trabajadora del mar igual que muchas mujeres de la pesca en Sinaloa y en México. Tengo 48 años y soy parte de la pesca desde que tengo concepción, desde que entiendo la vida. A los 8 años ya acompañaba a mi papá. Yo salí a pescar igual que toda mi familia, lo hicieron también mis hermanas y mis hermanos. Siempre digo que el sector pesca es familia, que cada uno de nosotros hacemos algo para que éste se desarrolle.
Y sin embargo en estos tiempos se dice que las mujeres apenas estamos tomando espacio. Algo así, porque en la realidad es que siempre hemos estado, pero nunca hemos sido visibles y esa es una gran diferencia, porque siempre hemos estado participando y el hecho de que hoy tengamos voz que se escuche ha sido gracias a un trabajo que estamos realizando. Es un aprendizaje también, porque ni yo misma me reconocía como parte del sector.
Trabajó aquí en nuestro sistema lagunar desde 2011, cuando EDF de México (Fondo de Defensa Ambiental, organización civil no gubernamental) me enseñó sobre las directrices de ser voluntaria y la palabra igualdad de género en el mar. Desde entonces tomé la batuta de esta lucha para las mujeres de la pesca y es por eso que hoy estamos teniendo voz y ganando espacios.
Antes de todo esto era compañera de pesca de mi esposo, de mi papá, iba a las almejas, iba al pescado, trabajaba también en restaurantes, cocinaba pescado y mariscos, limpiaba las casas de los turistas. Ese es el común de una mujer común, común de una comunidad pesquera.
A medida que es que hacían recursos tal vez en el mar, nos hemos tenido que enfocar en hacer otras actividades, sumarle actividades a nuestro trabajo aparte de ser amas de casa, esposas, hijas, cuidar a enfermos, a nuestros hijos. Estar en la educación, en lavar, planchar y hacer todo, todavía le sumamos más actividades a nuestro día a día para que pues nos alcanzara el sustento a la casa, ya que lo que estaban trayendo muchos de nuestros esposos, pues no era suficiente para pagar educación, servicios de salud, por ejemplo.
En el año 2016 empezó un programa de empoderamiento con EDF de México, fue un programa de capacitación durante un año y medio donde conocí de igualdad de género, de directrices voluntarias, de que tenía de que teníamos las mismas oportunidades que los hombres, de gobernanza y muchos otros temas. Nos capacitamos durante un año y medio, y de ahí era cerrar con un proyecto esa capacitación, y fue donde se me ocurrió a mí iniciar y cerrar el proyecto con Almejeras de Santa Cruz, que fue el buscar a las mujeres de mi comunidad, de las más alejadas y recibir las noticias de que no querían, porque decían que no era cierto, que no podíamos nosotros ser una cooperativa, que no podíamos tener esto, porque nunca se había visto a lo que las estaba invitando. Y yo me sentí un poco triste porque yo ¿Bueno, por qué no?
Busqué otras más que a lo mejor no eran tan almejeras, pero que sí creyeron en que podíamos hacer algo diferente. Así conocí a otras señoras que sabía que se dedicaban a la recolección de almejas y que venían a vender acá a Altata. Una de ellas venía repartiendo almejas a los restaurantes en pleno agosto, con un calorón, atrás de en una camioneta, toda soleada, así se miraba lila Malú y su hermana Alicia, y llegaron aquí en la esquina porque la muchacha vendía. Me acerqué a ella. Yo le dije “¿Oigan no les gustaría formar una cooperativa?” Le dije que tenía mucho tiempo viéndolas y que la verdad se me hace bien injusto que yo sé que llegaban de recolectar almeja y que todavía venían y comercializaban y que todavía no reciben lo justo por este trabajo.
¿Por qué decir que no recibimos lo justo? Porque cuando mi abuela vivía y que fue almejera, le pagaban a 20 centavos un balde de almejas, y en este tiempo todavía cuesta 200 pesos. Entonces, son más de 60 años de historia, donde se seguían las mismas condiciones desiguales.
