Culiacán, Sinaloa.- Jesús Enrique Hernández Chávez,“Chuquiqui”, fue alcalde, diputado local, diputado federal, dirigente del PRI, funcionario público y operador partidista. Pero quienes lo conocieron durante décadas lo recuerdan no solo en los pasillos de la política, sino también jugando en el estadio de la Universidad Autónoma de Sinaloa (UAS), rodeado de amigos con quienes había convivido desde antes o durante su paso por distintos cargos públicos.
“El puesto cambiaba, pero siempre volvía a la cancha”, dijo una de las personas consultadas.
Hernández Chávez murió este sábado 8 de agosto. Con él se va uno de los políticos de mayor formación dentro del PRI.
Político de carrera
Aarón Irízar López, ex senador, ex diputado federal y ex presidente municipal de Culiacán, encontró una manera breve para definir Hernández Chávez:
“Un político hecho de carrera y no hecho a la carrera”.
Chuquiqui estudio Derecho y Ciencias Sociales por la Universidad Autónoma de Sinaloa; fue agente del Ministerio Público del Fuero Común en Los Mochis, secretario del Ayuntamiento de Ahome, director general del Instituto de Seguridad Social y Servicios de los Trabajadores de la Educación de Sinaloa y presidente municipal de Culiacán.
También diputado local y federal, presidió el Comité Directivo Estatal del PRI en Sinaloa, ocupó responsabilidades dentro de la CNOP, fue delegado partidista en distintas entidades y encabezó la Federación Nacional de Municipios de México.
Su historia política estuvo atravesada por las transformaciones de un mismo partido.
Le tocó el PRI que concentraba buena parte del poder político del país, pero también alcanzó a ver al partido perder la Presidencia de la República, gobiernos estatales –incluyendo Sinaloa– y espacios de representación popular.
“Nunca se dobló”, dice Irízar al recordar que Hernández Chávez pudo aspirar a posiciones como el Senado o la gubernatura y que no obtenerlas no significó buscar espacio en otro partido.
El formador
Para Martha Tamayo Müller, expresidenta del PRI en Sinaloa, Hernández Chávez era una presencia necesaria para la formación de nuevos perfiles.
“En el partido Jesús Enrique pudiéramos decir que casi creó escuela”, recuerda.
Tamayo Müller no se refiere solamente a las veces que ocupó la presidencia o alguna responsabilidad interna. Cuando no encabezaba una comisión, dice, aún estaba ahí. “Era, simplemente, un asistente habitual de la vida partidista“.
Tamayo recuerda también la buena memoria del político. En reuniones podía recuperar nombres, acontecimientos y episodios de la política sinaloense ocurridos años atrás. En uno de los últimos encuentros de expresidentes del PRI al que asistieron, la conversación llegó hasta antiguos gobernadores.
“Tenía muy buena memoria, sabía muy bien qué tipo de trato darle a cada quien, y lo hacía con mucha simpatía”, relata.
Esa memoria era también su herramienta y fortaleza política, agrega. Durante buena parte de su trayectoria, la política se construyó de esa manera conociendo las estructuras territoriales, con reuniones partidistas, nombres, acuerdos y relaciones acumuladas durante años.
Lourdes Erika Sánchez Martínez, regidora priista, considera que esa experiencia explica su permanencia durante décadas en la vida pública.
“Su liderazgo, su vocación de servicio y su fina manera de hacer política hicieron que siempre tuviera cabida en la vida pública”, señala.
Desde el Congreso de Sinaloa participó además en iniciativas como la creación del Premio al Mérito Juvenil y en reformas relacionadas con el Instituto de Investigaciones Parlamentarias, el servicio civil de carrera y la modernización administrativa del Poder Legislativo.
La ausencia
Pero quienes convivieron con él insisten en recuerdos que no aparecen en las fichas curriculares y que hablan de otra faceta de Chuquiqui.

Su otra pasión fuera de la política era el fútbol.
El futbol. Las reuniones. La facilidad para reconocer a alguien y detenerse a saludar. La conversación sobre políticos que habían muerto años antes.
Para Irízar, su muerte también evidencia un relevo generacional que el PRI no ha terminado de resolver.
“Me preocupa mucho que los jóvenes no entiendan que el futuro no es de nosotros, es de ellos”, dice.
Irízar considera que ocupar un cargo público requiere formación y experiencia, y cuestiona la llegada de personas a diputaciones o senadurías sin una trayectoria previa en la vida política.
Tamayo coincide y añade que la política mexicana se ha deteriorado, y que perfiles como el de Hernández Chávez pertenecieron a una generación que entendía el ejercicio partidista como una profesión que exigía preparación y años de trabajo.
El PRI Sinaloa lo despidió este sábado con honores en su funeral, como parte de una generación que contribuyó a la formación de nuevos cuadros del partido y por su contribución a los cambios y reformas partidistas.

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