Los ecosistemas de manglares han migrado hacia el interior de la península de Yucatán, México, debido al incremento del nivel del mar causado por el cambio climático. Así lo demostró un estudio científico publicado en la revista Regional Environmental Change que analizó las modificaciones en esa región mexicana en un período de 40 años.

El hallazgo, que en principio pudiera ser una buena noticia y ejemplo de resiliencia climática, tiene una cara menos positiva: su desplazamiento ha sustituido otros ecosistemas como humedales y bosques tropicales, así como áreas con desarrollo de actividad humana. Esta situación, advierten los expertos, podría generar conflictos poniendo en riesgo no solo a los ecosistemas que están siendo colonizados, sino a los propios manglares.

Los investigadores identificaron que entre 1984 y 2024, los manglares han migrado alrededor de media hectárea al año, ocupando un total de 1754 nuevas hectáreas en cuatro regiones de la península yucateca. Para llegar a esos resultados, los científicos compararon imágenes satelitales tomadas de distintas fuentes que les permitieron contrastar los cambios en los ecosistemas de la península de Yucatán.

Esta situación, que favorece a los manglares, representa sin embargo una paradoja. Rodolfo Rioja Nieto, coautor de la investigación, advierte que con el cambio climático los manglares empiezan a ser especies invasoras hacia el norte y sur de los hemisferios, desplazando a otros ecosistemas nativos. Esto “es un poco extraño porque [los científicos] siempre asociamos a los manglares con una connotación positiva” desde lo ecosistémico, explica.

Aunque se trata de la primera investigación sobre la migración de los árboles de mangle tierra adentro en México, existen precedentes en otros países como Brasil y en el estado de Florida, en Estados Unidos, donde la tasa de incremento del nivel del mar ha sido de 2.3 milímetros anuales, pero no ha resultado en una reducción a gran escala en los manglares. De acuerdo con Francisco Guerra Martínez, coautor de la investigación, los referentes de Florida y Brasil “nos están mostrando que el proceso está ocurriendo en todo el mundo”.

Reserva Ciénagas y Manglares de la Costa Norte de Yucatán. Foto: Marigel Campos/Gobierno de Yucatán

 

La migración de los manglares

 

México es la cuarta nación con mayor cobertura de manglares en el mundo y cuenta con alrededor del 6% de la extensión global de estos ecosistemas clave: previenen las inundaciones y marejadas ciclónicas, son altamente eficientes para la captura de carbono, son fundamentales para la pesca, debido a que son hábitat de diversas especies de peces, pero también de aves, mamíferos, insectos y anfibios.

Sin embargo, estos importantes ecosistemas están enfrentando impactos causados por el cambio climático. En la zonas subtropicales, las regiones ubicadas al norte y al sur de los trópicos, al aumentar el nivel del mar, debido al calentamiento global planeta, el agua se mueve tierra adentro en zonas bajas o inundables, generando condiciones para que los manglares se establezcan, sobrevivan y crezcan.

Entre 1901 y 2018, el nivel medio del mar aumentó 20 centímetros y la expectativa es que esa tendencia continúe. Algunas proyecciones sugieren que para 2100 el aumento será entre 28 y 55 centímetros, según los cálculos más conservadores respecto a la emisión de gases de efecto invernadero, y entre 63 centímetros y hasta un metro en los escenarios con mayores emisiones, indica el estudio.

“La capacidad de los manglares para responder al aumento del nivel del mar a largo plazo implica un ajuste de su distribución a lo largo de la zona intermareal [la parte de la costa que queda entre las marcas de la marea alta y la marea baja], en una transición hacia zonas más elevadas”, señala la investigación. De hecho, Guerra Martínez le dijo a Mongabay Latam que “cada año podría estar creciendo medio campo de fútbol en la península”.

El fenómeno sugiere que los manglares serán resilientes al aumento del nivel del mar y serán capaces de migrar tierra adentro, aunque para que ello ocurra debe haber una combinación de diversos factores antropogénicos y naturales.

El suelo se transforma

 

El estudio analizó un área de interés conformada por 3 000 000 de hectáreas en cuatro zonas de la península de Yucatán: la Laguna de Términos y el sistema de ríos del Grijalva-Usumacinta; la costa caribeña de Quintana Roo; las regiones kársticas entre Campeche y Yucatán; y en el noreste en la zona de Holbox.

Los investigadores identificaron 79 polígonos donde ocurre la migración de manglar, principalmente en dos áreas: la zona de Laguna de Términos, en Campeche (37 polígonos) y Laguna Conil, en el área de Holbox, ubicada en Quintana Roo (21).

El área de interés del estudio, situada en la península de Yucatán, abarca los estados mexicanos de Campeche, Yucatán y Quintana Roo. Mapa: publicación en Regional Environmental Change

“Estos sitios están asociados con la topografía”, explica Guerra Martínez. Y es que para que se favorezca este desplazamiento tierra adentro, los manglares necesitan un área conectada con otros manglares o humedales. Los científicos identificaron que ciertos procesos microtopográficos, como el arrastre de sedimentos y niveles de marea, pueden ayudar a que se modifiquen otros espacios generando nuevas condiciones para que los mangles se acomoden.

