Culiacán, Sinaloa.- En Sinaloa, contar historias de violencia implica acercarse todos los días al dolor de familias que buscan a personas desaparecidas, enfrentan el asesinato de un ser querido o intentan reconstruir sus vidas después de un hecho violento. En un estado que desde septiembre de 2024 vive una escalada de violencia asociada a la disputa entre dos facciones del crimen organizado, el periodismo enfrenta también la pregunta de cómo narrar ese dolor sin revictimizar, generar falsas expectativas o aumentar los riesgos para quienes cuentan sus historias.

Entonces: ¿Cómo se cubre el dolor cuando la violencia también atraviesa a quienes ejercen el periodismo?

Esa fue una de las reflexiones planteadas por el periodista, investigador y fundador del medio independiente Zona Docs, Darwin Franco, durante el segundo día del Festival ESPEJO 2026, en el taller “Cómo cubrir el dolor”.

Para Franco, una de las primeras herramientas de quienes cubren violencia es reconocer que tampoco son ajenos a ella. El reconocerse en desde la empatía, lo cual marca la diferencia y ayuda a reconocer el otro desde la humanidad.

“Uno tiene que ser muy consciente de sus propios dolores y tener muy claro la manera en cómo la violencia te ha tocado a ti”, explicó.

Reconocer esa experiencia permite a las y los periodistas identificar cómo les afecta aquello que cubren y, también, preguntarse si se encuentran en condiciones de continuar con una cobertura.

Pero cubrir el dolor también exige entender que no todas las víctimas necesitan el mismo tratamiento. No es lo mismo acompañar periodísticamente a una familia cuyo integrante fue asesinado que documentar la búsqueda de una persona desaparecida o el feminicidio de una mujer.

En el caso de las desapariciones, Franco plantea una forma particular de aproximarse a las familias y es el trabajar desde la esperanza y hablar de la persona desaparecida en tiempo presente, bajo la presunción de que será localizada con vida.

“Uno tiene que, al igual que ellos, construir desde la esperanza”, señaló.

Sin embargo, esa esperanza no debe confundirse con promesas. Para Franco, la honestidad con las fuentes es una de las responsabilidades centrales del periodismo, especialmente cuando las personas entrevistadas depositan su confianza en quien cuenta su historia.

“Ninguna nota regresa a una persona desaparecida, ni ninguna nota, por sí misma, garantiza automáticamente la justicia para las familias”, sostuvo.

Por ello, una cobertura no debe presentarse como una vía para conseguir una respuesta de las autoridades o garantizar la localización de una persona. El compromiso periodístico, explicó, está en contar la historia con dignidad, respetar la memoria de las víctimas y su palabra.

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El taller formó parte del Festival ESPEJO 2026.

A esa responsabilidad se suma otra que es sumamente importante en contextos de violencia criminal, como es el caso de Sinaloa, y es el identificar los riesgos que una publicación puede provocar. Ya que, explicó el periodista, la información publicada puede colocar a una familia en una situación de mayor vulnerabilidad. Mencionar nombres, relaciones, señalamientos o posibles vínculos puede tener consecuencias que van más allá de la nota.

“Hay mucha responsabilidad en lo que decimos, pero también en lo que emitimos”, planteó Franco.

En un escenario como el de Sinaloa, agregó, esta precaución adquiere una dimensión particular. La cobertura no debe contribuir a colocar a las víctimas en uno u otro lado de una disputa criminal ni sugerir que pertenecen a determinado grupo.

“Solamente hablamos de víctimas, de personas y hay que cuidar eso por la familias y por uno mismo como individuo y periodista”, señaló.

Cubrir el dolor, entonces, no consiste únicamente en conseguir un testimonio o narrar una tragedia. Implica sostener una escucha activa, comprender el contexto, reconocer los propios límites, evaluar los riesgos y ser honestas y honestos con quienes depositan su confianza en el periodismo.

Concluyó apuntando que en un estado donde la violencia se ha prolongado durante más de dos años, la pregunta no es solamente cómo contar lo que está ocurriendo, sino cómo hacerlo sin que la cobertura termine produciendo más dolor o poniendo en riesgo a quienes ya viven con él.

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