Cuando Verlon Jose, presidente de la Nación Tohono O’odham, habló ante la Junta de Supervisores del Condado de Pima, Arizona, no comenzó por los argumentos legales de la demanda que su pueblo presentó contra el gobierno estadounidense. Habló de los ancianos de su comunidad. Horas antes de esa sesión pública, relató, se había reunido con alrededor de 20 personas mayores de su pueblo para explicarles el avance del proyecto de muro fronterizo impulsado por el Departamento de Seguridad Nacional de Estados Unidos (DHS, por sus siglas en inglés).
Según Jose, algunos de ellos terminaron llorando. “¿Acaso no les importamos?”, recordó que preguntaban. “Están dividiendo otra vez a nuestro pueblo. No les importa la tierra ni los animales”.
La escena —que quedó documentada en un video de la sesión celebrada el 14 de julio de 2026— resume el conflicto que llevó a la Nación Tohono O’odham a presentar una demanda contra el DHS en junio pasado ante una corte federal en Washington D.C. La Nación busca detener la construcción de un nuevo tramo de muro fronterizo en su reserva, un territorio indígena que se extiende a ambos lados de la frontera entre Arizona, Estados Unidos, y Sonora, México, donde también habitan integrantes de este pueblo indígena binacional.

Verlon Jose, presidente de la Nación Tohono O’odham, y la vicepresidenta Carla Johnson, durante la audiencia con la Junta de Supervisores de Pima sobre el muro fronterizo. Foto: Tohono O’odham Nation YouTube
En la demanda, la Nación argumenta que el gobierno de Estados Unidos no tiene autoridad para ocupar tierras tribales y reducir, en la práctica, el territorio de la reserva mediante una infraestructura permanente a lo largo de 62 millas de su territorio —casi 100 kilómetros— que colindan con la frontera internacional entre Estados Unidos y México. También sostiene que la construcción afectaría sitios culturales y ceremoniales, además de recursos naturales protegidos por la comunidad.
La acción legal llegó después de meses de conversaciones entre autoridades tribales y el gobierno estadounidense. Durante su intervención ante el condado de Pima, Jose explicó que la Nación Tohono O’odham decidió acudir a los tribunales cuando supo que el DHS avanzaba con la contratación de las obras, mientras las negociaciones todavía estaban abiertas.
El pueblo indígena señala que en mayo de 2026 Markwayne Mullin, secretario del DHS, y Paul Enriquez, director del Programa de Infraestructura de la Patrulla Fronteriza de Estados Unidos, informaron mediante correo electrónico a la Nación Tohono O’odham sobre sus planes. “La CBP prevé adjudicar el contrato de construcción en junio de 2026, seguido del diseño y el cronograma de construcción”, advierte la comunicación. “Los cronogramas de construcción se conocerán tras la adjudicación del contrato y la CBP los compartirá con la Nación tan pronto como los reciba del contratista”.
“Nos empujaron a un rincón”, dice Jose durante la sesión pública. “Por eso tuvimos que llevarlos a la Corte”. El pueblo indígena sostiene que no se opone a la seguridad fronteriza. Por décadas, explica, ha colaborado con autoridades federales mediante infraestructura como barreras vehiculares, caminos de patrullaje, torres de vigilancia y puestos operativos dentro de su territorio. Según Jose, esas medidas ya permitieron reducir más de 95 % los cruces irregulares en la reserva durante los últimos años.
“Si prácticamente nadie está cruzando por nuestras tierras, ¿por qué necesitamos un muro?”, cuestionó ante los supervisores del condado. Después de esa intervención, la Junta de Supervisores de Pima aprobó una resolución de respaldo a la demanda de la Nación y reiteró su oposición a la construcción del muro en territorio tribal.
Mongabay Latam solicitó al DHS su postura oficial sobre las acciones legales emprendidas por la Nación Tohono O’odham, pero hasta el cierre de esta edición no había recibido respuesta.
Sin embargo, es de conocimiento público que tras la presentación de la demanda, el DHS envió una declaración a varios medios de comunicación de Arizona, el 17 de junio pasado, en la que aseguró que “el Departamento de Seguridad Nacional (DHS) está comprometido con una coordinación continua con las partes interesadas, incluidas las naciones tribales, durante las actividades de planificación y construcción. El DHS valora su relación con la Nación Tohono O’odham y mantiene su compromiso con una comunicación abierta y con minimizar los impactos”.

