El tratado de libre comercio entre México, Estados Unidos y Canadá está en etapa de negociaciones, de cara a la inminente revisión del tratado. Desde su firma, el T-MEC ha impulsado la competitividad de uno de los principales motores económicos de Sinaloa: el agrícola, particularmente en la producción de hortalizas.

Sin embargo, los beneficios percibidos por la entidad, motivo del tratado, van más allá. Las ventajas arancelarias brindadas por el T-MEC han facilitado la llegada de una incipiente industria manufacturera de componentes y embarque de autos en Sinaloa que reportan una captación importante de divisas.

Entre 2018 y 2025, contando solo el periodo enero-septiembre de cada año, las exportaciones sinaloenses etiquetadas bajo el concepto de “fabricación de equipo de transporte”, crecieron un 40% hasta colocarse en 250 millones de dólares.

Con todo, la exportación de verduras frescas y otros productos del campo sigue siendo la principal actividad de comercio exterior de Sinaloa, ocupando el 87% del total de ventas al extranjero.

Definitivamente ha habido un incremento en la producción y en la derrama que queda aquí. Claro que Sinaloa ha crecido. La tecnificación que tenemos en riegos, en maquinaria, la manera en la que sembramos, la calidad de los híbridos y de las variedades; todo ha venido creciendo”, dijo a ESPEJO el empresario agrícola, comisionado de Coparmex Sinaloa, Enrique Riveros.

 

A las puertas de la revisión del T-MEC, y en medio de la incertidumbre generada por las políticas económicas de la administración Trump, descritas por casas editoriales como The Economist como erráticas y reaccionarias, Sinaloa se juega el futuro del modelo económico en el que ha basado su desarrollo durante las últimas tres décadas.

De acuerdo con la vicepresidenta del Colegio de Economistas de Sinaloa, María Manjarréz, la naturaleza agroexportadora de la entidad se ha probado frágil ante los embistes arancelarios de Estados Unidos.

“Nuestra oferta exportadora se basa en el tomate y otras hortalizas. Entonces, el año pasado ya nos dimos cuenta de que el subir 17% de arancel, [motivo de una tarifa compensatoria por acusaciones de dumping], impacta la demanda. Si el tratado se extingue y suben aún más los aranceles, la demanda de nuestros productos tiende a bajar. Eso nos repercute en los ingresos de divisas”, explica la economista en entrevista.

 

Además del sector agroalimentario, Sinaloa ha apostado por atraer inversión en manufactura. La competitividad brindada por el T-MEC ha sido factor determinante para que fabricantes de autopartes y componentes decidan instalar operaciones en la entidad.

Por ejemplo, proyectos de gran calado como el MZT Aerospace Park, un parque industrial que busca brindar infraestructura a empresas del sector aeroespacial para operar en Mazatlán con una inversión neta de 3 mil 300 millones de dólares.

Desde su anuncio público, que se remonta a 2020, el proyecto fue planteado como estratégico para el “Corredor T-MEC“, una iniciativa logística impulsada por Caxxor que busca conectar al puerto de Mazatlán con Estados Unidos y Canadá.

Así, el TMEC se ha convertido en el catalizador de la mayoría de las propuestas de inversión con potencial transformador en el estado. Manjarréz explica:

“Si suben los aranceles, los carros o autopartes que se envíen para allá incrementarían sus precios, igual los precios de los fletes. Las autopartes de productos chinos, de los que hemos sido mediadores, también podrían ser sancionados con una restricción fuerte”, explica.

 

“Creer que el tratado es solo tomates y maíz es estar en una gran equivocación”, opina, por su parte, Enrique Riveros, antes citado.

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