El periodista cultural y músico Javier Angulo presentará su libro Había tanto sol sobre nuestras cabezas. El rock en Culiacán del año 2000 al 2020, editado por Ediciones del Olvido, en el marco del Festival de Rock 2026. La cita del evento es a las 14:30 hrs., el sábado 14 de noviembre, en la Sala Lumiere del Instituto Sinaloense de Cultura.

Javier Angulo e periodista y amante de la música. Trabajó como reportero en el periódico El Debate, donde además fue editor del suplemento de arte Tónica. Hizo periodismo de investigación en Territorio, y publicó textos en medios como Vice, Picnic, Luvina, Yaconic y Espejo. Vivió la escena rockera de Culiacán como parte del público habitual, como organizador de eventos y como músico en los grupos The Lorean y Toro Metralla. De vez en cuando habla de música en su canal de YouTube @soyjavierangulo.

En Había tanto Sol sobre nuestras cabezas. El rock de Culiacán del año 2000 a 2020, Angulo realizó una labor de documentación sobre veinte años de rock norteño en forma de un libro de alcance extenso y profundo, en el cual se documenta ampliamente el rock y las culturas musicales alternativas nacidas en Sinaloa, todos a cargo de bandas como Evilheart, Malverde Blues Experience, Toro Metralla, Los Moustros del Espacio Exterior, Los Nuevos Episodios; y solistas como El David Aguilar o LAmenor.

Todo aquello que en Sinaloa alguna vez fue anécdota, leyenda negra o murmullo, cobra forma por medio de la firme narrativa periodística del autor; su ritmo y su cadencia melódica impregnan las letras y las páginas de un libro que, más que abordar la historia sobre géneros y personajes de la música, propone la revisión del sentido de pertenencia a través del ska, post-grunge, metal e indie y expone la resistencia de las y los músicos ante un panorama plagado de violencias.

En la foto, el periodista Javier Angulo

Foto: Cortesía

Sergio Ceyca: Va, primero. Anteriormente fuiste periodista cultural, ¿cómo fue tu experiencia de ser periodista y músico a la vez?

Javier Angulo: Fue la típica circunstancia del morro que tiene una banda de rock pero a la par debe dedicarse a un trabajo “normal”. Tal vez más por dar cierta tranquilidad a los padres que por convicción propia, aunque en lo personal mi trabajo sí me gustaba. Cabe mencionar que inicié como reportero de noticias locales y un par de años después me moví hacia el periodismo cultural, donde por fin tuve oportunidad de escribir de los temas que más me interesaban y así llegar al punto en que mis dos pasiones se tocaron, la música y la escritura. De todas maneras, había que malabarear ambas actividades, lo cual me exigía un monto extra de energía y disciplina que no siempre tenía: pedir permisos para salir temprano si había tocada, llegar a casa del trabajo y ponerme a ensayar inmediatamente, mal dormir, etc.

SC: Y luego muchos años dejaste de ser periodista cultural. ¿Cómo pasamos de ese silencio a este libro? ¿De qué surgió la idea de hacer este libro de crónicas y ensayos sobre el rock en Culiacán?

JA: Creo que la intención de escribir sobre el rock local ya estaba ahí durante mis años más activos en el periodismo. Llegué a publicar algunas notas sobre el tema y en cierto momento escribí unos cuentos inspirados en anécdotas propias o de otras bandas. A esto hay que agregar que siempre he sido fan de los libros sobre música y de revistas como La Mosca en la Pared que fueron parte de mi educación cultural, por lo que sabía que eventualmente podía terminar escribiendo algo en esa línea. Para ser honesto, la idea de escribir un libro como tal ya la había dejado por la paz en años más recientes, en parte porque también mi necesidad de hablar sobre música ya la estaba subsanando con un canal de YouTube que hice, pero cuando me propusieron la idea de este libro, no lo pensé dos veces y decidí aprovechar la oportunidad.

SC: Vientos. ¿Cuál fue el margen para decidir sobre qué escribir y sobre qué no escribir? ¿Hubo alguna curaduría?

JA: Creo que la curaduría más importante tuvo que ver con decidir cuáles bandas y cuáles sucesos son los que no se podrían omitir a la hora de hablar del rock culichi. Siempre lo imaginé como si en Google Maps buscáramos “rock de Culiacán”, cuáles serían las bandas o los personajes que iban a aparecer en puntos rojos por toda la ciudad. Y es que parecería mentira pero en 20 años hubo una infinidad de bandas locales de rock, de tal manera que abarcar a todas y cada una sería una labor titánica y tampoco era la idea de hacer una Wikipedia; así que, para armar un relato estructurado y atractivo para el lector, hubo que decidir cuáles son las bandas o artistas que merecen una mención, cuáles valían para adentrarse un poco más en su historia, y a cuáles de plano había que dedicarles todo un capítulo. Además, quedó por ahí una historia que al final no entró por cuestiones de espacio, me gusta pensarlo como cuando una banda deja una canción como bonus track o lado b en un disco.

