Culiacán, Sinaloa.- Los cambios en la calidad del agua, la contaminación o el estrés de organismos marinos pueden comenzar mucho antes de que los efectos sean visibles. En ese escenario, el estudio de bacterias y otros microorganismos permite detectar señales tempranas que ayudan a anticipar riesgos para los ecosistemas y la producción acuícola.
Ese es el campo de investigación de Adrián González Castillo, investigador y docente de la Universidad Politécnica de Sinaloa (UPSIN), en Mazatlán, quien analiza la microbiota presente en ambientes acuáticos para comprender cómo estos microorganismos responden a las alteraciones del entorno.
En un estado como Sinaloa, donde la pesca y la acuacultura representan actividades económicas relevantes, este tipo de investigaciones generan información que puede utilizarse para mejorar el manejo sanitario de cultivos, evaluar la calidad ambiental y fortalecer estrategias de prevención.
Una de las herramientas centrales de su trabajo es la taxonomía bacteriana, disciplina que permite identificar y clasificar microorganismos para compararlos con registros científicos internacionales y conocer dónde han sido detectados, cuáles son sus características y qué efectos pueden tener.
“La taxonomía, en particular la bacteriana, es superimportante. ¿Por qué? Porque si no existiera o si no se realizara de manera adecuada, la microbiología sería una ciencia a ciegas”, explicó.
Como parte de sus investigaciones, González Castillo ha participado en la descripción de especies como Vibrio crosai, Vibrio sonorensis y Vibrio mexicanus, bacterias aisladas en ambientes acuáticos y en cultivos de ostión.
Aunque estos microorganismos son invisibles a simple vista, sus cambios pueden estar relacionados con enfermedades en organismos marinos, mortalidades inusuales o alteraciones en la calidad del agua.
“Al final de cuentas, a las bacterias no las podemos ver a simple vista, pero juegan un papel fundamental en el medio ambiente y en los organismos. Vaya, son la base de todo”, señaló.
Para estudiar estos procesos, el investigador utiliza técnicas de muestreo e identificación mediante análisis de ADN, lo que permite conocer qué microorganismos habitan un ecosistema y cómo cambian frente a distintos factores ambientales.
Su trabajo también se enfoca en la microbiota, es decir, las comunidades de bacterias, virus, hongos y arqueas que conviven en un mismo ambiente. En una investigación realizada en colaboración con otros especialistas sobre la esponja marina Thoosa mismalolli, relacionada con daños en corales, el equipo identificó una alta presencia de Candidatus Poribacteria, grupo de microorganismos con genes asociados a procesos de degradación coralina.
Estos estudios cobran relevancia debido a que los arrecifes coralinos albergan una gran diversidad de especies marinas y sostienen procesos ecológicos fundamentales. Aunque ocupan menos del uno por ciento del fondo oceánico, concentran cerca del 25 por ciento de la biodiversidad marina.
El investigador explicó que el deterioro de estos ecosistemas responde a múltiples factores, entre ellos el aumento de la temperatura del agua, la contaminación, la disponibilidad de alimento, la densidad de organismos y otras condiciones ambientales que modifican el equilibrio de las comunidades microbianas.
Comprender cómo responden las bacterias a esos cambios, concluye González Castillo, permite interpretar señales tempranas de deterioro y generar información útil para proteger los ecosistemas acuáticos, fortalecer la producción acuícola y apoyar la toma de decisiones en materia ambiental.

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