Ocupó una silla importante en las salas de la ONU. Trabajé con ella dos años junto a un grupo de personas que nos dedicábamos a traducir cifras e informes internacionales. Una mujer prudente, elegante y competente; toda una profesional. Luego de una difícil evaluación, fui la más feliz cuando me seleccionaron. Las pruebas no sólo consistieron en conocimientos técnicos y de cultura general, sino queuna vez aprobada la parte teórica, comenzó una fase en la que autorizabas que investigaran ‘todo’ acerca de tu vida privada, personal y familiar. No era fácil pasar esa valoración. Era suficiente que algún familiar viviera en concubinato o que tuvieras una relación de cualquier tipo con personas en conflicto con la ley para quedar descartado. Y a decir del mío, ni te cuento. De repente me hicieron preguntas sobre temas que nunca imaginé que alguien más, fuera de los míos, supiera. Me quedé en shock con tantas preguntas. Con sinceridad les dije que si me daban un día para averiguar las respuestas, les contestaría honestamente. Me dijeron que no era necesario; ellos ya lo habían hecho. Ellos sabían todo, estaban en todos lados y te encontraban donde quiera que estuvieras. Pasé las pruebas. Para firmar mi contrato sólo tenía que hacer un juramento. Dudé en decir que sí, me sentí vulnerada. Finalmente firmé. Ahí no pasó gran cosa. Viajé constantemente a la sede en Nueva York. Volábamos en vuelos comerciales, pero algunas veces lo hacíamos en jet privado, donde viajaban funcionarios de alto nivel. En una ocasión salimos a las cinco de la tarde directo a la Gran Manzana. Teníamos que estar de ‘emergentes’ en una asamblea donde sesionarían cancilleres de dieciséis países. La delegada de México tenía por costumbre acompañarse de relevos por si había necesidad de ajustar alguna cifra; la doctora Retes era especialista en temas de medio ambiente, hablaba cuatro idiomas y antes de representar a México en el área de ciencia, ante la ONU, fue distinguida con la Orden Oficial de la Legión de Honor, en Francia. Fue en ese periodo cuando sus dos hijas eligieron vivir en México con su papá, elección que sacudió su vida; fue víctima de violencia vicaria… Hice un juramento, no puedo decir más.
Hoy la vi, la entrevistaron en un noticiero y tenía la mirada serena. En el acercamiento, puse atención. Seguía en su frente la cicatriz de aquel fatídico día. Anunciaba su libro de memorias y su nueva afición en la vida.
Comentarios: [email protected]
Comentarios
Antes de dejar un comentario pregúntate si beneficia a alguien y debes estar consciente en que al hacer uso de esta función te adíeles a nuestros términos y condiciones de uso.