El pensar en cosas diferentes y el hacer una idea nueva no fue fácil. Fue muy difícil porque empecé con las puras ganas, me explicaron ahí cómo según iba a ser la cosa, pero en realidad ya que te enfrentas a la vida real, pues es mentira, porque ni la autoridad reacciona como debe reaccionar, ni los programas son como deben de funcionar ni mucho menos. La realidad es que nos organizamos y así es como invité a las de Dautillos y formaron las Banas Guerreras del Mar, invité a otras mujeres de Aguamitas que forman las Lobas del Manglar, que en realidad para mí somos Almejeras de este de Santa Cruz las tres cooperativas, que son alrededor de 31 familias, porque empezamos dando un paso yo, y otro dándolo ellas.
Yo con las puras ganas y ellas siguiendo a mí, no. Es como iniciamos una historia muy bonita, que hoy nos tiene en una posición muy diferente, porque algo de lo que me siento bien orgullosa, y también lo digo mucho, porque como que no fue tan bien aceptado, primero por los propios hombres porque sintieron que veníamos a quitarle algo que siempre había sido de ellos, y esto fue un reto que nos puso bastantes piedras en el camino, porque no teníamos recursos y me acuerdo que tuvimos que postular por Conanp (Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas), porque sacar una acta constitutiva cuesta muy caro. Nos postulamos con Conanp y nos autorizaron trabajar 25 días de un mes y nos pararon jornales a todas las compañeras y a mí de mi cooperativa, pero ese dinero lo usamos para pagar nuestra primera acta constitutiva, pero resulta que no solamente es el acta son un montón de cosas y cada vez que hemos hecho algo ha sido a base de puro esfuerzo y trabajo entre nosotras. Hemos hecho rifas, hemos hecho tamales y también hemos convencido mucha gente que ha que nos ha brindado la mano y no a lo mejor económicamente, pero sí en conocimiento y yo creo que eso es lo más importante, porque como lo dije, no sabemos cómo.
También descubrí junto a mis compañeras el organizarnos para solicitar permisos desde el 2017 y hacer que nuestros permisos de pesca llegaran hasta el 2019, siendo que las reglas dicen que a los seis meses debe haber una contestación para nosotros, pero no, porque hubo grupos de hombres que fueron y dijeron con la Comisión Nacional de Pesca (Conapesca) que no querían que nos dieran nada a nosotros.
Ese era el parteaguas de iniciar una cosa diferente, porque yo me enfoqué a preguntarle a los propios hombres que habían sido cooperativas o que ya estaban organizados y hasta un tiempo muy largo, después de tres años, nos dimos cuenta que en realidad ellos tampoco sabían. Hay mucho desconocimiento en el sector porque porque en el sector llega a un pescador a ser directivo, pero ya hay un administrador que se encarga de todo eso, ellos no hacen eso, pues ya traen la historia de las cooperativas generacionalmente y ya el contador o lo que tienen ya les dice que sigue. Si ellos les dicen que es verde, pues ellos creen que es verde, si les dicen que es azul, pues es azul, y en realidad es que muchos de ellos desconocen y de primera mano nos tenían como “ah, les vienen a quitar lo que siempre ha sido de ellos”, que veníamos a pelear y pues no.
Esto no fue tan fácil y para entender que si quería hacer algo bien yo, por el bienestar de nosotros, de sus propias mujeres, porque al final de cuentas esos hombres de las cooperativas son los esposos, hermanos, papás de estas mujeres y cómo era que nos estaban poniendo el pie y llegar al límite de hasta que pidieron mi cabeza, o sea, yo no le podía creer, pero en realidad sí, fue algo que me me pegó y me impactó. No lo podía creer, o sea, se me hacía imposible, pero le tuve que dar vuelta a esto, como dicen, que en de entre lo malo hay que sacar lo bueno y aprender, porque no toda la gente pensamos igual, que no a todo mundo le iba a gustar, pero que la decisión que habíamos tomado no dependía de ellos, pero sí de nosotras, y que si nosotras queríamos lograrlo, tenemos que aprender cómo y así es como llegamos. Aprendimos y nos equivocamos un montón de veces, y a lo mejor gastando todo ese dinero que nos costó un montón de esfuerzo juntar fue malgastado, pero aprendimos.
