Por M.C. María del Refugio Manjarrez Montero
Vicepresidente del Colegio de Economistas del Estado de Sinaloa.

La economía mexicana vuelve a enviar señales preocupantes desde uno de sus sectores más estratégicos: la industria manufacturera. De acuerdo con la Encuesta Mensual de la Industria Manufacturera (EMIM) del INEGI, el volumen físico de la producción manufacturera cayó 1.1 % mensual en marzo de 2026, mientras que el personal ocupado disminuyó 0.1 % y las remuneraciones medias reales retrocedieron 0.7 %.

Aunque el dato anual aún muestra un ligero crecimiento de 1.1 %, la tendencia comienza a reflejar un debilitamiento estructural en la actividad industrial del país. La manufactura no es cualquier sector: representa uno de los pilares del crecimiento económico mexicano, debido a su fuerte vinculación con las exportaciones, el empleo formal y las cadenas globales de valor.

Lo más preocupante no es únicamente la caída productiva, sino el deterioro simultáneo del empleo y las horas trabajadas. El personal ocupado total registra una caída anual de 2.5 %, mientras que las horas trabajadas también muestran un retroceso de 2.5 %. Esto significa que las empresas manufactureras están produciendo menos y utilizando menos fuerza laboral, una señal típica de desaceleración económica.

Sectores clave muestran cifras especialmente delicadas. La fabricación de equipo de transporte cayó 2.6 % anual y el empleo en ese subsector disminuyó 6.5 %. Asimismo, la fabricación de accesorios eléctricos retrocedió 11.3 %, mientras que industrias como textiles, muebles y productos metálicos continúan mostrando debilidad.

El problema de fondo es que México sigue dependiendo excesivamente de la demanda externa, particularmente de Estados Unidos. Cuando la economía estadounidense pierde dinamismo o enfrenta incertidumbre comercial, asi como también la crisis política actual, la manufactura mexicana resiente rápidamente el impacto. A ello se suma una política monetaria restrictiva, altas tasas de interés, menor inversión privada y un entorno internacional marcado por tensiones comerciales y desaceleración global.

Sin embargo, el discurso de las autoridades sigue insistiendo en una narrativa de fortaleza económica basada en nearshoring y estabilidad macroeconómica. La realidad estadística parece mostrar otra cosa: crecimiento insuficiente, menor generación de empleo industrial y pérdida de dinamismo productivo.

La manufactura históricamente ha funcionado como termómetro adelantado de la economía mexicana. Cuando este sector comienza a debilitarse, normalmente el resto de la actividad económica lo resiente meses después. Por ello, los datos de la EMIM no deben minimizarse. Más allá de los discursos políticos, la industria empieza a mostrar signos claros de agotamiento económico.

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