Culiacán, Sinaloa.- Cubrir un territorio implica mucho más que llegar a un lugar, registrar lo que ocurre y regresar a la redacción. Para la periodista y fotoperiodista independiente Lilia Balam, hacer periodismo desde lo local requiere conocer a las comunidades, cuestionar los estereotipos con los que suelen ser narradas y buscar también las historias de resistencia.

Ese fue uno de los planteamientos centrales del taller “Cómo cubrir el territorio”, impartido por Balam durante el tercer día del Festival ESPEJO 2026, cuyas puertas se abrieron en esta ocasión para recibir a las y los participantes en la redacción de Revista ESPEJO.

Bajo la premisa de que “la cobertura periodística hiperlocal es una poderosa herramienta de defensa territorial”, Balam invitó a quienes ejercen el periodismo a despegarse de los lugares comunes y de las narrativas dominantes que reducen a las comunidades a estereotipos relacionados con la violencia, la pobreza o el conflicto.

“No somos un estereotipo”, fue una de las ideas planteadas durante el taller, en el que también destacó la importancia de partir del conocimiento del territorio y de quienes lo habitan, en lugar del cliché impuesto desde fuera. En pocas palabras, Balam invitó a evitar la exotización y ver más allá.

“En ocasiones un problema que parece pequeño puede ser un gran problema o una gran historia, por eso debemos ir más allá y utilizar nuestras vivencias y el cómo esas cosas nos atraviesan en nuestro territorio”, explicó la periodista.

La propuesta implica mirar más allá de los hechos que estallan en la superficie y preguntarse qué hay detrás de ellos. Para comenzar una historia, explicó, se necesita identificar un problema concreto, un enfoque específico y una fuente directa, es decir, escuchar a quienes viven de manera cotidiana aquello que se pretende contar.

La cobertura territorial también requiere entender que los problemas no ocurren de manera aislada. Durante el taller se abordó la interseccionalidad como una herramienta para comprender las conexiones entre fenómenos como la industria turística, el despojo territorial y los derechos comunitarios.

Desde esta perspectiva, el trabajo periodístico no termina con encontrar una historia. Balam compartió un proceso que comienza con aterrizar qué está pasando y qué se quiere saber; continúa con el pre-reporteo, la investigación y el trabajo de campo, y concluye con la verificación, edición, publicación y difusión de los hallazgos.

También destacó el uso de herramientas de transparencia para fortalecer las investigaciones. Las solicitudes de acceso a la información, señaló, no deben entenderse únicamente como trámites burocráticos, sino como herramientas de investigación.

Entre sus recomendaciones estuvo aprender a formular preguntas precisas ante la Plataforma Nacional de Transparencia, solicitar bases de datos en lugar de documentos escaneados y cruzar las respuestas oficiales con información de otras dependencias, registros académicos y datos generados por organizaciones de la sociedad civil.

Cuando una institución no cuenta con la información sistematizada, dijo, el propio periodismo puede construirla. De ahí la importancia de las hojas de cálculo para organizar los datos obtenidos durante el reporteo y convertirlos en evidencia.

La seguridad también ocupó un espacio dentro del taller. Balam planteó la necesidad de trabajar con distintas capas de protección: conocer el marco legal que ampara el ejercicio periodístico, mantener una adecuada higiene digital y respaldar la información, además de construir redes con colegas, organizaciones y medios independientes.

Pero para la periodista, cubrir el territorio también supone revisar la relación que se construye con las fuentes. Frente a las prácticas extractivas, propuso un principio anti-extractivista, basado en escuchar y acompañar a las personas y no acercarse a ellas únicamente mientras su historia resulta útil para una publicación.

En ese sentido, habló del círculo de la devolución, donde planteo que, si la información puede servir para la defensa de una comunidad, el periodismo debe preguntarse cómo devolver esos datos a quienes ayudaron a construir la historia. Infografías, fanzines comunitarios, materiales accesibles y otros formatos pueden convertirse en herramientas para que la información regrese al territorio.

Balam también llamó a pensar el periodismo más allá del texto. Las plataformas digitales, explicó, pueden ser utilizadas para generar incidencia y fortalecer búsquedas, como ocurre con familiares de personas desaparecidas que utilizan redes sociales para mantener vigentes sus historias y ampliar las posibilidades de encontrarles.

Así, “Cómo cubrir el territorio” planteó que hacer periodismo hiperlocal no significa únicamente contar lo que sucede en una comunidad, sino comprender las relaciones que atraviesan ese lugar, reconocer a quienes lo habitan y construir investigaciones que puedan tener una utilidad más allá de la publicación.

Porque, en palabras de la propia premisa del taller, conocer el territorio también es una forma de defenderlo.

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