Los sinaloenses no esperamos discursos que hablen otra vez de soluciones futuras, la mayoría fundadas en expectativas irreales, sino de hechos que signifiquen las salidas de túneles sombríos en que estamos atrapados.
EDITORIAL
Dos eventos de violencia de alto impacto en el mismo perímetro urbano en menos de un mes, contribuyen a que la población de Culiacán perciba protección sin planeación y crimen sin contención.
La burbuja de confianza en las instituciones nacionales, que derivó del golpe asestado al CJNG, será efímera en caso de no ser fortalecida con la atención efectiva a la narcoguerra en Sinaloa.
La advertencia para las células del Cártel de Sinaloa que chocan en la zona que abarca desde Badiraguato a Escuinapa consiste en que a la persistencia por poner en crisis la seguridad pública tarde o temprano le corresponde la acción del Estado de derecho.
Ahora con la indignación por el asesinato de Ricardo Mizael la autenticidad de la violencia refrenda el llamado a seguir despiertos para que la narcoguerra no nos halle en la siesta de los indiferentes.
Solamente con el abatimiento de la impunidad será posible reducir incidencias violentas que por la falta de sanciones adecuadas adquieren mayor nivel de agresividad contra los sinaloenses pacíficos.
En Sinaloa hace falta que más ciudadanía valore debidamente a los elementos que desde los frentes castrense y civil coadyuvan a que la violencia cause las manos afectaciones posibles, actuando más por vocación que por contar con las debidas condiciones de trabajo.
En caso de que la fuerza pública siga sin dar resultados, y su tarea consista en contar a los muertos, la percepción social resolverá que el sur es otro bastión de Sinaloa donde el Estado pierde el control.
La eficacia en casos que afectan a figuras públicas de relieve y la deficiencia en miles de crímenes perpetrados contra la gente común podría estar configurado la acción ministerial y judicial selectiva.
La seguridad de Mazatlán debe ser para toda la ciudad y sectores de la población evitando la vieja práctica de zona turística sobreprotegidas y colonias populares dejadas a merced de criminales.