Culiacán, Sinaloa.- Reunirse para ver una película, conversar sobre anime, participar en un taller de escritura o asistir a una fiesta son algunas de las formas en que colectivas feministas de Sinaloa construyen espacios de resistencia frente a la violencia, el aislamiento y la circulación de discursos antifeministas.

En Culiacán y Mazatlán, agrupaciones como Amapas del Norte, Bisibles y Periferia Subversiva impulsan encuentros presenciales y virtuales donde las mujeres pueden compartir experiencias, acceder a información y fortalecer redes de apoyo.

Para Mónica Ortega, integrante de Amapas del Norte, estos espacios permiten construir redes relacionadas con el bienestar y la seguridad de las mujeres, pero también reconocer que algunas experiencias que se perciben como problemas individuales forman parte de situaciones compartidas.

“Muchas veces hay situaciones que dejamos pasar como ‘me está pasando a mí individualmente’ y estos espacios permiten platicarlo, ponerlo en palabras y decirle a otra mujer cómo te estás sintiendo”, explicó.

Amapas del Norte comenzó con encuentros virtuales durante la pandemia y posteriormente trasladó sus actividades a espacios presenciales. Las reuniones alrededor de películas, anime y otros intereses se convirtieron también en oportunidades para dialogar desde una perspectiva feminista.

Estos encuentros ocurren en un contexto marcado por la circulación de discursos que desacreditan al feminismo, cuestionan las políticas de igualdad y niegan o minimizan distintas expresiones de violencia contra las mujeres.

La llamada “machósfera” forma parte de este escenario. El artículo Discurso de odio antifeminista en línea: una revisión de sus estrategias comunicativas, de Lorena Chiwerto y María Ruth García Pernía, publicado en Cuadernos del Audiovisual del Consejo Audiovisual de Andalucía, la describe como un conjunto de espacios, páginas y perfiles en internet caracterizados por la exaltación de la masculinidad, la misoginia y la oposición al feminismo.

El estudio identifica entre sus estrategias la desacreditación del movimiento feminista, el cuestionamiento de las políticas de igualdad y el uso de casos mediáticos para alimentar estas narrativas.

Las autoras también observaron que, después de consultar reiteradamente determinados perfiles, las plataformas comenzaban a recomendar cuentas y publicaciones relacionadas, ampliando la exposición de las personas usuarias a estos contenidos.

Frente a discursos que presentan las violencias como situaciones aisladas o exageradas, las colectivas consideran que escuchar a otras mujeres permite reconocer patrones, poner en común experiencias y romper con el aislamiento.

También en Culiacán, Bisibles ha desarrollado cine-debates, fiestas y otras actividades dirigidas principalmente a mujeres sáficas, entre ellas lesbianas, bisexuales y otras mujeres que establecen relaciones afectivas o sexuales con mujeres.

La colectiva genera espacios de convivencia y reflexión sobre experiencias atravesadas por la violencia de género, la lesbofobia y la bifobia.

Korina Cervantes, integrante de Bisibles, explicó que escuchar las experiencias de otras mujeres permite reconocer que algunas situaciones no son hechos aislados.

“Uno piensa: ‘lo que me está pasando, estoy loca, no puede ser’, y ya conforme vamos escuchando a las otras es como de: ‘no nomás me pasa a mí’”, expresó.

Sin embargo, sostener estos espacios se ha complicado por la violencia en Sinaloa. Cervantes señaló que las actividades que antes podían congregar alrededor de 60 mujeres actualmente reúnen aproximadamente a 20, pues algunas prefieren permanecer en sus casas ante el temor de trasladarse o permanecer fuera de ellas.

La reducción de la asistencia ocurre en medio de un periodo de violencia recrudecida desde septiembre de 2024.

De acuerdo con cifras de la Fiscalía General del Estado de Sinaloa, desde entonces se han registrado 3 mil 055 homicidios, 145 feminicidios, de los cuales 55 ocurrieron entre enero y julio de 2026.

Desde Mazatlán, Rita Tirado López, integrante de Periferia Subversiva, colectiva transfeminista e interseccional que brinda acompañamiento a personas víctimas de violencia, consideró que mantener estos encuentros también representa una forma de resistencia comunitaria.

Tirado señaló que las colectivas han tenido que ampliar sus labores ante el recrudecimiento de la violencia y acompañar procesos que van más allá de aquellos relacionados exclusivamente con las mujeres.

Para ella, reunirse permite fortalecer vínculos, generar memoria colectiva y organizar respuestas frente a distintas expresiones de violencia.

“Yo creo que frente al fascismo, la organización colectiva, no hay más”, expresó.

Las redes, añadió, no necesariamente comienzan con grandes movilizaciones. Pueden construirse mediante una charla virtual, una reunión para pintar o ver una película, talleres de escritura, grupos de lectura, fiestas o protestas.

Para las integrantes de las tres colectivas, sostener estos espacios significa resistir al aislamiento, reconocer las experiencias compartidas y mantener vínculos comunitarios frente a escenarios adversos tanto dentro como fuera de internet.

MÁS SOBRE DERECHOS HUMANOS