Marcador de frontera original en territorio Estados Unidos. Foto: cortesía No Wall / Tohono O’odham Nation
El pasado 22 de julio de 2026, la Nación Tohono O’odham presentó su demanda ante el Tribunal Federal del Distrito de Columbia, en Washington, D.C. Tras escuchar los argumentos de ambas partes, el juez federal Richard Leon no emitió un fallo inmediato y solicitó información adicional tanto a la Nación como al Departamento de Seguridad Nacional (DHS), dejando el caso en estudio para una decisión posterior.
En vísperas de esa audiencia, el 21 de julio, el Ayuntamiento de la ciudad de Tucson, Arizona, aprobó por unanimidad una resolución para sumarse al respaldo expresado previamente por la Junta de Supervisores del Condado de Pima en favor de la Nación Tohono O’odham. El apoyo de Tucson fue destacado por las autoridades tribales como parte del respaldo institucional a la acción judicial.
Una frontera que no reconoce la continuidad del territorio
Para los o’odham, la frontera internacional no coincide con los límites de su territorio ancestral. Comunidades del pueblo indígena viven en ambos lados de la línea que separa Arizona y Sonora, una división que ha transformado durante generaciones la movilidad, las relaciones familiares y sus prácticas culturales.
David García, anciano del distrito Chukut Kuk y exrepresentante de esa comunidad en el Consejo Legislativo de la Nación Tohono O’odham, en Estados Unidos, recuerda que el muro representa una nueva etapa de una separación más antigua.
“No al muro fronterizo. Punto”, dijo durante una entrevista con Mongabay Latam. García coincide con la postura institucional de la Nación Tohono O’odham de rechazar la construcción, pero también plantea una preocupación desde la experiencia comunitaria: muchas personas o’odham del lado mexicano necesitan respuestas sobre cómo afectará la infraestructura a su vida cotidiana.
Uno de los ejemplos que menciona es el de familiares que viven en Sonora y necesitan trasladarse a Tucson, Arizona, para recibir atención médica. También habla de ceremonias y visitas familiares que podrían complicarse si aumentan las restricciones de paso.
Aunque la demanda fue presentada por la Nación Tohono O’odham en Estados Unidos, integrantes de comunidades o’odham de Sonora consultados por Mongabay Latam consideran que las decisiones sobre el territorio ancestral compartido también deberían involucrar a las comunidades y sus autoridades tradicionales en el lado mexicano. Si bien respaldan los esfuerzos para frenar la expansión del muro, señalan que históricamente han tenido una participación limitada en procesos que también afectan su vida cotidiana, sus sitios sagrados y la movilidad a través de la frontera.
“No nos toman en cuenta; como pueblo, como comunidad, nosotros también tenemos voz”, sostiene en entrevista Matías Valenzuela Esteban, vocero de las comunidades o’odham de El Cumarito y El Bajío, y próximo gobernador tradicional de esta última. Valenzuela considera que las comunidades o’odham mexicanas deberían tener una participación más activa en las decisiones que afectan un territorio que siguen compartiendo.
Griselda Rentería, integrante de la comunidad o’odham de Sásabe, cantante tradicional y gobernadora tradicional electa de esa comunidad, coincide en que las decisiones sobre la frontera tienen consecuencias a ambos lados. Para ella, el problema no es solamente la barrera física, sino la forma en que se toman las decisiones sobre un territorio compartido.
“Se supone que somos binacionales, que tenemos los mismos derechos que ellos [los o’odham estadounidenses], pero no es verdad”, asevera Rentería.
Agua, fauna y un paisaje transformado
Rentería recuerda que cuando era niña —a finales de los 90, en Sásabe—, la frontera estaba marcada apenas por cercos de alambre. En ese entonces, los animales todavía podían desplazarse. La construcción del muro modificó radicalmente ese paisaje.
Según su testimonio, durante las obras —que avanzaron de manera más agresiva en su territorio a partir de 2020— hubo explosiones para abrir paso en una zona montañosa de antiguos afloramientos rocosos. Algunas formaciones naturales con significado cultural para la comunidad resultaron dañadas.
“Esa roca tiene figuras sagradas para nosotros”, explicó. “Hay figuras de osos, de apaches, de mujeres o’odham, figuras que hizo la naturaleza. Lamentablemente, muchas de estas se cayeron”.

