El fenómeno de El Niño continúa fortaleciéndose en el océano Pacífico y podría alcanzar una intensidad excepcional durante el otoño y el invierno de 2026-2027, con posibles efectos en las lluvias, temperaturas, huracanes, sequías, incendios forestales, producción de alimentos y calidad del aire en México.

El llamado “Súper Niño” no constituye una categoría oficial, sino un término utilizado para describir episodios de El Niño que alcanzan una intensidad muy fuerte o histórica. Este fenómeno meteorológico es la fase cálida de un patrón climático natural conocido como El Niño-Oscilación del Sur. Se presenta cuando las temperaturas de la superficie del mar en el Pacífico ecuatorial central y oriental permanecen por encima de sus valores habituales. Ese calentamiento modifica la circulación atmosférica y puede alterar los patrones de lluvia y temperatura en distintas regiones del planeta.

La Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA, por sus siglas en inglés) confirmó en junio la formación del fenómeno y anticipó que se intensificaría durante los meses siguientes, esperándose que incluso se extienda hasta la primavera de 2027, con efectos importantes.

El organismo también estimó una probabilidad de 69 por ciento de que, entre octubre y diciembre, alcance una magnitud histórica y supere la intensidad de los episodios registrados desde 1950. Esto ocurriría si la anomalía térmica promedio llega a 2.5 grados Celsius o más durante tres meses.

Sin embargo, la NOAA aclaró que la intensidad de El Niño no determina de manera automática la magnitud de sus efectos. Un episodio más fuerte eleva la posibilidad de que se presenten impactos asociados con el fenómeno, pero no garantiza que ocurran de la misma forma en todas las regiones.

¿Qué efectos podría tener el “Súper Niño” en México?

 

Especialistas del Instituto de Ciencias de la Atmósfera y Cambio Climático (ICAyCC) de la Universidad Nacional Autónoma de México advirtieron que el evento climático en formación puede generar efectos diferenciados en el territorio nacional entre los últimos meses de 2026 y la primera mitad de 2027.

“Es importante aumentar la vigilancia y la preparación. Los impactos dependerán de la región. Pueden favorecerse lluvias por encima de lo normal en partes del norte y occidente durante otoño e invierno, y a comienzos de la primavera es posible que se eleve la probabilidad de condiciones más secas en amplias zonas del centro, sur y sureste del país”, afirmó el científico Alejandro Jaramillo Moreno.

Por su parte, el científico Jorge Zavala Hidalgo detalló que entre los posibles efectos se encuentran un aumento de la temperatura en regiones del norte durante septiembre y un incremento del contenido de calor oceánico en el Pacífico mexicano entre septiembre y diciembre.

También podría elevarse la probabilidad de presencia de huracanes de categoría mayor entre septiembre y noviembre, además de registrarse más frentes fríos, de mayor severidad y duración, durante la próxima temporada de otoño-invierno.

Sequías, incendios y mala calidad del aire en 2027

 

Los posibles impactos del “Súper Niño” abarcan desde lluvias intensas y huracanes mayores hasta sequías, incendios, calor extremo y afectaciones a la producción de alimentos. Por ello, los especialistas señalaron la necesidad de mantener la vigilancia meteorológica, fortalecer las alertas tempranas y preparar medidas diferenciadas para cada región del país.

Las proyecciones para México durante 2027 incluyen:

  • De enero a marzo, la elevación de la precipitación en el noreste.
  • De febrero a junio, alza del número de incendios.
  • De abril a junio, la disminución de lluvias en el centro, sur y sureste.
  • De abril a junio, probable sequía en el centro, sur y sureste.
  • Mayor número de días con mala calidad del aire en las ciudades especialmente.

 

Zavala Hidalgo señaló que los tres niveles de gobierno deben adaptar refugios para atender a la población durante las ondas de calor. Estos espacios deberán contar con condiciones frescas, capacidad de hidratación y atención médica.

También recomendó que la población se mantenga hidratada y evite exponerse a la radiación solar cuando las temperaturas sean elevadas, principalmente niñas, niños, mujeres embarazadas y personas adultas mayores.

El ICAyCC planteará recomendaciones junto con otras instancias de la UNAM, entre ellas la Facultad de Arquitectura, para dar seguimiento a El Niño durante 2026 y 2027. Además, buscará establecer colaboraciones con el sector salud, protección civil y el Servicio Meteorológico Nacional para enfrentar sus posibles efectos.

Por ejemplo, entre las medidas urgentes se plantea despavimentar zonas con exceso de cemento, así como pintar las azoteas de blanco para reducir la absorción de calor y mitigar el aumento de las temperaturas urbanas.

El campo y la seguridad alimentaria

 

La bióloga Carolina Ureta Sánchez advirtió que los efectos del fenómeno también pueden convertirse en un problema de seguridad alimentaria, debido a que las lluvias escasas o extremas pueden afectar la agricultura y la ganadería.

“La pregunta no es solamente cuánto va a llover, sino quién tiene las herramientas para enfrentar lo que ocurra cuando la lluvia no llegue o lo haga de manera extrema en el campo o zonas ganaderas”, explicó.

La especialista propuso utilizar sistemas de alerta temprana y enviar información regional a productores de maíz en estados como Oaxaca y Guerrero, con el objetivo de que puedan decidir qué semillas utilizar y en qué momento sembrarlas.