Cosalá, Sin.- Apenas el pasado 8 de junio, Carla Úrsula Corrales Corrales, alcaldesa de Cosalá, aseguró a ESPEJO que el servicio de agua potable había sido restablecido en las comunidades de El Palmar de los Ceballos y Agua Caliente de Alaya, pero eso no es verdad.

Ambas comunidades han sido afectadas durante meses por fallas en la infraestructura hídrica que limitaron el acceso al agua.

Por ejemplo, en El Palmar de los Ceballos, el huerto de María Ignacia permanece completamente seco y, en Agua Caliente de Alaya, madres de familia continúan organizándose para llevar agua al preescolar desde un pozo.

Durante un recorrido realizado el 11 de junio por la Comisión Estatal de Derechos Humanos (CEDH) y el colectivo Tacuichamona MX, en el que ESPEJO estuvo presente, habitantes de ambas comunidades afirmaron que las dificultades para acceder al agua continúan y que aún esperan una solución definitiva por parte del Ayuntamiento.

Aunque ambas comunidades de la sierra cosalteca cuentan con una bomba para el suministro de agua, ninguna tiene resuelto el acceso al agua o asegurado que el líquido en sus pozos sea segura para el consumo humano y uso diario.

Además, sólo una de estas bombas salió de los bolsillos del municipio.

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En El Palmar de los Ceballos, comunidad de ascendencia tarahumara reconocida por el Congreso del Estado como pueblo de atención prioritaria, la bomba fue comprada, trasladada e instalada con recursos de un particular. Los habitantes consideran que se trata de una solución provisional. Temen que el equipo falle porque fue adquirido sin las especificaciones técnicas de la Junta Municipal de Agua Potable de Cosalá (JAPACO).

Además, exigen que el Ayuntamiento cumpla los compromisos asumidos para rehabilitar el sistema de agua. Entre ellos, la entrega de la bomba prometida.

Las tuberías, algunas semienterradas y otras expuestas, están rotas y presentan fugas que forman charcos en los caminos de tierra.

Tubería expuesta con fuga en el Palmar de los Ceballos.

El tinaco carece de flotador, por lo que el llenado y la distribución del agua deben realizarse manualmente. Los habitantes tienen que encender la bomba, esperar a que el tanque se llene, abrir el paso del agua para que corra hacía las casas y posteriormente apagar el sistema.

Esta acción la repiten cada tres días.

“Qué bueno fuera que tuviera flotador, para que siguiera trabajando, porque hay que venir a cerrar el tinaco, hay que ir a prender la bomba. Ya que se llenó el tinaco, abrirle para que se venga el agua, y otra vez ir a apagar la bomba. Sí es un trabajito. (…) Si hubiera chance de que todo fuera automático, pues mejor”, comentó Joaquín Díaz, comisario de la comunidad.

El suministro sigue siendo irregular. A algunas viviendas el agua simplemente no les llega.

La bomba fue instalada apenas un mes atrás; la comunidad pasó más de tres años sin acceso regular al agua.

La última vez que ESPEJO visitó la comunidad fue en diciembre de 2025. Entonces, María Ignacia, esposa de Joaquín, todavía mantenía un pequeño huerto junto a su casa. La falta de agua ya la había obligado a reducir la siembra a la mitad aquel invierno.

Hoy el huerto está seco. El agua no alcanzó para mantener vivos los cultivos durante esta temporada.

Huerto de tomates seco.

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Por otro lado, en Agua Caliente de Alaya, la bomba fue entregada por el Ayuntamiento de Cosalá e instalada por personal de la JAPACO. Sin embargo, tras permanecer dos años sin uso, el pozo que abastece a la comunidad acumuló lodo en el fondo, lo que representaba un riesgo para el equipo recién colocado.

Para evitar daños en la bomba, los habitantes optaron por apagar el sistema y dedicaron dos días a limpiar el pozo.

La comunidad espera ahora que el trabajador de la JAPACO reciba la autorización del Ayuntamiento para volver a poner en marcha la bomba.

Durante unas horas, el agua regresó a las viviendas.

Hoy ya no la tienen.

“Hasta nos emocionamos, decíamos ‘ya no vamos a bajar por agua’ pero pues hasta ahí quedó” dijo una de las habitantes.

Pero el problema no termina en la bomba. En Agua Caliente de Alaya aún deben sustituirse cables, tuberías y extensiones que conducen el agua hasta el tinaco comunitario. El propio tanque de agua requiere mantenimiento.

El único acceso al agua es a través de cuerpos de agua cercanos o de pozos que los propios habitantes cavan. El pozo que utilizan es lo suficientemente profundo como para que deban tener cuidado al acercarse. El agua la sacan con ayuda de dos cubetas, hincados y recargándose contra las paredes de tierra poco estables para evitar que el peso los venza hacia adelante. Al terminar, deben cargar las cubetas con agua hasta sus hogares.

Como mínimo, los adultos -principalmente madres de familia- llenan una cubeta grande al día.

Además del riesgo de sufrir un accidente, llenar una cubeta provoca dolores de espalda y hombros.

La maestra del preescolar de la comunidad, Guadalupe, comentó que las madres se organizan para que todas las mañanas una de ellas recolecta una cubeta de agua para la escuela, de modo que los niños puedan hacer sus necesidades y mantener limpia el aula de clases.

“No cuentan con agua y más para echarle a la taza del baño. Las mamás acarrean con baldes y cubetas para poder echarles a la taza del baño cuando ellos hacen ahí sus necesidades. Para que se vaya la orina y para lavarse las manos. Cada mamá se turna por semana o por día y así es como podemos echarle el agua al baño” dijo la maestra.

Cubeta de uso personal en el baño del preescolar de Agua Caliente de Alayá.

Al preescolar asisten ochos niños, mientras que en la escuela primaría son más de once niños los que toman clases en el plantel.

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En contraste al discurso de la mandataria de Cosalá, para los afectados el problema aún persiste.

Para ellos, para Tacuichamona MX y para la Comisión Estatal de los Derechos Humanos, el problema estará resuelto hasta que en ninguna de las casas que conforman las comunidades de El Palmar de los Ceballos y Agua Caliente de Alaya falte el agua.

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