Por Miguel Silerio Ortega / La Verdad Académica de La Verdad Juárez
La historia de Ciudad Juárez suele contarse desde la fundación de Paso del Norte, la Misión de Guadalupe y su posterior consolidación como enclave fronterizo e industrial. Sin embargo, mucho antes de que llegaran los españoles, la región era el hogar de distintos pueblos indígenas cuya presencia y aportaciones han quedado, en gran medida, al margen de los relatos históricos y de la memoria colectiva.
Para el académico David Arturo Muñiz García, recuperar esa memoria representa obtener otras maneras de comprender la ciudad desde otra perspectiva y evidenciar que su forma, su infraestructura y algunas de sus dinámicas sociales tienen raíces en ese pasado. Bajo estas premisa premisas surge el proyecto Historia urbana y patrimonio de Juárez-El Paso, memoria de los pueblos indígenas y divulgación del conocimiento histórico, una investigación que documenta la presencia indígena en la región, cuestiona las narrativas que la han invisibilizado y acercar el conocimiento histórico a la sociedad.
El proyecto cuenta con apoyo de la Secretaría de Ciencia, Humanidades, Tecnología e Innovación (Secihti) y contempla la formación de estudiantes, así como la generación de herramientas para preservar y difundir el patrimonio histórico.

El académico de la UACJ, David Arturo Muñiz García. Fotografía: Miguel Silerio
Muñiz García es arqueólogo formado en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y en la Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH), y desde hace ocho años forma parte de la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez (UACJ), donde está adscrito al Departamento de Humanidades del Instituto de Ciencias Sociales y Administración (ICSA), donde es profesor de tiempo completo y da clases en las licenciaturas en Historia, Educación y Literatura.
Antes de llegar a Juárez, Muñiz trabajó en distintos estados del país como docente, arqueólogo y auxiliar de investigación, además de participar en proyectos en zonas arqueológicas como Guachimontones, en Jalisco; Tzintzuntzan, en Michoacán, y La Ferrería, en Durango. Su trayectoria y sus intereses académicos, explica, lo llevaron hacia el estudio de los grupos menos investigados.
Sus principales líneas de investigación son la historia indígena, particularmente desde el análisis espacial, la historia urbana y el análisis del relato, además de la divulgación del conocimiento histórico, pues considera que es lo que da sentido a la existencia de la ciencia contemporánea.
“Algo que me gusta mucho es tratar de encontrar cómo las lecturas minuciosas o las lecturas de detalles de puntos olvidados nos dicen cosas que van a veces en contrasentido de los discursos tradicionales”, explica.
Su interés por el norte del país surgió durante su estancia en Durango, donde comenzó a identificar las particularidades de las sociedades de esta región, incluso desde el periodo prehispánico, pues a diferencia de los grandes centros urbanos del centro y sur de México, explica, los pueblos del norte desarrollaron otras formas de organización y construcción, adaptadas a sus necesidades y condiciones ambientales.
Al llegar a Ciudad Juárez para cursar el doctorado en Estudios Urbanos en la UACJ, inicialmente pensaba investigar sobre el Camino Real. Sin embargo, al preguntar por los sitios arqueológicos y los pueblos indígenas de la región, le dijeron que no existían, una respuesta que despertó su curiosidad y lo llevó a orientar su tesis hacia los pueblos originarios de Paso del Norte.
A partir de su investigación, explica, ha identificado un proceso de invisibilización histórica que ha impulsado la idea de que los indígenas no existieron o desaparecieron de la región. Este fenómeno, al que denomina el “olvido generalizado del pasado urbano”, ocurre tanto en las fuentes históricas como en los estudios académicos y los imaginarios colectivos.
El proyecto busca cuestionar esa narrativa y ofrecer otras formas de entender la historia y la identidad de Juárez, reconociendo la presencia indígena y su influencia en la manera en que se construyó y se habita la ciudad.
A partir de fuentes arqueológicas, históricas y cartográficas, Muñiz García busca demostrar que la presencia indígena no terminó con la llegada de los españoles, sino que también influyó en la formación de Paso del Norte. Para ello, revisó documentos de archivos históricos y compiló 56 expedientes sobre población indígena durante el periodo virreinal, en los que identificó 19 casos que tuvieron un papel relevante en la construcción y la vida de la ciudad.
Entre los grupos que habitaron la región, explica, se encontraban los mansos o gorretas, sumas, tanos, timpiros, janos, piros, tiguas, teguas y Ndee. También hubo presencia de la cultura Jornada Mogollón, documentada principalmente entre los años 200 y 1450.