Muro fronterizo de 9 metros de altura en el Valle de San Bernardino al este de Douglas, Arizona. Este tramo de muro se extiende por 112 kilómetros. Foto: Wildlands Network
Los cambios también fueron visibles en la fauna. Rentería recuerda que después de las explosiones dejaron de observar venados durante un periodo prolongado y que la construcción alteró los caminos naturales de distintas especies.
Matías Valenzuela relata una preocupación similar desde las comunidades del sur de la frontera: la fauna silvestre ha quedado sin acceso a ojos de agua ubicados al otro lado del muro, lo que ha provocado la muerte de animales como venados y liebres.

Las organizaciones Sky Island Alliance y Wildlands Network han documentado los impactos del muro fronterizo en la movilidad de la fauna silvestre en la frontera entre Sonora y Arizona. Foto: Sky Island Alliance / Wildlands Network Foto: Sky Island Alliance / Wildlands Network
Estos testimonios se suman a preocupaciones ambientales documentadas previamente en la región, como informó Mongabay Latam en el pasado. La fragmentación del hábitat provocada por la infraestructura fronteriza ha sido señalada como una amenaza para la conectividad ecológica del Desierto Sonorense, donde especies endémicas y en Peligro de extinción como el berrendo sonorense(Antilocapra americana sonoriensis) dependen de grandes extensiones de territorio para desplazarse.
La transformación del paisaje también incluye la tala de vegetación nativa. Rentería menciona la pérdida de árboles como los mezquites, palo verdes y palo fierros, así como los saguaros (Carnegiea gigantea), grandes cactáceas que tienen un significado profundo para el pueblo o’odham.
“Para nosotros los saguaros son como nuestra familia”, dice. “Donde hay saguaros hubo asentamiento o’odham. No consideraron eso y tumbaron muchos”.
“El desierto es nuestra iglesia”
Para las comunidades o’odham, la defensa del territorio no puede dividirse entre conservación ambiental y protección cultural. Matías Valenzuela lo explica desde la relación espiritual con el desierto: el territorio ancestral es un espacio donde se encuentra alimento, medicina y memoria.
“Es nuestra iglesia, nuestra farmacia, un lugar donde podemos encontrar comida y donde están enterrados los que se fueron al otro mundo”, afirma.
En Sásabe, Rentería habla de sitios ceremoniales como la casa de I’itoi, una figura central en la espiritualidad o’odham. Las restricciones fronterizas, explica, han dificultado que algunas personas puedan acceder a lugares de importancia cultural.
La frontera, en este sentido, no sólo divide un espacio geográfico. También interrumpe relaciones entre comunidades, familias y generaciones.
Verlon Jose expresó esa misma preocupación ante las autoridades de Pima: para la Nación Tohono O’odham un muro adicional no representa una solución de seguridad, sino una infraestructura que profundizaría una división histórica.
La disputa ahora se trasladará a los tribunales federales. Pero para los o’odham que viven a ambos lados de la frontera, el caso representa algo más amplio: la defensa de un territorio que no es solamente una extensión de tierra, sino un paisaje vivo donde conviven memoria, biodiversidad y cultura.
Matías Valenzuela utiliza una imagen para explicar cómo perciben el muro: “Imagínese que yo entro a su casa, pongo una división en medio de la sala y depende solamente de mí decidir si puede o no entrar”. Para los o’odham, dice, eso es lo que significa una frontera que atraviesa su territorio ancestral. “Es una división muy grande y ha existido por muchísimos años, antes de que entrara el presidente actual”.
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Este trabajo fue realizado por Mongabay Latam. Para consultar el contenido original, dar clic aquí.

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