Las llantas hacían un esfuerzo titánico. La camioneta resentía la tonelada de frijol que el Colectivo Tarámari Sinaloense llevaba para repartir entre más de 20 familias que habitan en Los Mimbres, una comunidad enclavada en la sierra de Choix. La travesía comenzó en Guasave y se extendió por casi seis horas de camino. No es un recorrido excepcional: es parte de los trayectos que el colectivo ha repetido durante una década. Este mes de mayo, el Colectivo Tarámari Sinaloense cumple 10 años de trabajo.
Para Hortensia López Gaxiola, quien forma parte de este colectivo que fundó Román Rubio López- un hombre que conoció a los indígenas Tarámari cuando estos migraban hacia el valle de Guasave como jornaleros-, la lucha inició con una lucha para que se reconocieran los derechos de esas personas que llegaron siendo migrantes y se instalaron en las zonas altas del norte de Sinaloa.

Entrega de ropa en Los Mimbres.
Primero comenzó con donativos de ropa y, poco tiempo después, lo conoció en persona, cuando el luchador social encabezó una manifestación en las escalinatas de Catedral, en Culiacán, hasta donde llegó con alrededor de 50 tarámaris.
Hortensia recibió con una comida al maestro y a las 50 personas que lo acompañaban. Fue entonces cuando vio por primera ocasión, de primera mano y sin que nadie le platicara, el estado de este grupo indígena.
“En mayo los recibí yo por primera vez en Culiacán y ya no me pude desprender del tema. Me parecía increíble que tuvieran ese nivel de rezago y que fueran sinaloenses. ¿Por qué hay esta población de primera, segunda, tercera? ¿Por qué se les da un trato tan discriminatorio a ellos? Me pareció increíble, no podía entender que un estado que siempre nos han presumido que es muy rico en todo sí tuviera ese nivel de pobreza, que es el de las comunidades tarahumaras”.
Fue ahí donde Hortensia también percibió que ese maestro humilde, ya jubilado, no tenía ninguna red de apoyo, pero le sobraba valor para exigirle al gobierno atender el rezago histórico de los tarámaris.

Como parte de las actividades está el Festival del Niño Indígena. En Cuitaboca los “plebes” quisieron pozole.
Y entonces es cuando nace el Colectivo Tarámari Sinaloense.
Rubio López llegó a Culiacán con el grupo de tarámaris sin saber qué iban a comer o qué iba a pasar. Hortensia dijo que les llevó comida el primer día, después el segundo y de nuevo el tercero, pero para el cuarto día ya no tenía qué llevarles.
“Para el cuarto día ya no tenía dinero para preparar una comida para 50 personas, entonces ya empecé a poner Facebook: hay un grupo de personas manifestándose en Catedral por esta situación, porque carecen de todo, porque necesitan caminos, necesitan escuelas, necesitan atención alimentaria, necesitan médicos. Si alguien puede llevarles algo de comer”, recordó.
“Y me empezaron a decir: yo tengo tal, pero no puedo ir por tal situación; si puedes venir a mi casa. Y fue así que empecé a pasar a los domicilios a recoger apoyos y pues también me pasaba el día ahí en la Catedral con ellos, recibiendo a quienes llegaban. Llegaban algunos amigos que se sentían convocados por el Facebook. Y así fue que me quedé en el grupo y empecé a hacer esto que ni lo tenía planeado, ni sabía qué nombre era ni nada”.
Cuando la camioneta llegó a Los Mimbres, los niños y las mujeres comenzaron a salir de sus casas. Saludaban al paso a Hortensia. Ya sabían quién era ella y a qué iba.
Convocados por una maestra de la comunidad, que ha fungido por decisión propia y convicción como enlace entre la colectiva y los tarámaris, empezaron a arremolinarse bajo cactus longevos e imponentes.

