Culiacán, Sinaloa.- ¿Desde dónde estamos narrando? ¿Qué relaciones de poder atraviesan el territorio que estamos cubriendo? ¿Quiénes producen el conocimiento sobre lo que ocurre y quiénes son escuchades? Estas son algunas de las preguntas que pueden acompañar el trabajo periodístico cuando se busca cubrir un territorio desde una perspectiva de género.
Durante el Festival ESPEJO 2026, la periodista Dalia Souza impartió el taller “Género y Territorio”, en la Sala de Arte de la Universidad Autónoma de Occidente, donde compartió herramientas para construir coberturas desde una perspectiva feminista y de derechos humanos.
Para Souza, el primer paso es reconocer desde dónde se ejerce el periodismo. Frente a la idea tradicional de que quien informa debe ser completamente imparcial, planteó la necesidad de posicionarse desde convicciones claras y reconocer que las y los periodistas también forman parte de los contextos que narran.
En un país atravesado por violencia de género, crisis de derechos humanos, agresiones contra la prensa, censura y ataques contra personas defensoras, la periodista planteó que el periodismo también tiene una responsabilidad social.
A partir de las herramientas compartidas durante el taller, estas son algunas claves para cubrir el territorio con perspectiva de género.

Los asistentes al taller realizaron actividades para repensar el género y el territorio.
1. Entender el territorio como cuerpo-territorio
Una de las herramientas propuestas es superar la idea de que el territorio es solamente un mapa, una superficie geográfica o un recurso económico.
El concepto cuerpo-territorio plantea que lo que ocurre en el entorno también impacta directamente en los cuerpos de quienes lo habitan.
La contaminación, el despojo, la violencia o la transformación del territorio tienen consecuencias concretas en la vida cotidiana. Estos impactos pueden ser diferenciados y afectar de manera particular a mujeres y disidencias que sostienen buena parte de la vida comunitaria.
Para el periodismo, esta mirada permite preguntarse no solamente qué está ocurriendo en un territorio, sino qué está provocando ese proceso en los cuerpos y en la vida de las personas que lo habitan.
2. Reconocer la experiencia como conocimiento
Otra de las herramientas abordadas fue la teoría viva.
Esta propuesta cuestiona que el conocimiento legítimo provenga únicamente de libros académicos, investigaciones institucionales o análisis realizados desde fuera de las comunidades.
La experiencia directa también produce conocimiento.
Los testimonios, las experiencias cotidianas y la manera en que las personas explican su propia realidad permiten comprender lo que ocurre desde dentro del territorio.
Para quien hace periodismo, esto implica escuchar a las personas no únicamente como fuentes que proporcionan datos para una historia, sino como personas que poseen conocimientos sobre el lugar que habitan y sobre las violencias, transformaciones y resistencias que atraviesan.
La pregunta, entonces, cambia de “¿qué puedo obtener de esta fuente para mi nota?” a “¿qué conocimiento está produciendo esta persona desde su experiencia?”.
3. Cuestionar la idea de neutralidad
La tercera herramienta es la intersubjetividad política, que rompe con la idea tradicional de que existe una persona investigadora o periodista que observa desde una posición superior a un “objeto de estudio”.
Desde esta perspectiva, tanto quien investiga como quien comparte su historia son sujetes con voz, posturas políticas y conocimientos propios.
El conocimiento no se “extrae” de una persona para convertirlo en información periodística. Se construye entre ambas partes.
Esto también obliga a revisar la relación que se establece con las fuentes: cómo se llega a ellas, qué preguntas se hacen, qué información se utiliza, cómo se representa su experiencia y qué lugar ocupa su voz dentro de la historia.
¿Por qué importa la perspectiva de género?
Las herramientas propuestas por Souza parten de reconocer que la violencia de género es estructural y se reproduce en distintos espacios: el íntimo, privado, público y político.
La desigualdad histórica entre hombres y mujeres se sostiene mediante relaciones de poder, roles y prácticas de control que atraviesan la vida social.
Por eso, una cobertura con perspectiva de género también implica buscar las causas estructurales de la desigualdad y no presentar las violencias como hechos aislados.
Las mujeres, por ejemplo, no son vulnerables por naturaleza. Son determinados escenarios de desigualdad los que pueden colocarlas en contextos de vulneración.
Desde el periodismo, esto significa preguntarse qué condiciones hicieron posible una violencia, qué instituciones tienen responsabilidad, qué relaciones de poder existen y qué consecuencias diferenciadas enfrentan las personas involucradas.
Nombrar para no olvidar
Para Souza, reconocer esta realidad también implica asumir la responsabilidad social del periodismo: nombrar, visibilizar y denunciar las violencias.
La cobertura puede contribuir a exigir justicia, documentar la actuación de las autoridades y dejar registro de las violencias, pero también de las resistencias.
En ese sentido, el periodismo puede convertirse en un archivo histórico de aquello que ocurre en los territorios y de las respuestas -o ausencias- de las instituciones.

Asistentes al taller de Dalia Souza en el Festival ESPEJO 2026.
Cubrir con perspectiva de género, entonces, no consiste únicamente en cambiar algunas palabras dentro de una nota.
Implica cambiar la mirada sobre el territorio, reconocer los conocimientos de quienes lo habitan y cuestionar las relaciones de poder desde las que se construyen las historias.

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