Mazatlán, Sinaloa.- El barandal de la casa está tupido de calcas con la imagen de Juan Carlos Acosta Rodríguez. Su madre, Neivi Rodríguez, ha venido a pegarlas en son de protesta. Ha venido a decir aquí pasó algo y no se va a olvidar.
Hoy es 9 de abril de 2026. Hoy hace un año Juan Carlos desapareció en esta casa. Es la número 118 de la calle Jesús Solórzano, en el fraccionamiento El Toreo de Mazatlán.
Cerca de las 11 de la mañana, el sol ya no tiene piedad de nadie. Nadie aquí necesita moverse para sudar. En el rostro de Neivi, el sudor y las lágrimas no se confunden: uno brilla y las otras pesan.
Es una casa de dos plantas en esta zona acomodada del puerto. Tiene varias ventanas rotas en la planta alta. Pero eso no importa. Lo que importan son las oscuras historias que guarda dentro. Lo que la casa provoca en las familias de los ausentes.
Aquí desapareció Juan Carlos Acosta Rodríguez, de 23 años edad.
Aquí desapareció María Cecilia Berrelleza Flores, de 31 años.
Aquí desapareció Cristina Pérez Salas, de 21 años de edad.
“En las primeras marchas que participé”, dice Nadia Berrelleza, hermana de María Cecilia, “me encontré con una señora que me dijo que en esta misma casa desapareció su hijo hace unos ocho años”.
Si esta fuera una historia de terror, que lo es para las familias afectadas, llevaría por título La casa de los desaparecidos. Pero el texto solo se le limita a las tres historias que confluyen en este inmueble café de la calle Jesús Solórzano por donde pasan sujetos armados en una camioneta mientras Neivi Rodríguez pega las calcas con la foto de su hijo.
JUAN CARLOS
La primera historia es la de Juan Carlos, hijo único de Neivi Rodríguez. Él desapareció el 9 de abril de 2025.
“Hace un año mi hijo desapareció en esta casa. Acababa de recibirse de abogado. Él trabajaba con el dueño de la casa. Desde entonces no tengo ninguna ayuda por parte de ninguna autoridad”.
La casa se rentaba por la plataforma Airbnb y Juan Carlos le ayudaba al propietario, quien después decidió un esquema de renta por mes. El día de su desaparición Juan Carlos vino a dejar pintura y material porque se iban a realizar algunas reparaciones al interior.
Fue lo último que Neivi supo de su hijo. A partir de que ya no respondió sus mensajes ni llamadas empezó la búsqueda, el desespero, la angustia. Como todas las madres buscadoras ha recogido más evidencia que las autoridades de la Fiscalía General del Estado. Lo habitual de las madres que buscan. Neivi ha tocado casa por casa en la calle Jesús Solórzano. Ha reconstruido por su cuenta lo que la Fiscalía no le ha dicho.
En esa búsqueda encontró un dato: el 16 de marzo de 2024, elementos de Marina y Ejército catearon el domicilio y aseguraron armas. Ni ella ni su hijo lo sabían.
Y en su indagatoria personal señala descubrió que el 16 de marzo de 2024 agentes de la Marina y el Ejército realizaron un cateo ese domicilio y aseguraron armas. Neivi indica que ni ella ni su hijo se enteraron de este cateo.
“Aquí nos dicen que las personas desaparecen porque andan mal. Yo les digo: investiguen y si me demuestran que mi hijo andaba mal yo lo dejo de buscar”.
SIN RESPUESTAS
Neivi Rodríguez dice que ya ha ido a tocar la puerta del gobernador Rubén Rocha y de la presidenta Claudia Sheinbaum. Su discurso se ha ido endureciendo por desgaste, por decepción de una autoridad omisa, por falta de empatía.
“No tengo ningún avance en las investigaciones de la Fiscalía, ninguna respuesta del gobierno. Estoy decepcionadísima de nuestras autoridades. No sé a quién más pedirle ayuda. Les pedí que me dijeran a quién tengo que ir a tocarle para que me regresen a mi hijo porque yo no les he hecho nada, ni él tampoco”.
Entonces Neivi muestra dos rostros en su celular. Uno es el de su hijo y el otro es el de Tomás Pardo Avena, quien estaba rentando la casa de Jesús Solórzano 118. Neivi indica que el caso de Juan Carlos pudo tratarse de una equivocación por el parecido físico de su hijo con Pardo Avena.