Cuando la camioneta de Hortensia llegó, la gente ya la espera. Saben quién es ella y la aprecian en las comunidades.
Además del frijol, les entregaría ropa y algunos juguetes que fueron donados por ciudadanos al colectivo.
Pero estas gestiones y apoyos no buscan ser beneficencia. Detrás del colectivo ha habido acompañamiento, asesorías y trabajo que han conseguido la apertura de escuelas, el equipamiento de estos espacios educativos comunitarios, así como la creación de comedores. También han logrado que más jóvenes tarámaris concluyan la secundaria, cuando antes, con suerte, concluían solo la primaria.
“Le hemos puesto mucho empeño para que los muchachos se entusiasmen y quieran continuar, y aunque hasta ahorita no hemos logrado graduar a nadie, se han quedado en el camino varias muchachas en la licenciatura, por distintos motivos, desde la pandemia hasta situaciones de que se casan o se juntan. Pues hasta ahorita no hay un solo profesional, ni un solo graduado de una carrera y pues una vez que haya uno creo que será más fácil que entenderán por qué es importante y para qué, pero ahorita, como no hay un modelo a seguir”.
Mencionó como un caso de éxito la comunidad de Las Tunas, donde lo máximo a lo que se aspiraba era la primaria. Hoy cuentan ya con una secundaria y hay intenciones de algunos de estudiar la preparatoria.
“En ese momento se les puso la secundaria, se les construyó luego el aula, de inmediato se les asignó maestro, pero se les construyó pronto el aula. Y pues ya egresaron esos muchachos, ya hace cuatro años de que pidieron la secundaria, entonces van a egresar y ahora necesitamos la prepa”.
El Profe Román vive

Ilustración del Profe Román, realizada por el artista gráfico Dante Aguilera.
La pérdida más grande del colectivo en estos 10 años fue, sin duda, la de quien inició este movimiento y lucha: el asesinato del profesor y activista José Román Rubio López, conocido como el profe Román.
La noche del 20 de julio, el profe Román fue desaparecido junto con otro hombre de nombre Esteban López Beltrán, quien fue coordinador de campaña para la alcaldía de Sinaloa por Morena. Ambos fueron encontrados asesinados en una de las riberas del río Sinaloa, en el malecón de Sinaloa de Leyva.
“La gran pérdida es la vida del profesor, es algo que no debió pasar. Y los retos que hemos tenido, pues es que las autoridades nos escuchen y que las cosas que se logran se logren de verdad, que no se logren solo en el papel… Con el profe éramos un grupo muy grande y, inmediatamente que se da el asesinato del profesor, pues mucha gente se alejó”.
Pese a que los miembros fueron menos luego del atentado contra el maestro, el trabajo continuó, pero desde un perfil más bajo, con precauciones y entregas más planificadas, cuidando el entorno, sobre todo ante el contexto de violencia que vive Sinaloa desde septiembre de 2024, cuando dos facciones del crimen organizado comenzaron una disputa territorial.
Un paseo para celebrar

Para Hortensia, que los niños de estás comunidades estudien es el mayor logro del colectivo.
Aunque no hay una fecha definida para celebrar el décimo aniversario, será el 23 de mayo, en el marco del Día del Estudiante, cuando se realizará un paseo para conmemorar todos los esfuerzos y la historia del colectivo.
Hortensia explicó que serán alrededor de 14 jóvenes de la comunidad Las Tunas de Abajo quienes disfrutarán de un paseo a El Maviri, una isla ubicada en Ahome. Además de disfrutar de este día de playa y comida, tendrán un recorrido en la Universidad Autónoma Indígena de México, ubicada en Mochicahui.
“Queremos que tengan esa opción, que se visualicen. Esa universidad incluso tiene la posibilidad de que se hospeden ahí. Es una universidad creada para ello y pues sería muy importante que puedan ingresar, que sientan ese ambiente y que no lo vean como algo lejano, sino como algo posible”, dijo la activista.
De momento, Hortensia seguirá liderando los esfuerzos por mantener el colectivo activo y velar por los derechos de la comunidad indígena tarámari.

Comentarios
Antes de dejar un comentario pregúntate si beneficia a alguien y debes estar consciente en que al hacer uso de esta función te adíeles a nuestros términos y condiciones de uso.