Imágenes del proyecto Historia urbana y patrimonio de Juárez-El Paso, memoria de los pueblos indígenas y divulgación del conocimiento histórico.
Para el investigador, la historia de estos pueblos está presente en la forma de la ciudad, pues, a diferencia de otras poblaciones virreinales trazadas alrededor de un centro y con calles en forma de cuadrícula, Paso del Norte tuvo un crecimiento alargado y multicéntrico, en el que el río y las acequias tuvieron un papel determinante.
“Por eso no hay un damero, por eso no hay un centro como ordenaba el rey que tenía que hacerse, en donde estuvieran las calles perfectamente cuadradas, porque lo que privaba era la negociación con los grupos indígenas para sobrevivir juntos”, sostiene.
Desde esta perspectiva, dice, la historia de Paso del Norte no puede entenderse únicamente como el resultado de la colonización española, sino también como un proceso de negociación y adaptación en el que los pueblos indígenas tuvieron un papel activo.
“Y eso es lo que yo quiero recuperar como espíritu de la ciudad: una ciudad multicéntrica, una ciudad que recibe, una ciudad que se adapta y una ciudad que va siguiendo su propia infraestructura, que es la de las acequias, por ejemplo”.
Investigar, formar y divulgar
El proyecto de Muñiz García tiene una duración de tres años y se desarrolla a partir de tres ejes: investigación, formación, y difusión y divulgación del conocimiento histórico.
En el primero se busca ampliar el acervo documental y arqueológico sobre Paso del Norte y su región. Una de las tareas realizadas fue la digitalización del acervo colonial del Archivo Histórico Municipal de Ciudad Juárez, con la intención de facilitar su consulta a futuros investigadores y, eventualmente, contribuir a la creación de un repositorio abierto.
El segundo eje está enfocado en la participación de estudiantes universitarios de distintos niveles, a quienes el académico considera centrales en el desarrollo del proyecto.

David Arturo Muñiz García con sus alumnos. Fotografía: del proyecto Historia urbana y patrimonio de Juárez-El Paso, memoria de los pueblos indígenas y divulgación del conocimiento histórico.
Para involucrarlos, el equipo diseñó una estrategia de acompañamiento que contempla distintos niveles de participación, donde los estudiantes que comienzan pueden colaborar como voluntarios y aprender herramientas como paleografía, digitalización de documentos, elaboración de mapas y creación de contenidos para redes sociales.
Quienes tienen un nivel intermedio pueden realizar actividades más complejas para cumplir con su servicio social, participar en publicaciones y ponencias o desarrollar proyectos de tesis, mientras que los estudiantes avanzados pueden incorporarse mediante prácticas profesionales y recibir una pequeña beca para continuar colaborando.
Actualmente participan 12 estudiantes, la doctora Kimberly Sumano, el maestro José Arturo Vargas Reyes y el propio Muñiz García, lo que suma 15 colaboradores, de los cuales la mayoría son jóvenes de las licenciaturas en Historia, Educación y Biología.
El equipo mantiene además intercambios de trabajo con los académicos José Francisco Lara Padilla, del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH); Adrián Botello Mares, de El Colegio de la Frontera Norte (Colef), y Alejandro González Milea, de la UACJ, principalmente para la revisión y el tratamiento de fuentes.
La divulgación constituye el tercer eje, para lo cual el equipo desarrolla contenidos en redes sociales a través de la página Camino de Acequias, con presencia en Facebook, Instagram y X, además de colaborar con publicaciones en la revista GacetINAH, del Centro INAH Chihuahua.
“Tenemos Facebook, Instagram y X y la intención es que el post después termine en una primera publicación; tenemos una revista que nos ayuda, que son los de GacetINAH, y entonces les ayudamos a que eso se convierta en una publicación, después eso se va a convertir en una publicación más grande y luego esperamos que se convierta algún día en una investigación”, expone.
El trabajo también incluye el desarrollo de sistemas de información geográfica, procesos de digitalización y enseñanza de herramientas digitales, siguiendo principios de preservación digital impulsados por un grupo multidisciplinario en el que participan la UNAM y distintos centros de investigación.
Para el investigador, una de las partes más destacadas del proyecto ha sido el involucramiento de las y los estudiantes: “para mí sí ha sido una muy agradable sorpresa; todos los objetivos y todos los entregables están muy cerca del verde, y en buena medida es por ese entusiasmo de los estudiantes. Algo que me sorprendió es que cuando empecé el proyecto llegaban muchachos y me preguntaban: ‘¿puedo participar?’”, cuenta.
La memoria como parte del patrimonio
Otro de los conceptos centrales de la investigación es el derecho a la memoria, entendido como la posibilidad de recordar para contar con distintas opciones identitarias y reconocer las experiencias de grupos que han sido históricamente marginados o violentados.
El académico explica que este concepto ha sido reivindicado principalmente por colectivos que han sufrido procesos sistemáticos de violencia, como los pueblos kurdos, las comunidades judías durante la Segunda Guerra Mundial y los grupos de familiares de personas desaparecidas.
Sin embargo, considera que también es necesario mirar los procesos de invisibilización que han ocurrido durante periodos mucho más prolongados y que han afectado a los pueblos indígenas de Paso del Norte.
“Nuestra memoria es una imagen del pasado, y los historiadores somos los que nos encargamos de modelar esa imagen. Si decimos ‘había 100 indígenas’, con pruebas o sin pruebas, vamos a pensar en 100 personas indígenas, pero si decimos ‘había un indígena’ o ‘no había’, entonces nuestra imagen mental es muy distinta”, explica.
Como ejemplo menciona a los apaches o Ndee, uno de los pueblos originarios de la región que, pese a haber enfrentado una guerra de exterminio durante más de 200 años, logró sobrevivir y mantiene presencia en la actualidad.

