Este 9 de septiembre de 2026, se cumplen dos años desde el inicio de la crisis de violencia en Sinaloa, producto del estallido de la guerra interna del cártel de Sinaloa. El alza en la criminalidad, así como una reducción en la inyección de capitales de origen ilegal a la economía del estado, han dejado tras de sí afectaciones al comercio y menores flujos en un amplio abanico de actividades.
“Hay que reconocer que, en materia económica, yo creo que esta es la peor crisis que Sinaloa ha vivido en su historia reciente. Según los cálculos que se han hecho por parte de otros colegas, a estas alturas ya se puede hablar de pérdidas económicas de alrededor de 500 mil millones de pesos“, explica Jorge Rafael Figueroa Elenes, maestro en Ciencias Económicas por el Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE), y académico de la Universidad Autónoma de Sinaloa.
Para Figueroa, los indicadores económicos de Sinaloa no permiten vislumbrar, hasta ahora, un panorama favorable, a menos que se impulsen acciones encaminadas a diversificar las actividades productivas. Explica que una de las principales limitaciones del estado es la debilidad de su tejido productivo en las cadenas de valor, debido al predominio de actividades como el sector primario y el comercio, sin que hasta ahora se hayan consolidado sectores capaces de detonar un crecimiento sostenido.
Esta estructura productiva habría contribuido a que la economía sinaloense fuera particularmente vulnerable al impacto de la violencia, al depender en gran medida de actividades con menor capacidad para generar valor agregado y resistir choques externos.
Desde el inicio de la crisis de criminalidad, Culiacán se ha mantenido como el epicentro de la espiral delictiva en Sinaloa. La capital del estado concentra, además, más de un tercio de las unidades económicas de la entidad. A partir del segundo semestre de 2026, Mazatlán, principal destino turístico de Sinaloa, ha comenzado a experimentar un repunte alarmante de la violencia, lo que añade presión a una actividad económica que ya enfrentaba importantes afectaciones en el sur del estado.
“Culiacán y Mazatlán no solamente no se han recuperado, sino que siguen presentando indicadores negativos cada vez más altos. Hay versiones distintas sobre cuantas empresas han cerrado, pero ya se calculan cerca de 80 mil empleos que se han perdido, principalmente en el sector de comercios y servicios. Los indicadores también advierten una caída en el sector de la construcción”, menciona.
El cálculo de 500 mil millones de pesos en pérdidas brindado por Figueroa contabilizaría únicamente los ingresos que las empresas que operan en Sinaloa han dejado de percibir. Sin embargo, si a esta estimación se sumara el deterioro de los ingresos de los hogares, el impacto económico de la crisis podría ser considerablemente mayor.
La magnitud de la crisis: los trabajadores como los principales perdedores
Los ingresos laborales en Sinaloa cayeron 3.4% durante el segundo trimestre de 2026, mientras que la pobreza laboral aumentó a 28.3% de la población. En ese mismo periodo, 7 de las 11 actividades económicas registraron retrocesos en sus remuneraciones.
A la par de la caída de los ingresos laborales, el mercado de trabajo en Sinaloa ha mostrado un deterioro generalizado en sus condiciones de ocupación.
Durante el segundo trimestre de 2026, la población ocupada del estado disminuyó a 1 millón 405 mil 556 personas, 43 mil 516 trabajadores menos que en el mismo periodo de 2025. Este deterioro se tradujo en un incremento de la población desocupada, que sumó 44 mil 420 personas, elevando la tasa de desocupación estatal a 3.1%, frente al 2.2% registrado un año antes.
La desocupación afectó con mayor severidad a las mujeres, cuya tasa alcanzó 3.6%.
Quienes lograron mantener un empleo también enfrentaron condiciones más precarias. La Tasa de Condiciones Críticas de Ocupación (TCCO) pasó de 20.8% a 26.9%, mientras que la tasa de informalidad laboral (TIL1) escaló a 49%, equivalente a alrededor de 689 mil sinaloenses.
La crisis también ha impulsado una reconfiguración del mercado laboral hacia el autoempleo y los micronegocios. El número de trabajadores subordinados y remunerados cayó en 64 mil 925 personas, mientras que los trabajadores por cuenta propia aumentaron en 25 mil 628.
De igual forma, el empleo en pequeños establecimientos se contrajo en 27 mil 542 plazas, mientras que los micronegocios absorbieron a 35 mil 323 personas adicionales, principalmente bajo condiciones de informalidad.
Por sectores, el terciario fue el más golpeado, con una pérdida neta de 18 mil 658 ocupados. Dentro de este, el comercio concentró la mayor caída, con 24 mil 685 trabajadores menos.