Al final no es que ellos nos dieron un lugar, nosotras nos lo estamos dando, nosotras lo estamos ganando. A lo mejor anteriormente, en una reunión que tuvimos en el 2020, nos juntamos las tres cooperativas y nos dedicamos las tres cooperativas, todas las mujeres a echar la culpa, decíamos que por culpa de los hombres no avanzamos. Yo les pregunté “¿De veras, no avanzamos por culpa de ellos?, o sea, nos sirvió a nosotras mismas para analizar.
Yo creo que que hemos crecido tanto que ya nos hemos dado cuenta que no, que lo que estamos haciendo no depende de ellos, depende de nosotras, de a medida que vamos aprendiendo y nos vamos capacitando y nos vamos fortaleciendo entre nosotras, porque entre nosotras mismas, así como entre los propios hombres, también hay conflictos.
Aquí todas las mujeres tenemos que aprender de todo. Algo que recuerdo es que cuando la pandemia (de Covid-19) conocimos a una mujer activista en Bahía de Quino (Sonora) que, al igual que yo, se movía y representaba al grupo, pero resulta que falleció con el Covid y se vino atrás todo el trabajo que habían hecho las mujeres allá, tanto que ni siquiera han retomado el trabajo. Ellas ya tenían restaurantes, tenían cooperativa, ya estaban repoblando, almeja, pero nadie ha vuelto a tomar las riendas. Eso habla de que sí tenemos como esa costumbre de dejar el futuro en manos de otras personas y yo creo que es algo que yo no estoy dispuesta a hacer y es por eso que trato siempre cuando se me invita a capacitaciones, a representar, siempre impulso a mis compañeras a que también lo hagan, que vayan a hacerlo, a conocer a más personas. A mí me tienen catalogada como una de las voces más fuertes hablando de la pesca.
Eso es algo que a mí me enorgullece mucho porque no es común, como dicen los señores, estar en muchos foros, donde la mayoría son hombres, que una mujer esté hablando también de la pesca y que sepa de sus programas, cuando antes se decía que no existíamos. Siempre les digo “pues no es que no existamos, es que no nos dejan visibilizarnos”.
Empezar esto fue algo muy raro, decía yo, porque precisamente cada tanto tiempo nos reunimos las compañeras y hablábamos de había que hacer la cooperativa, que había que buscar las mismas oportunidades, pero cuando llegaron las oportunidades, porque esto requirió desde tener permisos, de tener equipos de pesca que nunca se habían tenido y resultó que cuando ya teníamos los equipos de pesca,las mujeres no querían trabajar, que solamente querían los programas sociales que da el gobierno, que solamente querían lo mismo que los hombres. Yo pensé “entonces estoy creando una fórmula que nadie quiere”, que a lo mejor yo estaba equivocada. Me puse a pensar qué es lo que realmente querían y fue también redireccionar en que no todas las mujeres tienen la misma oportunidad de capacitarse y de reconocerse como parte del sector, por eso es que a medida de que fui como necesitando más información busqué organizaciones. Por ejemplo, en ese momento era Cobi (Comunidad y Biodiversidad, A.C.), que manejaba más el tema de igualdad de género, comunidad y biodiversidad, y en el 2019 tuvimos un encuentro en Mérida, donde ellos me invitaron, con un grupo de mujeres chilenas, que ya se habían formado una red en Chile de mujeres de la pesca. De ahí nos dejaron la espinita, nos enseñaron qué es lo que hacían ellas como red, qué estaban trabajando y de ahí quedó la espinita para mí y otro grupo de mujeres.Ahorita te puedo decir que ahorita que ya tenemos formalmente una Asociación Civil que se llama “Marea Sostenible”, que es la Red de Mujeres en la Pesca en México, donde yo soy la presidenta, precisamente para trabajar, no solamente a nivel local, sino a nivel nacional, en buscar que esas mujeres, que son tan valiosas del sector, se reconozcan a sí mismas como parte del sector y en su momento pueden tener las mismas oportunidades que he tenido de aprender, de reconocerse, que si quieren emprender que lo hagan, que si quieren hacer que hagan y si no quieren también, porque se vale, porque a lo mejor ellas están muy cómodas en su casa, dedicándose al cuidado. Les digo a las compañeras que si ellas están cómodas así, está bien, pero si no, que tengan la la opción o la oportunidad de hacer algo nuevo y algo diferente con su vida, porque tenemos que entender y ser respetuosas, porque así como hay hombres que no están de acuerdo en otros hombres que tengan más voz, así hay mujeres. Por ejemplo, a mí se me ha criticado, como cuando me dieron un premio por el Congreso de Sinaloa sobre Mujer Rural sinaloense, porque hubo mujeres que preguntaban por qué, decían que no era la mejor almejera y yo sé que no, pero es por eso que les digo que con eso ganamos todas. Nunca se me ha reconocido que soy la más almejera, porque no lo soy, pero por el momento soy la mujer más preparada para hablar por la pesca y sus mujeres, y a lo mejor no solamente sus mujeres, sino también por muchos hombres, pero a medida que ella se esfuercen y se capaciten como lo he hecho yo pueden ser mucho mejor que yo, porque siempre se debe tener la humildad de reconocer que no lo sabes todo y que hay muchas personas que pueden hacer las cosas mucho mejor que tú, pero al momento pero por el momento me toca a mí.
