¿Qué más violencia debe ocurrir en los municipios de Mazatlán y Escuinapa para que las instituciones a cargo de la seguridad pública, militarizadas y civiles, logren resultados que indiquen el regreso de condiciones en las cuales las actividades económicas y sociales retomen el dinamismo que corresponde a tiempos de legalidad y civilidad garantizadas por el gobierno?
Con la masacre al interior del penal de El Castillo, en Mazatlán, que evidenció protocolos de seguridad que permiten el ingreso de armas y municiones, y los días de crímenes en serie como el domingo que reporta nueve homicidios dolosos, los operativos con efectivos federales y estatales se quedan sin argumentos para sostener la expectativa de paz en los ciudadanos pacíficos.
En Escuinapa, donde 18 mujeres fueron asesinadas en septiembre, más de la mitad de los 26 crímenes tipificados en su mayoría como feminicidios, y asesinatos que ocurren a plena luz del día y en pleno centro de la cabecera municipal, las acciones gubernamentales para contener la narcoguerra se exhiben rebasadas por la capacidad numérica y bélica de las facciones del Cártel de Sinaloa que chocan entre sí.
Resulta impostergable que la Mesa de Construcción de Paz y Seguridad Pública explique a los sinaloenses la contradicción entre numerosa presencia de soldados, marinos, guardias nacionales y policías federales y estatales, y permanente acción delincuencial con muertes, privaciones ilegales de la libertad y ataques a casas, plazas comerciales e instalaciones estratégicas como es el caso del penal de Mazatlán.
La prolongada promesa de reponerle a Sinaloa la protección ciudadana ha ido de fracaso en fracaso durante la extendida narcoguerra, agotándose por cada ataque criminal la fe en las autoridades y la confianza en que hacen lo correcto. El discurso nacional y local y la frecuente presencia de altos mandos militares y policiales son abatidos por cada víctima de hechos de violencia en Mazatlán y Escuinapa, igual que muere la palabra empeñada carente de las voluntades que la rescaten.

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