Núcleo de todos los males y centro de ataques de apetitos políticos, le realización en México de la Copa Mundial de Futbol compartiendo sedes con Estados Unidos y Canadá, despertó la intensa jornada de protesta a manera de boicot de un evento que tendría la oportunidad de presentarle al mundo el rostro afable y hospitalario de una nación que, por supuesto, enfrenta dificultades en el contexto conflictivo global.

La premisa de un balón que une al planeta se acerca a la contradicción de desencuentros y enfrentamientos y para muestra allí están las actitudes del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, con la obsesión de someter a la comunidad internacional a sus designios; la mandataria de México, Claudia Sheinbaum, con el discurso de soberanía nacional atacada, y el primer ministro de Canadá, Mark Carney, que enfrenta la agresiva guerra comercial por la imposición de aranceles abusivos de parte de Washington.

Aun así, mañana inicia en los tres países el máximo evento de la Federación Internacional de Fútbol Asociación que en 2022 atrajo la atención de mil 500 millones de espectadores, coyuntura que tratan de aprovechar tanto los gobiernos como sus opositores, las intenciones de hacer creer que las instituciones mexicanas están colapsadas y movimientos que con el disfraz de lucha social esconden intereses apátridas.

Existe un México a presumir ante el universo, construido por el esfuerzo legítimo de ciudadanos que a diario robustecen los cimientos del edificio social y económico, con fortalezas por sus ejemplos y valores, fundado en la democracia y libertades, riquezas naturales que seducen a lugareños y visitantes y que despliega fraternidad y hospitalidad como pocas regiones del orbe.

El Mundial de Futbol debe ser el escaparate que posicione a México como líder latinoamericano que merece el respeto que proclama la máxima juarista, permitiendo que cada pueblo determine cómo atender sus crisis y qué futuro quiere darse. La marcha este día de siete contingentes que se dirigen al Estadio Azteca a plantear inconformidades podría frustrar la gran posibilidad de que la nación azteca refrende mundialmente lo que la hace digna y fuerte.