En el caso que implica al gobernador Rubén Rocha y su equipo cercano, lo que ahora importa es defender a Sinaloa con la acción colectiva que al margen de filias o fobias impida llegar al fondo del barrancos de la ingobernabilidad al cual vamos en caída libre.
EDITORIAL
Nadie puede sentirse seguro en Sinaloa al enterarse de que los policías son abatidos por el crimen organizado que de igual manera acomete contra todo y todos.
La efectividad de la estrategia de seguridad pública vuelve a ser puesta en duda porque los delitos, en este caso el feminicidio, recalcan el desamparo gubernamental a los sinaloenses y sus actividades legítimas.
Al margen de rangos, jerarquías administrativas o posiciones en la escala social todas las manos se unieron en el propósito de perseverar hasta que los cuatro mineros retornaran con sus familias.
Tal vez lo que ha faltado en Sinaloa es la labor política que concilie el progreso industrial con las expectativas de bienestar de ciudadanos cuyo afán sea el de abandonar los cinturones de marginación a través de oportunidades lícitas de trabajo.
La desinformación del Gobierno Federal respecto a operativos contra el narco, es otra de las armas que la delincuencia utiliza para someter a la gente pacífica en el terror y la indefensión.
Dando por hecho que los diputados del mismo partido del gobernador, que son mayoría en el Congreso, aprobarán la iniciativa de Rocha, lo único que queda es volver a empezar en la obra colectiva anticorrupción.
Esta vez hay que reconocer que militares y policías dan un paso importante en el rescate del sur de Sinaloa para efectos de paz y legalidad.
Frente a la táctica de México consistente en no reconocer a los desaparecidos y optar por también desaparecerlos de las estadísticas de violencia, Naciones Unidas trae una luz de esperanza respecto a que el gobierno de Sheinbaum se preocupe y ocupe del tema.
La vinculación de impulsos hacia un mejor Sinaloa no debe estar sujeta a ciclos políticos ni a distanciamientos del mandatario en turno con el sector negocios.