Yo creo que hay un trabajo muy profundo que hay que hacer con nuestras propias compañeras, porque yo siempre creo que en equipo podemos lograr muchas más cosas. Puede haber mujeres muy buenas para sacar almejas, otras para sacar ostión, otras para sacar camarón, otras para filetear, otras para empacar, pero hay otras buenas para hablar o para abrir puertas, como lo he hecho yo y como me ha tocado en esta ocasión, pero no mi capacidad no es más que las de ellas ni las de ellas es más que la mía, sino que somos equipo.
Yo creo que aquí estamos para crear esa sororidad, que yo hasta soy en contra de esa palabra porque digo “ah, bueno, para entendernos entre mujeres y apoyarnos entre mujeres tenemos que crear en una palabra diferente”, no deberíamos estar creando más desigualdad, pero yo así lo miro, no entiendo mucho esa ese concepto tal vez. Lo que sí entiendo es que sí necesitamos ser más solidarias entre nosotras y echarnos más la mano, porque al final de cuentas yo me miro igual que mis demás compañeras.
Yo, por ejemplo, creo que le estoy haciendo honor a mi abuela, quien vivió en pobreza a pesar de dedicarse a lo de la almeja cuando era un tiempo que había mucha abundancia, pero que cargaba con un problema, el alcoholismo de mi abuelo. Para él con una tortilla comían cuatro, o sea, había mucho producto y había mucho qué pescar, pero prefería pagar su alcohol. Todo eso trajo violencia de género. Con este trabajo también le estoy haciendo honor a mi mamá, quien se partió la vida con mi papá, le ayudaba a descabezar camarón, le preparaba lonche y siempre traía sustento a la casa, aunque fuera poco. Ella nos enseñó que la proteína que mejor puede nutrir al ser humano está en el mar y es la que menos contamina para que llegue a la mesa de un consumidor, que por eso hay que voltear a ver al sector como un aliado a la sostenibilidad y no a seguir viviendo como los obreros del mar, porque vivir de la pesca dignamente sí se puede, pero tenemos que crear ese esos programas de trazabilidad y de gobernanza que nos ayuden a lograrlo, donde todos estemos tomados en cuenta, sus hombres, sus mujeres, sus jóvenes.