Menos empleo formal y contracción de la economía subterránea
En el ámbito formal, los registros del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) confirman el deterioro del mercado laboral. Al cierre de junio de 2026, Sinaloa reportó 566 mil 980 puestos de trabajo formales, lo que representa la destrucción de 17 mil 871 empleos entre junio de 2024 y junio de 2026.
Durante el primer trimestre de 2026, Culiacán lideró la pérdida de plazas, con la desaparición de 7 mil 731 registros laborales, seguido por Guasave, con 2 mil 449, y Mazatlán, con 1 mil 590 empleos perdidos.
Para María Manjarréz, vicepresidenta del Colegio de Economistas del Estado de Sinaloa, la pérdida de puestos de trabajo remunerados es una señal de que la economía local se está “desinflando”.
“La economía de Sinaloa estaba muy inflada por la economía subterránea”, explica Manjarréz. La economista señala que la disminución en los flujos de capital de origen ilegal está forzando una estabilización de la actividad económica hacia niveles que considera más reales, lo que, a su vez, contrae el presupuesto y el consumo de los hogares sinaloenses.
Miedo, cierre de negocios y el éxodo de la fuerza laboral sinaloense
El impacto social de la violencia también ha reducido el tamaño efectivo de la fuerza laboral. Entre 2024 y 2025, la Población Económicamente Activa (PEA) de Sinaloa se contrajo en más de 122 mil 400 personas.
En Culiacán, la encuesta de percepción ciudadana “Lo que piensa Culiacán” reveló que más de la mitad de la población ha considerado mudarse o cambiar de colonia debido a la inseguridad.
Esta parálisis social también ha provocado una elevada mortandad empresarial. Durante 2025, Sinaloa perdió en promedio 2 mil 347 empleadores registrados ante el IMSS, con las microempresas entre las más afectadas.
La magnitud de esta desaparición de negocios incluso supera el comportamiento registrado durante la crisis sanitaria de 2020 por el coronavirus, cuando, pese a las restricciones, el estado registró un saldo neto positivo de 681 nuevos empleadores.
El golpe a la agricultura y el turismo
La vulnerabilidad de la economía sinaloense también está relacionada con su dependencia de sectores altamente expuestos a variaciones en el entorno.
En 2025, un crecimiento de casi 25% en las actividades agrícolas al cierre del año permitió a Sinaloa registrar un crecimiento económico general de 3%, colocándose en el tercer lugar nacional.
Sin embargo, esa recuperación se disipó al comenzar 2026. Durante el primer trimestre, Sinaloa registró una caída anual de 1.2% y un desplome trimestral de 4.5% en el Indicador Trimestral de la Actividad Económica Estatal (ITAEE), el peor desempeño y la mayor contracción entre las entidades del país, debido principalmente al retroceso del sector agropecuario.
El turismo tampoco ha quedado al margen de la crisis. Tras el repunte de la violencia en el sur del estado, las actividades de alojamiento temporal y preparación de alimentos y bebidas registraron una caída de 11.1% a inicios de 2026, la mayor entre las actividades económicas de la entidad.
El robo de vehículos, los homicidios y las desapariciones forzadas han obligado a establecimientos a reducir sus horarios de operación y limitar la actividad nocturna.
La apuesta por una economía más compleja
Para Jorge Rafael Figueroa Elenes, la actual coyuntura, aunque representa un golpe económico para Sinaloa, también puede convertirse en una oportunidad para enfrentar rezagos estructurales acumulados desde la década de 1980, periodo a partir del cual el estado ha crecido por debajo de la media nacional.
El economista, quien participa en el equipo técnico multisectorial del Consejo para el Desarrollo Económico de Sinaloa (CODESIN) para el diseño de un plan económico de largo plazo, señala que Sinaloa se ha especializado históricamente en actividades poco complejas y de bajo valor agregado.
Frente a este escenario, el plan de largo plazo plantea una estrategia de diversificación y sofisticación productiva a través de dos vertientes principales.
La primera consiste en la sofisticación de las actividades primarias, aprovechando la experiencia agrícola del estado para avanzar hacia una agroindustria con mayor valor agregado.
La segunda busca una mayor integración regional y desarrollo de proveeduría, aprovechando la cercanía con Sonora y Chihuahua, entidades que cuentan con polos industriales de mayor complejidad, para convertir a las pequeñas y medianas empresas sinaloenses en proveedoras de insumos y servicios para esas industrias.
El objetivo, plantea Figueroa, es que Sinaloa deje atrás la dependencia de actividades de bajo valor agregado y construya una estructura productiva más diversificada, sofisticada y capaz de resistir futuros choques internos y externos.

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