SC: Tu investigación no fue exactamente académica, ¿cómo fue la metodología o proceso de recopilación? ¿Qué crees que haya añadido al libro?

JA: Ciertamente no fue académica porque no estoy dentro de ese ámbito y respeto mucho las investigaciones formales que por su parte han ayudado a difundir las historias de otras escenas rockeras, pero yo también quería que mi libro ofreciera una explicación seria acerca del fenómeno juvenil del rock en Culiacán, además de lo anecdótico y narrativo. Por eso desde el inicio supe que, además de obtener información a base de horas y horas de entrevistas con varias de las personas involucradas en esta historia. Habría que echarse un clavado en material físico como discos, flyers y publicaciones, así como en todo lo que hay desperdigado por muchos rincones de internet, desde Spotify y Bandcamp hasta perfiles de bandas en redes sociales, antiguos blogs y páginas web de la prehistoria que por alguna razón ahí están todavía. Me parece que eso permitió añadir datos duros más precisos, fechas, nombres, pero también algunas de las entrevistas me dejaron ver el matiz emocional que de pronto despierta este tema entre quienes anduvimos ahí, y ojalá haya logrado yo reflejar eso también en el texto.

SC: Además de periodista cultural también fuiste músico, ¿de qué maneras alimentó eso al libro?

JA: De entrada me permitió estar dentro del relato, no solo en el sentido de que ahí cuento mis propias vivencias y reflexiones de lo que significó para un morro culichi de mi generación tocar en un grupo de rock, sino que me facilitó conectar con las personas entrevistadas y con lo invaluable que llega a ser el que alguien te hable de los recuerdos que atesora, que a veces revelan anhelos profundos, o bien te reviven una anécdota cagada que ya se te había olvidado. Entonces pude contar de primera mano la experiencia colectiva de un ambiente específico en la historia de Culiacán, pero también la experiencia propia, con lo que gané y lo que perdí. Por otra parte, en cuanto a la música en sí, me gusta lo de darle ritmo a un texto casi como cuando se trataba de escribir una canción, cosa que por momentos fue posible.

SC: ¿A qué bandas o músicos fue un reto contactar?

JA: Hubo un par de bandas que por más que lo intentamos, jamás logramos acordar un encuentro, y me hubiera gustado incluir sus voces. También hubo quien directamente me rechazó, y hasta fui ghosteado. No quiero decir nombres porque también respeto si no les interesaba contarme su historia. Por lo demás fue relativamente fácil contactar a varios porque ya los conocía, desde los que todavía se dedican a la música en ligas ya importantes, hasta los que permanecen en el ámbito de la leyenda escenosa.

SC: Entre los que se encuentran en las ligas mayores, ¿quiénes fueron y cómo sentiste el entrevistarlos?

JA: El David Aguilar por ejemplo, es alguien que ha tenido alcances únicos para un artista culichi, salió en una sesión Tiny Desk, lo han llevado a los Grammys. Me gustó mucho reconectar con él una vieja amistad, y que me contara tantas cosas que han pasado con él y su música desde la última vez que nos vimos. Víctor Rosas es otro artista que está bien posicionado en el indie nacional y con él tuve una de las pláticas más interesantes, creo que nunca habíamos conversado tan a profundidad y ahora este proyecto me dio esa oportunidad. De Taller Para Niños qué te digo, banda de culto del punk rock nacional, los visité durante un ensayo antes de irse a tocar a la CDMX.

SC: Y bueno, para terminar, ¿qué esperas que esté libro aporte a las bandas nuevas que se estén formando? ¿O a los músicos solistas que vayan iniciando? ¿Qué es lo relevante para nuevas generaciones de toda esta mitología e historia de toda una época de rock independiente en Culiacán?

JA: Me parece que hay algo de valor en haber plasmado lo distinto que era todo el contexto del rock hace veinte años a comparación de ahora, y por ese lado me gustaría ayudar a los morros a dimensionarlo, si les interesa. Me gustaría comunicarles la idea de que está chilo aspirar a algo grande con sus bandas, pero ya la actividad en su escena local está siendo historia en el presente, y así como mi generación recuerda la propia, ojalá que los que van iniciando hoy quieran en un futuro escribir la de ellos, ya sea en un libro o en otro medio, porque todos conformamos este otro Culiacán que también existe, que también es identidad y también vale frente a toda la otra narrativa que nos aplasta.

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