Culiacán, Sinaloa.- Una fotografía puede durar más que la noticia que la originó. Puede convertirse en el registro de un hecho, recuperar la memoria de una comunidad y, con el paso de los años, servir para recordar aquello que ocurrió.
Para la fotoperiodista Lucía Flores, especializada en derechos humanos, desaparición de personas y política, esa es una de las principales responsabilidades de hacer fotografía en contextos de violencia o vulneraciones de derechos.
“Dejamos el testimonio visual de que esto está pasando, de que hay algo que sí está sucediendo”, explica.
Flores es fundadora y codirectora de Agencia Obturador MX y actualmente trabaja como fotógrafa en El Financiero, además de colaborar con A dónde van los desaparecidos. Egresada de Ciencias de la Comunicación por la UNAM, su trabajo ha sido publicado en medios como The Washington Post, Bloomberg Businessweek, AFP y El Universal.
Desde su experiencia, una imagen puede ser el primer contacto con una historia y llevar a una persona hacia una investigación o un reportaje. Pero su valor no termina cuando deja de circular.
“Esa fotografía se vuelve un documento social al paso de los años”, plantea.
En coberturas de derechos humanos, esa dimensión obliga a pensar también en cómo se construye la imagen y qué consecuencias puede tener para quienes aparecen en ella. Flores señala que antes de llegar a una cobertura es necesario conocer el tema y el territorio.
La preparación implica identificar actores, posibles riesgos y las condiciones del lugar, pero también pensar en la seguridad de las personas que serán retratadas. Para Flores, el trabajo periodístico no puede limitarse a conseguir una imagen.
“Si bien somos periodistas, sí tenemos la responsabilidad de pensar cómo es que nuestro trabajo impacta a quienes, por ejemplo, retratas”, señala.
Uno de los dilemas aparece cuando una persona no quiere ser fotografiada o solicita que su rostro no sea mostrado. En esos casos, considera necesario buscar otras maneras de contar visualmente la historia.
“Si la persona te lo está pidiendo es por algo”, afirma.
La fotografía puede ser reproducida y llegar a lugares distintos de aquel donde fue tomada, por lo que construir memoria visual también implica asumir las consecuencias de esa imagen.
A esto se suma el impacto que las coberturas pueden tener en quienes las realizan. Flores considera que el autocuidado físico y emocional debe formar parte de la preparación periodística.
“Si yo no estoy bien emocional ni física, ni mentalmente, pues no voy a hacer una chamba, no voy a hacer la mejor chamba del mundo”, dice.
Para la fotoperiodista, esta reflexión es relevante en un contexto donde las áreas de fotografía de algunos medios se han reducido y reporteros y reporteras producen cada vez más sus propias imágenes. Por ello, considera necesario conocer otras posibilidades para desarrollar y publicar proyectos, desde medios internacionales hasta becas y trabajos de largo aliento.
La fotografía, plantea, no funciona únicamente como acompañamiento de un texto. Puede abrir una historia, acercar a las personas a una problemática y construir memoria sobre lo ocurrido.
Como parte del Festival ESPEJO 2026, Lucía Flores impartirá el taller de fotoperiodismo el próximo 8 de octubre a las 09:00 horas en el Jardín Botánico de Culiacán, con entrada gratuita. El espacio abordará planeación de coberturas, autocuidado, experiencias del ejercicio fotográfico, defensa de trabajos ante editores y editoras y alternativas para publicar proyectos.

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