Aunque Culiacán y Tijuana están separadas por más de mil kilómetros y tienen diferencias notables en su historia, geografía, economía y estilo de vida, comparten características similares: ambas son ciudades marcadas por las disputas de grupos criminales y fracturas internas del Cártel de Sinaloa.

Incluso se podría señalar que la violencia que durante años golpeó a la frontera sudcaliforniana, muchas veces tuvo su origen en el estado de Sinaloa.

Tanto en Tijuana como en Culiacán, la violencia no es algo nuevo, ambas ciudades han sobrevivido a guerras entre grupos del narcotráfico y reacomodos criminales.

El municipio más poblado de toda la República Mexicana había sobrevivido a la guerra del 2008-2010, cuando el Cártel de Sinaloa y los Arellano Félix convirtieron a la frontera en un escenario de guerra contra el narcotráfico, dejando a su paso un incremento en homicidios, desapariciones y ejecuciones que marcaron a toda una generación.

Fue una guerra que se cocinó durante muchos años, cuya llama inició desde la década de 1990, al iniciar la disputa entre el Cártel de Sinaloa y la Organización Arellano Félix por el control de la frontera con Estados Unidos.

Entre 2008 y 2010 Tijuana se convirtió en uno de los principales escenarios de la guerra contra el narcotráfico en México, con niveles récord de homicidios, secuestros, desapariciones y presencia militar y federal.

Un informe del Centro de Análisis Justice in México señala que la violencia escaló cuando Teodoro “El Teo” García Simental abandonó a los Arellano Félix y presuntamente se alineó con el Cártel de Sinaloa. La fractura detonó una ola de violencia inédita en Tijuana.

La respuesta del Estado para apagar el fuego llegó en forma de soldados. En 2007 el Gobierno Federal puso en marcha el Plan Tijuana u Operativo Tijuana, con el despliegue de miles de elementos federales y militares que pusieron en marcha retenes y patrullajes en colonias consideradas conflictivas.

Durante esta crisis de inseguridad, los homicidios dolosos pasaron de 310 casos en 2007 a 688 en 2010, un incremento de más del 120 por ciento, mientras el robo violento prácticamente se duplicó al pasar de 5 mil 670 denuncias a más de 10 mil 600 en 2009. Al mismo tiempo, las desapariciones comenzaron a crecer: de alrededor de 470 carpetas abiertas en 2007 a más de mil 200 en 2011.

“Fueron tiempos muy complicados, se estaban dando todas las características de intranquilidad y de inseguridad en la ciudad, un empresariado acosado por el crimen organizado, una corporación policiaca infiltrada por el crimen, una sociedad atemorizada, sin rumbo, un gobierno de rebasado por la criminalidad”, expresó Jorge Ramos Hernández, quien fungió como Alcalde de Tijuana entre 2007 y 2010, durante una entrevista publicada por el canal Uniradio Informa en YouTube en 2015.

En 2010, la captura de Teodoro García Simental y el desmantelamiento de su estructura criminal provocaron una disminución gradual de la violencia en los siguientes años. Hay especialistas que señalan que esta baja de homicidios se debió a un acuerdo entre el Cártel de Sinaloa y la organización Arellano Félix.

Durante algunos años, Tijuana creyó que el fuego de la guerra ya había pasado. Pero la violencia volvió a avivarse poco después.

Según el informe El resurgimiento del crimen violento en Tijuana, elaborado por Justice in Mexico en 2018, la supuesta armonía entre estos grupos criminales comenzó a fracturarse en 2014, tras la captura del presunto líder de la Organización Arellano Félix, Fernando Sánchez Arellano, “El Ingeniero”.

La captura de Sánchez Arellano debilitó a la organización, ya que comenzaron disputas entre células locales por el control de actividades criminales en Tijuana, especialmente por el tráfico de drogas a Estados Unidos.

Al mismo tiempo, el Cártel de Sinaloa también comenzó a enfrentar problemas internos. En febrero de 2014, cuando Joaquín “El Chapo” Guzmán fue capturado por elementos de la Marina en Mazatlán, Sinaloa, y un año después, en 2015, escapó del penal del Altiplano. Esto provocó reacomodos en sus distintas facciones y operadores regionales, según el perfil del grupo criminal publicado por Insight Crime.

La fragmentación de ambos grupos criminales provocó que Tijuana volviera a convertirse en una ciudad bajo el fuego de la guerra criminal, pues no solo surgieron nuevas células armadas, sino que en medio del conflicto, el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) comenzó a expandirse en Baja California.

El informe Evaluación Nacional de Amenazas de Drogas de 2020 (NDTA), de la Administración de Control de Drogas (DEA, por sus siglas en inglés), retomado por el Semanario ZETA Tijuana, indica que la ciudad es el principal puerto de tráfico de drogas a Estados Unidos utilizado por el CJNG.

“Los principales corredores para el cruce de drogas a la Unión Americana utilizados por el CJNG a través de la frontera Norte de nuestro país, en orden de prioridad son Tijuana (Baja California), Ciudad Juárez (Chihuahua) y Nuevo Laredo (Tamaulipas)”, se lee en lo publicado por el Semanario.

El ingreso del CJNG a Tijuana provocó nuevos niveles elevados de violencia. Las disputas contra los remanentes del Cártel de Sinaloa y la Organización Arellano Félix desataron enfrentamientos armados, ejecuciones y una nueva lucha por el control de las rutas de tráfico hacia Estados Unidos.

