Lo que le duele a Sinaloa no siempre es lo mismo que atraviesa Baja California o Guanajuato, pero en todos los territorios hay una lucha viva. Resistir contra una imagen donde se cree que en el norte de México no hay nada que defender y que las luchas sociales solo se encuentran en el sur o el centro del país, cuando hay comunidades y colectivos resistiendo y defendiendo sus territorios todos los días.

Con esa idea en mente, colectivas del norte y el Bajío se reunieron en el encuentro “Norte-Bajío”, donde compartieron sus experiencias sobre cómo es hacer activismo desde sus estados, las problemáticas que los atraviesan y las formas en que defienden el territorio y los derechos humanos.

Pero hubo algo que definió este encuentro: la risa, la convivencia juguetona -seria cuando era necesario- y un orgullo local que reunía una variedad de personalidades e identidades que enriquecían el evento.

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Durante el encuentro, las participantes hablaron de las distintas violencias que atraviesan sus comunidades:

Desde la violencia relacionada con el crimen organizado que se vive en Sinaloa; la incertidumbre política y ambiental en Chihuahua; el poco avance que ha tenido, a nivel legislativo, la legalización del aborto en estados como Guanajuato o Aguascalientes; y el daño que traerán los megaproyectos industriales a las costas de Baja California.

Sin embargo, además de compartir los dolores de sus lugares de origen, el espacio también sirvió para poner sobre la mesa, dialogar y compartir las formas en que los colectivos han aprendido a resistir, así como los avances que han logrado a través de sus luchas.

Ejemplo de ello fue el caso de Elena, originaria de Sonora y parte del colectivo Marea Verde Nogales, quien es madre de una adolescencia trans a quien se le había negado realizar el cambio de género en su acta de nacimiento bajo el argumento de que se trataba de una persona menor de edad.

Tras años de amparos, luchas legales y manifestaciones, lograron que la ley fuera modificada y su hijx consiguió convertirse en una de las dos primeras personas menores de edad en realizar un cambio de género en documentación oficial. Esto, en un estado donde el aborto no está plenamente legalizado ni despenalizado en el código penal estatal, manteniéndose como delito salvo bajo causales específicas.

A lo largo de los tres días que duró el encuentro, lxs asistentes intercambiaron experiencias en las actividades, durante las comidas y en los ratos libres. Siempre hubo conversaciones sobre cómo es la organización comunitaria en sus territorios, el acompañamiento tanto a víctimas como a mujeres en procesos de aborto, así como la construcción de memoria, todo dentro de un ambiente completamente seguro.

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Más allá de las diferencias entre estados, los modismos y las formas de vivir, las activistas coincidieron en la necesidad de construir redes entre organizaciones del norte y el Bajío para fortalecer procesos locales y romper con el sentimiento de abandono que, desde la percepción del sur y centro del país, existe hacia las luchas del norte.

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