“Yo quiero pensar que se equivocaron porque sí se les ve parecido. Él no es de problemas. Me hubiera gustado que mi hijo hubiera sido un delincuente. No estaría aquí parada buscándolo, porque ya habría sabido que iba a terminar mal. Yo no lo eduqué para eso. Estudiaba, trabajaba, era mi mano derecha. Mi respeto para la gente que se dedique a lo que se dedique, pero yo no lo preparé para esto y eso es lo que me duele”.
SIN MIEDO
Un año después de la desaparición, Neivi Rodríguez dice no tener miedo de nada. Ni de buscar ni de hablar ni de pegar calcas en el barandal de esta casa de El Toreo. Ni de los tipos armados que siguen pasando a unos metros de ella. Aquí hay policías de la Fiscalía resguardando la vivienda y simplemente no pasa nada.
“No tengo miedo. ¿Miedo a qué, a que me hagan algo? ¿Qué me pueden hacer si ya perdí lo que más quiero? Me harían un favor, créalo. ¿Qué más puedo perder, mi vida, como otras mamás que han sido asesinadas? Mi hijo es lo que más quiero. No tengo miedo, me van a hacer un favor”.
Neivi recuerda que Juan Carlos le decía que nada era tan terrible en esta vida, que a ellos no les iba a pasar nada porque no andaban mal.
“Yo le decía, Gordo, mira cómo están las cosas. ‘Mamá, a nosotros no nos tiene por qué pasar nada’. Este mundo es muy cruel y sí le pasan cosas a la gente buena, creo que más que a la gente normal. Ya ves, mi amor, si hay cosas terribles. Todo es terrible sin él”.
MARÍA CECILIA
La otra historia que converge en esta casa de El Toreo es la de María Cecilia Berrelleza Flores. Ella desapareció en esta vivienda tres meses después que Juan Carlos, el 21 de julio de 2025.
“Esa casa para mí significa el trauma de ver cómo se la llevaron. Tengo los videos de esa casa. Es un trauma de pasar y pasar y ver que no hice nada. Significa mucha tristeza. Por mi trabajo tengo que pasar todos los días. Y además mi otra hermana vive a dos cuadras de esa casa”, dice Nadia Berrelleza Flores, hermana mayor de Cecilia.
Nadia dice que la casa no significa miedo, porque no ha cruzado la línea. Se ha moderado y ha intentado llegar a la verdad a través de las leyes y una institución como la Fiscalía General del Estado (FGE).
Y cuando se le pregunta por algún tipo de avance después de ocho meses de la desaparición, Nadia responde que no hay nada.
“No hay ningún avance con su localización. Y lo más importante, que son los involucrados, nos dimos cuenta que había como un complot en la Fiscalía, que de plano no salíamos del mismo renglón. He intentado mucho, pero no he logrado lo que quiero. Cada que paso me recuerda que hay una esperanza ahí en esa casa”.
Y pruebas en contra de la misma institución en la cual sigue confiando las tuvo desde el inicio del caso, al revisar los videos de la vivienda. Nadia dice que se dio cuenta cómo dos investigadores manipularon las cámaras.
“Cuando yo les dije en Fiscalía que los videos habían sido manipulados, los investigadores al día siguiente ya no estaban en Mazatlán. Los cambiaron”.
Pese a esto, ella sigue creyendo en la FGE.
Al enterarse de la desaparición de las jóvenes, Neivi Rodríguez se dio cuenta de que se trataba de la misma casa donde había desaparecido su hijo. La FGE no había asegurado el inmueble.
LAS IMÁGENES
En el caso de Cecilia Berrelleza hay otras protagonistas. Se trata Cristina Pérez Salas, de 21 años; Guadalupe Padilla, de 25 años y Alexia de 15, estas últimas dos hermanas.
Las cuatro desaparecieron ese 21 de julio de 2025 de la casa de El Toreo. Días después, las hermanas Guadalupe y Alexia aparecieron con vida. Cecilia y Cristina siguen desaparecidas.
Nadia dice que en el video se ve a Guadalupe Padilla salir de la casa y abordar un vehículo. Luego sale un varón que parece llevar a Cristina sujeta por la parte de atrás, la sube a un segundo carro donde está otro sujeto. El primer tipo regresa a la casa, sale con Cecilia y la sube al auto. “Es uno el que está en el carro y eso otro el que las lleva. Plebillos, plebillos”.
