El ataque al dirigente de los limoneros de Michoacán constituye el aviso a tiempo para evitar que la narcoguerra escale en Sinaloa a similares atrocidades.
EDITORIAL
Los principios sobre los que orbita la Cuarta Transformación en Sinaloa, de no robar, mentir ni traicionar, valen igual para que ningún funcionario o proveedor lucre con las necesidades de los más marginados.
Pareciera que mientras en Sinaloa más se habla y se hace para recuperar la paz, el crimen sube de nivel la violencia y reto a las autoridades e instituciones.
A delitos de privación ilegal de la libertad nunca le debería corresponder la contrariedad de autoridades y garantías constitucionales también desaparecidas.
En la Mesa de Seguridad Pública de Sinaloa tendría que valorarse si con estos bloqueos de calles por parte del gobierno se avanza en ubicar y detener a generadores de violencia, o lo que se logra es agregarle a la gente pacífica una consecuencia más de la narcoguerra.
Lo determinado por la CEDH debe dar lugar a un precedente de ley dura contra políticos misóginos que utilizan los aparatos de gobierno para violentar a mujeres sin ser castigados por hacerlo.
En ESPEJO el proyecto “Hasta Encontrarles” recibe el abrigo y empatía que todo periodismo con alta responsabilidad social debe ofrecer sin límites.
Lo que el gobernador atribuye a "ciertos desacuerdos internos y del clima de tensión política previo a los procesos electorales" debe ser atendido como tema de gobernabilidad.
La secuencia de alcaldes morenistas vinculados a procesos penales indica que en donde ponen la lupa la Auditoría Superior del Estado y la Vicefiscalía Anticorrupción invariablemente hallan malos manejos de recursos públicos.
A los policías caídos en el cumplimiento del deber les corresponde el agradecimiento social por su sacrificio; a los que continúan en la misión de salvaguarda a la gente de bien les toca hacer posible que los delincuentes sean puestos a disposición de la justicia.