“Pareciera que podríamos pintar a los manglares y decir que les están saliendo literalmente patitas y se están arrastrando. Pero en términos biológicos y ecológicos lo que está ocurriendo es que las condiciones se están modificando en estos nuevos espacios de acomodación», afirma el investigador.

Guerra Martínez explica que «están estableciendo sedimentos y las mareas están ingresando con mayor frecuencia». «Estos cambios incluso son biológicos, porque hay cangrejos que escarban el suelo y están construyendo microhábitats que permiten que las raíces se establezcan”, describe.

Ambas lagunas, la de Términos y la de Conil, se encuentran en Áreas Naturales Protegidas, por lo que de algún modo la migración de los manglares funciona en términos de conservación, dice Guerra Martínez. El problema, precisa, es que el manglar “ya llegó al límite del Área Natural Protegida; si sigue avanzando [la expansión] vamos encontrar un pero y una barrera que podría detener el proceso”.

El peligro de la compresión costera

 

Rioja Nieto explica que “si los manglares no pueden crecer lo suficientemente rápido para contrarrestar la elevación del nivel del mar, tenderán en algunos lados a ir hacia las tierras bajas adyacentes, tierra adentro.

De hecho, algunos habitantes de las zonas costeras aledañas a los ecosistemas de manglar han identificado el proceso de migración en su vida cotidiana. Guerra Martínez narró a Mongabay Latam que en Chicxulub Pueblo, una localidad en Yucatán, colaboró en la medición de los límites de un ejido, una figura de tenencia comunitaria de la tierra.

Durante ese trabajo, se encontró con una especie de zona de “transición” de los límites del ejido compuesta por manglar, pastizales y selva. Lo acompañó una persona que había visitado el área  50 años atrás y que se acordaba de los límites del ejido en ese tiempo. Cinco décadas después, para él era claro el desplazamiento de dos especies hacia tierra adentro: el mangle blanco (Laguncularia racemosa) y el botoncillo (Conocarpus erectus).

El estudio identifica ajustes verticales y horizontales de los manglares para adaptarse a los ecosistemas. En el primer caso, la acumulación de sedimento le permite a los mangles (los árboles de los manglares) crecer con la suficiente velocidad para impedir que se ahoguen por el incremento del nivel del agua. “Pero si el nivel del mar sube mucho más rápido que la capacidad de crecimiento de la planta, lo que pasa es que se pierden esos manglares y buscan naturalmente otras regiones donde expandirse. Se empiezan a meter a otros tipos de ecosistemas como los tulares o incluso hasta en las selvas bajas o tierras que antiguamente se utilizaban para ganado”, explica Rioja Nieto.

La investigación indica que “la migración se produce en zonas adyacentes situadas aguas arriba, sustituyendo a ecosistemas como otros humedales, bosques tropicales y zonas con desarrollo antropogénico”, incluyendo regiones ganaderas o turísticas.

El problema, agrega el experto, es que “si ahí tenemos hoteles, casas, poblaciones, actividades humanas, será limitada su posibilidad de expansión”. Eso podría provocar un fenómeno conocido como “compresión costera”, en la que sube el nivel del mar, al mismo tiempo crece el desarrollo costero, haciendo cada vez más pequeña la franja que le queda disponible al manglar. Para el investigador, esto podría ocasionar un conflicto que afecte la conservación de los manglares.

“Hace muchas décadas alguien decidió que una de las principales actividades económicas de México sería el turismo y le apostaron a estas zonas de donde surgieron Cancún, Los Cabos, Huatulco, Ixtapa. Conforme somos más personas, conforme se necesite más desarrollo, conforme haya más infraestructura, el espacio disponible para que se puedan mover estos importantes ecosistemas va a ser cada vez más limitado”, indica Rioja Nieto.

Barreras antropogénicas como casas, carreteras e infraestructura turística favorecen la compresión costera, reducen la aportación de sedimentos y modifican la configuración geomorfológica local. Estas condiciones podrían incrementarse con el crecimiento acelerado de las ciudades costeras, como Ciudad del Carmen, en Laguna de Términos, en el estado de Campeche, señala el estudio.

Asociado al crecimiento de la ciudad, aumentarán las infraestructuras para controlar las  inundaciones, reduciéndose la superficie disponible para que los mangles puedan migrar. Este escenario de rápido crecimiento urbano se replica en ciudades del Caribe mexicano como Cancún, Playa del Carmen, Tulum y Chetumal, todas en el estado de Quintana Roo.

Ante el panorama de la compresión costera, los autores del estudio indican que deberán considerarse estrategias que atiendan conflictos que pueden surgir entre la actividad antropogénica y la naturaleza, a partir de las migraciones de los manglares tierra adentro.

Una de las ideas es dejar fluir los procesos migratorios de estos ecosistemas, aunque llegará un momento en que el cambio climático obligará a que la migración sea asistida por los humanos, asegura Guerra Martínez.

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Este trabajo fue realizado por Mongabay Latam. Para consultar el contenido original, dar clic aquí.