Las reformas aprobadas ayer por el Congreso del Estado para prevenir y sancionar la difusión de contenidos que promuevan la violencia e ilegalidad significa un buen avance contra la influencia que ejerce la apología del delito sobre todo en niños, adolescentes y jóvenes, pero sólo es una parte del enorme esfuerzo social hacia la paz.

Adicional al ajuste legal se requiere de la colaboración en la escuela, el hogar y el entorno social completo en limpiar el espacio común de la contaminación auditiva o visual que enaltece al crimen organizado y es carnada para reclutar a personas como adeptos o participantes de sus operaciones delictivas.

Lo que aporta la 65 Legislatura local prohíbe que escuelas, transporte y oficinas públicas de Sinaloa hagan el realce de situaciones o referencias violentas, obliga a autoridades estatales y municipales a implementar acciones para prevenir que menores de edad sean expuestos a mensajes, música, videos o cualquier otro contenido que exalte actividades delictivas o glorifique a quienes las realizan, así como sanciona el hecho de reproducir este tipo de contenidos en planteles de educación básica y media superior.

Independientemente del derecho de las personas al libre acceso a la información, o la garantía a expresar las ideas, cuando existen consecuencias como las que actualmente paga Sinaloa por homicidios, privación ilegal de la libertad y otros ilícitos, las instituciones legislativas y de procuración e impartición de justicia no deben permanecer de brazos cruzados observando la devastación física, moral y patrimonial asestada ciudadanos pacíficos.

El paso adelante que da el Congreso en un asunto controversial que durante décadas fue tema tabú, representa la invitación a que desde lo individual y colectivo hagamos el resto en la ardua tarea para la paz positiva. Sin duda no será fácil hacer prevalecer la mentalidad que se aferre a lo legítimo, pero hay tantas cosas valiosas para encomiar que si empezamos a darles relevancia pronto desalojaremos la propensión por narrativas que nos agreden.