Fotografía tomada del Archivo del periodista Juan de Dios Olivas, autor de Crónicas de Juárez.
Para el investigador, recuperar estas historias también implica ampliar la manera en que se entiende el patrimonio, y señala que, con frecuencia, las instituciones y las autoridades lo relacionan con edificios, monumentos, caminos u otros elementos materiales que puedan tener un valor turístico.
Esta concepción, a la que llama “fosilización del pasado”, deja fuera otras dimensiones, como las formas de organización territorial, las relaciones sociales y las maneras de habitar una ciudad.
En el caso de Juárez, plantea que la propia configuración urbana, el sistema de acequias y las dinámicas de adaptación y negociación entre sus habitantes también pueden entenderse como parte de un patrimonio indígena.
“En el momento que nosotros podamos exponer clara y contundentemente que la forma de la ciudad, la forma física y la forma de vivir la ciudad es también un legado indígena del pasado, podremos solidificar la idea de un patrimonio”, sostiene.
Por ello, considera que antes de exigir el reconocimiento de estos derechos y de impulsar otras formas de protección patrimonial, es necesario investigar, formar nuevas generaciones de historiadores y compartir la información con la sociedad.
La participación de las comunidades indígenas también es fundamental en ese proceso, pues el académico explica que el equipo ha procurado incorporar sus voces mediante el intercambio oral directo, para que sus integrantes participen como sujetos activos de la investigación y no solamente como objetos de estudio.
En ese sentido, destaca la historia oral como una herramienta que permite explorar la memoria desde la perspectiva de quienes la comparten, una metodología en la que, a diferencia de una entrevista convencional, la conversación es conducida por la persona entrevistada, mientras que quien investiga cumple una función de guía.
“La manera que nosotros los intentamos integrar es escuchándolos; por eso es tan importante el componente de la historia oral, que es una de las herramientas específicas de la historia, que no es una entrevista, sino que es dirigida por el entrevistado, no por el entrevistador, y el entrevistador solo sirve como guía para dinamizar la conversación, y lo que busca es explorar la memoria de las personas”, señala.
Esta forma de trabajo también busca evitar lo que denomina imperialismo epistémico o colonialismo académico y, en cambio, plantea una conversación de ida y vuelta, en la que las personas puedan compartir sus saberes y también recibir información.
Para Muñiz García, conocer la presencia indígena en la historia de la región no implica construir una nueva versión del pasado, sino la posibilidad de entender cómo esa herencia sigue presente en las formas de la ciudad y en las identidades de quienes la habitan.
Su expectativa, dice, es que la investigación contribuya a transformar la manera en que las personas se relacionan con el lugar que habitan y a construir una identidad que no esté definida únicamente por la violencia, la precariedad o los problemas urbanos.
“Hay un espíritu de la ciudad que nos permite identificarnos con ella, que un pasado distinto es posible; es decir, que podemos pensar a la ciudad distinta, que podemos no pensarla sólo en términos negativos o peyorativos, que también podemos pensar en un pasado que nos hace sentir más arraigados, que nos hace sentir más identificados, que nos hace sentir más contentos de vivir en un lugar como Juárez”, afirma.
Imagen de portada: Tomada del Archivo del periodista Juan de Dios Olivas, autor de Crónicas de Juárez.
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*La Verdad Académica, es una sección con contenido patrocinado de La Verdad Juárez que busca acercar el conocimiento académico a nuestra comunidad.
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Este trabajo fue realizado por La Verdad Académica, sección de La Verdad Juárez, que forma parte Territorial Alianza de Medios. Para consultar el contenido original, dar clic aquí.



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