En el primer trimestre de 2026, el aporte de la agricultura al Producto Interno Bruto nacional cayó 1.4% en comparación con el mismo periodo del año anterior, representando únicamente el 1.9% del PIB. La generación de valor del campo mexicano fue superada en crecimiento por el sector pecuario, que se expandió en 3.7%.

Para el Grupo Consultor de Mercados Agrícolas (GCMA) este debilitamiento es reflejo de las múltiples crisis que atraviesan al sector agrícola, destacando condiciones climáticas adversas para la actividad, menores rendimientos en las cosechas y aumento de los costos productivos por encarecimiento de los insumos.

“Si bien la actividad pecuaria y algunos segmentos de la industria alimentaria continúan mostrando resiliencia, la agricultura mantiene señales de debilidad asociadas a menores precios internacionales, costos de producción elevados, volatilidad climática y menor rentabilidad para los productores”, se puede leer en el análisis de PIB al primer trimestre de 2026 elaborado por la consultora.

 

De cara al próximo ciclo agrícola, asegura GCMA, uno de los mayores desafíos para México será elevar la producción y la productividad de los granos básicos, particularmente del maíz, cuya cosecha nacional ha registrado una tendencia descendente durante los últimos años.

Esta reducción en la producción interna de maíz aumenta la dependencia del país de las importaciones, particularmente de maíz proveniente de Estados Unidos. Esto expone al sector agroalimentario en mayor medida a factores externos y reduce su capacidad para asegurar el abasto alimentario y mantener la estabilidad de los precios en el mercado interno.

Crisis del campo pone a agricultores en jaque

 

La debilidad que muestra la agricultura en el PIB ocurre en un momento especialmente complejo para los productores de maíz de Sinaloa, quienes acumulan varios ciclos agrícolas operando con márgenes negativos. La combinación de precios internacionales deprimidos, un tipo de cambio desfavorable, altos costos de producción y condiciones climáticas adversas ha colocado a miles de agricultores al borde del colapso financiero.

La falta de rentabilidad ya ha comenzado a traducirse en consecuencias tangibles para el sector. Productores han reportado pérdida de patrimonio, cartera vencida, venta de maquinaria y tierras, así como el abandono de la actividad agrícola ante la imposibilidad de recuperar los costos de producción. Organizaciones como la CAADES han advertido que cada vez son más los agricultores que optan por dejar de sembrar debido a la incertidumbre económica.

La inconformidad también ha derivado en movilizaciones. Apenas esta semana, agricultores sinaloenses anunciaron que retomarán la toma de casetas a partir del 3 de junio, al considerar insuficientes las respuestas del Gobierno federal frente a la crisis de rentabilidad que enfrenta el campo.

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