Culiacán, Sinaloa.- La última vez que Rosa Lidia Félix habló con su hijo fue la noche del 31 de octubre de 2024. Jesús Tomás Félix Félix saldría de casa para visitar a un amigo en La Campiña. Le dijo que estaría ahí solamente un rato.

Antes de irse, Jesús Tomás había pasado la tarde entregando dulces a los niños que acudían por Halloween. Durante los días anteriores había evitado salir debido a la situación de violencia que se vivía en Culiacán desde un mes antes, cuando comenzó la “guerra” entre dos grupos del cartel de Sinaloa, pero esa noche consideró que las cosas se habían calmado.

“Me dijo: ‘Mamá, tiene como unos tres días medio calmadito, ¿verdad?’. Yo le dije: ‘Sí, hijo, esto ya va a pasar’. Me dijo que tenía ganas de ver a su amigo, que iba a ir a saludarlo un ratito a La Campiña. Le dije: ‘Con mucho cuidado, hijo’. Fue lo último que hablé con mi hijo”, recuerda Rosa Lidia.

Jesús Tomás salió con pocas pertenencias. Dejó en casa su cartera, su cangurera y la mayor parte de su dinero. Solamente tomó su licencia de conducir y unos 500 pesos para pasar el rato con un amigo.

A las 10:15 de la noche, Rosa Lidia le envió un mensaje por WhatsApp para preguntarle si todo estaba bien. Jesús Tomás respondió que sí. Después de eso se perdió la comunicación.

De acuerdo con el relato de su madre, permaneció un par de horas con su amigo y alrededor de la 1:40 de la madrugada se retiró a bordo de un automóvil Nissan Versa 2019, color gris. Se dirigía hacia su casa, ubicada en el fraccionamiento Andalucía, pero nunca llegó. Tampoco se ha localizado el vehículo.

Una madre siguiendo el rastro de su hijo

 

Durante los días posteriores a la desaparición, Rosa Lidia comenzó a recorrer la ruta por la que habría transitado su hijo. Caminó por La Campiña y tocó las puertas de las casas con cámaras de seguridad visibles para pedirles los videos.

Las personas que encontró en el camino, cuenta, le permitieron revisar los videos. En algunos de ellos logró observar el automóvil de Jesús Tomás, así como la hora en que pasó por determinados puntos.

La señora también solicitó a la Fiscalía General del Estado las grabaciones de cámaras ubicadas en bancos de la zona. Sin embargo, asegura que recibió ese material más de un año después y que los videos estaban editados.

“Yo soy la que más interés tiene en eso. Me fui caminando la ruta por donde salió mi hijo y tocando puertas en las casas particulares que tenían cámaras. Tuve mucho apoyo porque, sin conocerme, la gente me entregó videos y sí se ve por dónde pasa mi hijo y la hora”, relata.

Rosa Lidia afirma que también pidió obtener las coordenadas, la geolocalización y el registro detallado de llamadas del teléfono de su hijo, así como información de su Apple Watch. Según su testimonio, las solicitudes fueron ignoradas.

Ante la falta de avances, contrató por su cuenta a una persona experta en computación para rastrear y monitorear los dispositivos conectados a la nube de Apple.

“Yo pagué por toda esa información de manera particular. Quedaron en que lo iban a hacer los de Fiscalía, pero jamás lo hicieron. Todo lo que hay en la carpeta, las coordenadas y las búsquedas solicitadas, ha sido porque yo lo saco, yo lo solicito y yo salgo a la búsqueda”, señala.

La madre de Jesús Tomás sostiene que la información tecnológica debió obtenerse durante las primeras horas posteriores a la desaparición, cuando todavía existía la posibilidad de localizarlo rápidamente.

También solicitó información sobre las cuentas bancarias de su hijo, con la esperanza de que se hubieran registrado movimientos después de su desaparición. Pero casi dos años después, recibió un documento en blanco en el que se indicaba que Jesús Tomás no era cliente de una institución bancaria, pese a que ella conserva sus tarjetas.

“Yo mandé ante un juez solicitar todos los accesos a las tarjetas de mi hijo y no se me entregaron. La que se me entregó fue hace como tres meses y venía en blanco, decía que no era cliente del banco, cuando yo aquí tengo las tarjetas de mi hijo”, explica.

Ficha de búsqueda de Jesús Tomás Félix Félix

“A mí ya se me agotaron las coordenadas”

 

Rosa Lidia no pertenece a un colectivo, pero desde los primeros días se ha sumado a distintas organizaciones de madres buscadoras, sobre todo en jornadas en las que han sido localizadas fosas clandestinas, entre ellas unas encontradas en Mocorito. De acuerdo con los datos de los dispositivos de Tomás, se lo habrían llevado hacia ese municipio.

En cada hallazgo teme que alguno de los cuerpos recuperados sea el de su hijo, por eso solicitó que se realizaran comparaciones genéticas con los restos encontrados en esa zona.

“A mí ya se me agotaron las coordenadas, ya se me agotaron las búsquedas. Les pregunté: ‘Ustedes, como encargados de la investigación de la carpeta de mi hijo, ¿qué me sugieren? ¿No tienen alguna línea para decirme: señora, vamos a buscar aquí o vamos por acá?’. No me respondieron, se quedaron callados”, cuenta.

La madre asegura que continúa buscando por iniciativa propia y solicitando acompañamiento para ingresar a los puntos que considera relevantes.

“Me tienen muerta en vida”

 

A casi dos años de la desaparición, decidió hacer pública una carta a la Presidenta Claudia Sheinbaum Pardo para exigir que la Fiscalía General de Sinaloa retome el caso y utilice las herramientas tecnológicas disponibles para localizar a su hijo.

“Estoy muy desesperada porque no hay avances. Hay puras omisiones por parte de la Fiscalía. Yo veo a la Fiscalía muy tranquila, como que no pasa nada”, señala.

Durante los últimos meses, la señora Rosa Lidia se alejó de las redes sociales y de las actividades que realizaba para difundir la búsqueda. Dice que atraviesa una depresión y que su estado físico y emocional se ha deteriorado.

“Esta incertidumbre en la que vivimos me tiene muerta en vida. Este dolor que estoy pasando no se lo deseo a nadie”, expresa

Rosa Lidia comenzó a orientar a otras familias durante las primeras horas de una desaparición. Se ha vuelto asesora pro bono. Comparte contactos y explica a familiares de personas desaparecidas los pasos que ella siguió para obtener videos, rastrear dispositivos y solicitar información.

Su exigencia es que las autoridades actúen desde el momento en que se reporta una desaparición y agoten las herramientas de investigación disponibles.

“Quisiera que se activaran, que si en realidad les importan los desaparecidos usen todos los métodos. La inteligencia está muy avanzada y cuentan con ella. No entiendo por qué no lo hacen”, reclama.

Desde el 1 de noviembre de 2024, Rosa Lidia sigue esperando que Jesús Tomás regrese a casa, pues aquella vez le dijo que “tardaría unas horas”, pero pareciera, dice, que el reloj se detuvo.

“Mi hijo no llevaba su cartera ni sus cosas. Solamente agarró su licencia y un poco de dinero. Como que dijo: ‘Ahorita vengo’. A mi hijo no lo fueron a buscar a su casa; a mi hijo se lo encontraron. Pasó por el lugar y a la hora inoportuna. Quiero a Tito de vuelta”, señala.