Culiacán, Sin.- En Sinaloa, la desaparición de personas sigue siendo una herida que atraviesa familias enteras y mantiene fracturado al tejido social. De acuerdo con el Diagnóstico de Privación y Desaparición Forzada de Personas, elaborado por la Coordinación General del Consejo Estatal de Seguridad Pública, entre 2010 y 2024 se reportaron 13 mil 345 casos en la entidad.
De ese total, 6 mil 305 personas fueron localizadas con vida, o sea un 47 por ciento, un porcentaje menor al promedio histórico nacional, que es del 59.2 por ciento. Mientras tanto, 1 mil 412 víctimas aparecieron sin vida, lo que representa el 11 por ciento y 5 mil 067 siguen desaparecidas, el 38 por ciento del total, lo que representa una deuda de justicia con miles de familias.
Cada hora cuenta
El estudio revela que la rapidez en la denuncia y la búsqueda es clave: más de la mitad de las localizaciones con vida ocurrieron en las primeras 72 horas posteriores a la desaparición. Otro 21 por ciento fue localizado entre los 8 y 30 días siguientes, y el resto en lapsos que llegan incluso a los cuatro años.
Estos datos refuerzan el principio de presunción de vida establecido en el Protocolo Homologado para la Búsqueda de Personas y muestran que cada minuto de retraso puede marcar la diferencia.
Sinaloa entre los estados más críticos
La entidad ocupa la sexta posición nacional en número de personas desaparecidas, con 5 mil 366 registros acumulados desde 1952 al 2024, y la segunda tasa más alta por cada 100 mil habitantes. También está en segundo lugar nacional en tasa de personas localizadas sin vida, con 49.3 por cada 100 mil.
Aunque se han creado tres Centros de Resguardo Temporal e Identificación Humana en Culiacán, Los Mochis y Mazatlán, el informe advierte rezagos, por una parte, el Sistema Estatal de Búsqueda no se ha instalado formalmente, además, el Plan Estatal de Búsqueda lleva cinco años sin publicarse y el Consejo Ciudadano de la Comisión Estatal de Búsqueda sigue pendiente de integrarse.
El balance de 15 años muestra un panorama que sigue incompleto, por un lado, casi la mitad de los desaparecidos han vuelto con vida, pero la otra mitad permanece en la incertidumbre o ha sido hallada sin ella. Cada caso no resuelto significa una familia rota y una búsqueda que se prolonga sin fecha de cierre.
El diagnóstico reconoce la labor de los colectivos de búsqueda, quienes, frente a la omisión del Estado, han empujado la visibilización del problema. Son ellas y ellos quienes, con palas en mano y expedientes bajo el brazo, sostienen la esperanza de que un día la deuda de Sinaloa con sus desaparecidos deje de ser una herida abierta.
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