Yo soy el reflejo de muchas mujeres en la comunidad. Yo miro cómo grandes mujeres de aquí han estado toda su vida trabajando en un restaurante, pasan hasta ocho nueve horas paradas, a lo mejor otras mujeres descabezado camarón, otras fileteando, otras sacando culpa de jaiba y sin embargo tienen que llegar a su casa a lavar, a ayudarle al plebe con la tarea, a batallar al marido y nos hemos nos hemos enjuagado en ese en ese en ese ritmo de vida que hoy lo vemos tan común, porque las paletas de las mujeres del mar están muy cansadas, pero los hacemos tan a manera cotidiana, que la gente ni sabe que hay una gran diferencia con actividades que se desarrollan en otras en otras partes, en otras actividades económicas que representan mucho dinero, en otras actividades y que se le regresa bienestar a su gente, pero a nosotras no, hemos estado en la invisibilidad y con pocas oportunidades de que se nos regrese un poco de bienestar. Al contrario, hoy estamos a cuestas todavía con la sostenibilidad pesquera, porque no sabíamos nada y me emociona decirlo, porque me siento muy orgullosa de lo que estoy haciendo, porque he cambiado la vida mía y sé que soy un gran ejemplo para mis hijas y sobre todo para mi hijo también de igualdad, de equidad y sobre todo porque vengo de ser hija de un hombre que me enseñó a hacer todo lo que sé. Con mi papá fue quien me enseñó de pesca y ya después me tocó con mi esposo, y fue un hombre que siempre me respetó, que nunca me trató mal, que siempre me puso primero antes que todo en su vida, nunca me golpeó, nunca fue grosero, siempre tuvimos respeto como mujeres, por eso es que yo también a lo mejor consigo lo que me propongo en la pesca, porque él nunca me dijo “esto no lo hagas porque esto es de hombres.
Yo creo también que tiene que ver mucho con mi personalidad y con lo que hago hoy. Cuando me dicen “no, es que los hombres…” yo le digo que no, que no venimos a pelear con los hombres, venimos a pelear con nosotras mismas con las limitaciones que nos hemos puesto al decir que no podemos lograr las cosas, porque yo creo que lo que va a cambiar nuestro modo de vida no va a ser la política ni va a ser el dinero que tengamos para lograrlo, sino la voluntad que pongamos cada quien para hacerlo.
Sé que no puedo cambiar el mundo yo sola, pero como le digo a las organizaciones, que cómo me invitan solo a mí, porque solamente es más chamba y más chamba. Yo ahorita tengo lo de Marea Sostenible y también tengo una página llamada “Trazando el rumbo a la pesca”, en donde creo que es como la única fórmula de que el sector pueda salir adelante y que se atiendan los programas sociales económicos y en el océano, pero mayormente los pescadores a nivel nacional no conocen nada de la palabra sustentable y nosotras empezamos esto en una plática entre amigas y lo hicimos en realidad sin saber prender una computadora, sin saber nada de comunicación, sin saber nada. Solamente queríamos hacer la visibilidad del sector y hubo quien lo cachó y tuvimos la oportunidad de hacerlo y hoy ya casi 5 mil seguidores, que en realidad ni sé el significado de tener 5 mil seguidores, nosotras lo hemos hecho solamente porque es un proyecto en el que creemos y porque invitamos a más pescadores a unirse, a hablar en sintonía del sector de esos problemas de la realidad y que no venga de una ONG o del propio gobierno. Yo creo que debemos inspirarnos, porque yo también ocupo inspiración, porque suceden muchas cosas que no me gustan cómo están sucediendo, pero creo que si ya empezamos a tocar puertas, pues hay que tocarlas en donde más nos escuchen y yo creo que es desde los congresos, por eso fue la intención de postular para para la mujer rural, porque queríamos ser escuchadas y queríamos decirle eso a nuestras autoridades, que dejaran de estar escribiendo leyes de papel que no nos estaban sirviendo de nada, que tristemente hay un montón de gente que dedicó su vida a la pesca y que está viviendo en pobreza, enfermos, sin medicamentos y que lo que les dan de pensión no les alcanza ni para pañales. Yo no quiero llegar a eso, yo quiero mejor futuro para mí y para mi familia y para esa gente que ha vivido de la pesca manteniendo un montón de personas, pero que sigamos viviendo la pesca con responsabilidad y sobre todo ganando lo justo.