De acuerdo los registros del programa de Datos sobre Conflictos de Uppsala (UCDP), retomados por el Informe del Índice de Paz México 2026, la rivalidad entre el Cártel de Sinaloa y el CJNG está asociada a alrededor de 30 mil muertes confirmadas en México, desde 2015, aunque el número real podría ser mucho mayor.

“Los registros del UCDP también indican que el conflicto Cártel de Sinaloa-CJNG se ha desarrollado en al menos 19 estados desde 2015, siendo Baja California el principal campo de batalla, representando el 55% del total de muertes. Le siguen Zacatecas (14.9% del total), Colima (11.4%), Jalisco (9.5%) y Quintana Roo (4.1%)”, se lee en el documento.

Las consecuencias de esta nueva guerra criminal comenzaron a reflejarse en toda la ciudad. Según voces locales, la violencia que antes se concentraba principalmente en la zona céntrica de Tijuana, comenzó a expandirse hacia otras delegaciones como Sánchez Taboada, La Presa, Otay, Cerro Colorado y Playas de Tijuana.

En 2016, Daniel de la Rosa Anaya, secretario de Seguridad en Baja California, informó que el incremento de homicidios en Tijuana estaba relacionado con la reactivación de células delictivas y el ascenso de nuevos operadores criminales.

Con tres grupos disputándose el control de la ciudad (CS, CJNG y OAF), la frontera volvió a convertirse en uno de los principales escenarios de la guerra criminal en México. Los homicidios pasaron de 492 en 2013 a 872 en 2016. Para 2017, la cifra prácticamente se duplicó al alcanzar mil 619 asesinatos, mientras que en 2018 Tijuana registró 2 mil 253 homicidios dolosos, uno de los niveles más altos en su historia reciente.

Vecinos de Tijuana señalaron que entre 2013 y 2018, las disputas entre el CS, el CJNG y OAF provocaron que Tijuana dejara de ser una ciudad utilizada solo para el paso de droga y comenzó a consolidarse también como un mercado de consumo.

Mientras en zonas como Playas, Chapultepec, Cacho y el Centro predominaba el consumo de cocaína y heroína, en el área Este comenzó a expandirse el consumo de cristal y marihuana.

Explicaron que a finales de 2017 e inicios de 2018 también comenzó a crecer el llamado “chapulineo”, un fenómeno en el que vendedores de droga y operadores criminales comenzaban a cambiar constantemente de grupo o a trabajar por cuenta propia, supuestamente muchas de estas personas terminaban siendo asesinadas o desaparecidas como castigo.

Lo anterior tiene explicación.

Al ser Tijuana una ciudad que conecta con uno de los principales mercados de consumo de drogas de Estados Unidos y ser una de las fronteras más transitadas del mundo, la ciudad se convirtió en una de las plazas criminales más valiosas para los grupos delictivos en México.

Mientras la Organización Arellano Félix quedó encabezada por una nueva generación de integrantes conocidos como los “Arellano Junior”, el CJNG avanzaba por la frontera y distintos operadores y células ligadas al grupo sinaloense comenzaron a pelear por el control de Tijuana.

El informe El resurgimiento del crimen violento en Tijuana, elaborado por Justice in Mexico en 2018, menciona que, los hermanos Arzate García (mejor conocidos como “El Aquiles” y “La Rana”), integrantes del Cártel de Sinaloa, lucharon contra la expansión del CJNG, provocando un aumento de la violencia en La Presa, Zona Norte, Los Pinos y Sánchez Taboada.

Además, tras la recaptura en 2016 y posterior extradición a Estados Unidos en 2017 de Joaquín “El Chapo” Guzmán, comenzaron a profundizarse las tensiones entre grupos cercanos a Ismael “El Mayo” Zambada y los hijos de “El Chapo”.

Estas tensiones terminaron trasladándose a Baja California.

De acuerdo con reportes de inteligencia militar publicados por Infobae, en el Cártel de Sinaloa, la disputa entre grupos cercanos a Ismael “El Mayo” Zambada y Los Chapitos comenzó a escalar abiertamente tras el “Culiacanazo” de octubre de 2019.

Los informes señalan que células ligadas a Miguel Ángel Gaxiola Quintero, “El Ruso”, operador cercano al Mayo Zambada, comenzaron enfrentamientos contra grupos armados vinculados a Los Chapitos, encabezados por Néstor Isidro Pérez Salas, “El Nini”.

Según funcionarios citados por Milenio, Ismael “El Mayo” Zambada habría ordenado a Iván Gastélum Cruz, “El Ruso”, salir de Sinaloa para evitar una guerra interna en el estado. De esa manera la disputa terminó extendiéndose hacia Baja California.

Actualmente, investigaciones periodísticas y vecinos de la localidad han señalado una posible alianza entre operadores del CJNG y la Organización Arellano Félix, con el objetivo de disputar el control del Cártel de Sinaloa en Tijuana.

Hoy, mientras Culiacán enfrenta una ola de violencia producto del conflicto interno del Cártel de Sinaloa que estalló en septiembre de 2024, el informe del Instituto para la Economía y la Paz indica que esta crisis podría haber desviado la atención del grupo sinaloense al CJNG, disminuyendo la intensidad de dicha disputa en relación con su pico a principios de la década de 2020.

Ante todo lo anterior, Culiacán y Tijuana no parecen tan distintas, ambas ciudades han atravesado ciclos de violencia que han transformado la vida cotidiana de su población. De tal manera que en 2025, sus estados respectivos Sinaloa y Baja California, se colocaron entre los estados menos pacíficos de México en el índice de Paz 2026.