Cecilia Berrelleza y Guadalupe Padilla eran amigas. “Yo creo que Guadalupe sabe dónde los tienen”, dice Nadia Berrelleza.
El 24 de julio, tres días después, Guadalupe y Alexia fueron localizadas con vida. Ese mismo día un auto Sentra modelo 2015 con placas de Durango fue hallado en la cochera de la casa de El Toreo. Era uno de los carros usados el día de la desaparición.
LA CARPETA
Nadia asegura que en la carpeta de investigación están asentadas 12 entrevistas de los investigadores con Guadalupe Padilla. En todas hay muchas contradicciones, según relata Nadia, quien busca que la FGE deje de ver a Guadalupe Padilla como víctima de desaparición y enfoque la indagatoria en su participación como presunta responsable.
Sin embargo, en la FGE le dicen que esto es muy complicado. Nadia dice que esto es clave porque Guadalupe Padilla, en uno de los interrogatorios, alrededor de cinco meses después de la desaparición, señaló que pagaron la caseta en una autopista.
El caso es que Nadia asegura que el propietario de la vivienda, Marco Antonio N y Guadalupe Padilla sostenían en ese momento una relación de pareja. Dice que hay muchas pruebas en contra de estas dos personas, pero no se investiga.
“Yo he llevado pruebas y pruebas y dicen en la Fiscalía que no pueden quitarla a ella (Guadalupe) como víctima. Neivi (la mamá de Juan Carlos) tenía muchas pruebas en contra del dueño de la casa y yo en contra de la novia. Nos dimos cuenta de ese complot que ya dije”.
LA ADVERTENCIA
“No te metas con esa casa”, fue la advertencia que Nadia escuchó por teléfono.
Su otra hermana había ido a la vivienda a poner una manta y exigir que regresaran a Cecilia.
“Me dijeron: ‘haz lo que tú quieras, donde tú quieras, pero no te metas con esa casa, te lo digo en buena onda’. Como diciéndome el patrón no ha dicho nada contigo, pero si te metes con esa casa va haber bronca”.
Desde esa vez tiene prohibido acudir al 118 de la calle Jesús Solórzano. Solo pasa y pasa y la ve y le recuerda su trauma, la tristeza por no encontrar a Cecilia.
EL CAMBIO
Nadia Berrelleza señala que ha decidido aceptar que el caso de su hermana sea investigado por autoridades federales. Asegura que hay muchas pruebas que implican a Guadalupe Padilla y al dueño de la casa. Cree que ya es tiempo de darle un giro al expediente.
“Yo voy a la Fiscalía (General del Estado) y me tratan muy bien, el detalle es que no pasa de lo mismo. No pasa de un buen trato, de amabilidad. No pasa de eso, de un buen trato. Eso no me interesa, me interesa que investiguen y den con mi hermana”.
Está segura que la casa o el dueño guarda la clave de todo. Solo es cosa de que las autoridades se decidan a investigar.
“Y si el caso de mi hermana pasa al orden federal, daríamos con una línea grande. Hay que apretarlos. Siento que hay un hilito y el hilito es el dueño de la casa. Es un hilo rojo en esa casa… El señor trae un mundo atrás”.
MARÍA CRISTINA
La tercera historia que llega hasta la casa de El Toreo es la de María Cristina Pérez Salas, estudiante universitaria y originaria de Mexicali. Aquí cabría su historia. El archivo periodístico dice que Cristina vino de vacaciones a Mazatlán.
Se buscó a su madre, pero prefirió reservarse los comentarios.
“Cecilia y Cristina no se conocían. A ellas las presentó Guadalupe”, dice Nadia.
Neivi Rodríguez camina por la acera caliente. Mira las calcas con el rostro de su hijo pegadas en el barandal. Su protesta ha concluido por esta vez, en el primer aniversario de su desaparición. Ha contado otra vez el caso de Juan Carlos. Ha relatado los misterios que guarda esta casa, un punto fijo en el mapa de las desapariciones de este Mazatlán donde las historias empiezan y parecen no terminar.
Neivi está a punto de marcharse. Tiene que ir a buscar, a preguntar. Quien la ve sin conocerla no sabe que aquí, en esta casa, hace un año, desapareció su hijo. Aquí justo en esta casa lo perdió todo.




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