El gran edificio blanco, ubicado en la esquina de las calles Rafael Buelna y Teófilo Noris, y conocido actualmente como las instalaciones del Instituto Sinaloense de la Juventud (ISJU), forma parte del patrimonio histórico y es un testigo de todos los cambios que a sufrido Culiacán durante más de un siglo.
El inmueble fue diseñado y construido por el arquitecto Luis Felipe Molina Rodríguez, de escuela porfirista y responsable del diseño del antiguo Culiacán, durante el año de 1895.
Todo como un encargo del entonces gobernador Francisco Cañedo, por exigencia de su esposa, la señora Francisca Bátiz, luego de no haber quedado satisfecha con el trabajo de Molina en un primer intento de lo que sería la casa Cañedo-Bátiz. Ese primer intento rechazado se trata del hoy conocido Edificio Central de la Universidad Autónoma de Sinaloa, también ubicado en las inmediaciones de la plazuela Rosales, la zona más prestigiosa de Culiacán en aquellos tiempos.
Al final, la segunda casona sí gustó, tanto que vivieron ahí hasta la muerte del gobernador, en 1909, y el estallido de la Revolución Mexicana.
Tras el triunfo de la Revolución Mexicana, la casona se convirtió en sede de las fuerzas del Ejército Constitucionalista, encabezadas por los llamados coroneles del ensueño; un grupo en el que figuraban personajes como el de Aarón Sáenz. Sin embargo, también funcionó como escenario de bailes y reuniones organizadas con el fin de que la comunidad culichi sobrellevara la incertidumbre política que comenzaba a notarse.
El Sistema de Información Cultural del Gobierno de México señala que en esta casona se realizaron las primeras transmisiones de radio en Culiacán, a cargo de Enrique Max Gómez Blanco, pionero de la radiodifusión en Sinaloa. Fue precisamente en el estudio ubicado en esa esquina donde, en 1939, Pedro Infante cantó por primera vez en una transmisión radiofónica, acompañado por Enrique Sánchez Alonso, El Negrumo, y Fausto Miller, integrantes de la Orquesta Estrella.
Con el paso de los años, el edificio fue destinado a usos educativos: albergó al Colegio Civil Rosales y, posteriormente, a la Universidad de Occidente. En 1928 se instaló en el lugar la Escuela de Mujeres número cuatro. Asimismo, el edifico fue sede del Instituto Sinaloense del Deporte, hasta la apertura de su nueva sede, pasando el edifico al Instituto Sinaloense de la Juventud.
¡Ah, otro dato curioso! Si miran con atención el edificio, podrán notar un ligero contraste entre el diseño de los ventanales y los detalles entre el primer y segundo piso. Esto se debe a que, en 1970, el inmueble fue ampliado hacia arriba. La segunda planta no pertenece al diseño original de Molina.

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