He aprendido un montón de cosas, pero sobre todo he aprendido que es realidad que la amistad puede más que el dinero, que solamente basta querer hacer las cosas. Yo siempre les digo que yo no tengo nada más que lo que soy, y eso ha sido suficiente. Entonces yo creo que sí se nos da la oportunidad de llegar a créditos para las cooperativas, que podamos transformar, que podamos comercializar, dar trazabilidad, o sea… urge una necesidad de que se voltea a ver al sector pesquero ribereño, en pequeña escala, porque realmente estamos desapareciendo, pero porque ya no es rentable la actividad y es triste arrimarse a las autoridades y que te digan “hey, ya mejor siembra ostión, haz otra cosa porque ya la pesca se acabó”. Yo creo que cuando se lleva la pesca en el corazón, cuando se lleva algo… porque es una cultura, es lo que somos, no es un trabajo, no es un empleo, es lo que somos, y que llegar con la autoridad y que sea la autoridad que ahora te dice eso, pues es algo triste porque te quiere decir que ellos ya se rindieron, y yo creo que hoy más que nunca las mujeres no nos hemos rendido, que creemos que podemos encontrar una fórmula que nos pueda ayudar a nosotros y a nuestras familias a tener una vida más digna y sobre todo igualitaria, y trabajando de la mano con nuestros hombres y los jóvenes y la ciencia y la autoridad, pero haciendo que esa autoridad trabaje y cumpla con su trabajo, no ver que solamente vengan a presentarse en tiempo de propaganda política.
Al final de cuentas hay que saber que todos los días se aprende algo, que es súper valioso y que siempre hay algo por aprender y compartir, porque lo que nos hace grande de nada me serviría a mí si no lo compartiera con mis compañeras y no ayudamos a hacer una comunidad de mujeres o esta Red de Mujeres donde queremos que nos vaya mejor a todos y a todas.
México tiene 17 estados costeros y cuando yo te estoy diciendo que tengo 5 mil seguidores, pues te estoy hablando de un porcentaje muy pequeño de gente que estamos hablando en sintonía de pesca sustentable, y si lo vemos como una salvación a la pesca y al modo de vida del sector, tendría que haber mucha más gente del sector pesquero, no ONG hablando con este lenguaje de sí se puede, porque yo creo que nuestros antepasados tampoco la tuvieron fácil, pero no se rindieron y muchos buscaron como sí.
Estamos en una zona de confort, con lo de donde el gobierno que nos mantuvo con los apoyos y subsidios, pero creo que tenemos que romper con ese esquema, dejar de pedir apoyos económicos para tener con qué pescar y que esto se convierta en que nos enseñen a cómo seguir teniendo que pescar y cómo seguir viviendo dignamente a la actividad.
Saber y decir todo esto no ha sido sencillo, me ha costado bastante, me ha costado mucho tiempo, pero como dijo mi papá, que decía que me tenía miedo porque era una mujer de decisiones muy drásticas, y así como hoy le decía que sí, mañana decía que no y no me importaba lo que podía perder. Hoy siento que no hay retroceso, que sí me ha costado mucho tiempo. Soy una mujer que lee encantan las plantas, que me encanta estar en mi casa, me gusta mucho la cocina, yo puedo estar cocinando todo, incluso también trabajo de cocinera, trabajo en la zona residencial limpiando casas, o sea, soy una mujer mil usos, pero no soy diferente a muchas de mi comunidad. Sin embargo, me ha costado romper con con el esquema de ser solamente una esposa, ahora soy Yanett. Hoy soy Yanett con vos, hoy soy Yanett con decisión en mi propio hogar, en mi casa. Que a lo mejor sí era antes igual, porque siempre hemos trabajado en familia, todo lo hemos construido trabajando desde cero, pero no me reconocía yo misma, no veía que sí era valiosa, que sí podía, que lo que yo decía y que mis ideas eran buenas también, que sí le abonaba a un bienestar económico de mi de mi hogar y de mi casa y que todo esto cuesta, como el no estar con mi papá enfermo, no estar en cumpleaños con mis hijos, no estar cumpleaños míos en mi casa tampoco, porque estoy en una conferencia o en un aprendizaje.
Pero lo que sí sé es que soy una mujer que me gusta hacer un montón de cosas y a lo mejor esto ha sido mucho sacrificio, mucho cansancio, pero es algo que me gusta mucho hacer.
Y por eso digo, siempre hay algo qué aprender y algo más qué decir, porque ésta es la historia de Yanett, pero hay muchas otras historias que no se conocen y que son bien valiosas y un montón de gente bien importante en el sector que merece tener voz, que merece tener voto y que merece también tener una vida mejor.

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