Por Eréndira Aquino / Animal Político
El futbol, además de un deporte, es un poderoso eje de socialización que, lejos de ser neutral, se ha consolidado como un espacio donde se reproduce y legitima una masculinidad hegemónica basada en el control, el dominio y la violencia. Esta problemática se exacerba durante eventos como el Mundial 2026, donde las agresiones suelen camuflarse bajo el manto de la “euforia”.
La realidad del Mundial 2026 confirma este diagnóstico con episodios recurrentes: desde la violencia sexual sufrida por la reportera Montserrat Gómez, quien fue tocada sin su consentimiento durante una transmisión, hasta el hostigamiento en las inmediaciones de los estadios hacia colectivos como las madres buscadoras, cuyos esfuerzos por visibilizar desapariciones fueron minimizados por figuras mediáticas que llegaron a sugerir el uso de la fuerza pública en su contra.
“Al menos en nuestro país, el futbol es un deporte que llama a los jugadores a ver a los del otro equipo como enemigos a vencer a toda costa; entonces se utilizan muchas de las conductas tradicionalmente machistas puestas en la dinámica deportiva”, explica en entrevista Ricardo Ayllón, director de la asociación Género y Desarrollo (Gendes).
A ello se suma que “la cobertura deportiva ha sido una fuente masculinizada y sexista, pues a nivel mundial sólo el 17 % de las noticias deportivas son firmadas por mujeres”, subraya Cirenia Celestino, directora de Comunicación e Información de la Mujer AC (CIMAC). Esto se refleja en muestras de discriminación y una violencia naturalizada en un contexto donde “celebrar los goles se asume como una justificación para la violencia contra las mujeres en un escenario donde su presencia no es natural”.
LAS ESTRUCTURAS PATRIARCALES QUE SOSTIENEN EL NEGOCIO
Para Ricardo Ayllón, las expresiones patriarcales del futbol tienen origen en un sistema que privilegia a hombres con poder económico que buscan “ganar sobre otras personas” y dominar el terreno financiero.
Eso se refleja en “una clara desigualdad” que pone en desventaja no sólo a las mujeres, sino también a personas LGBTQ+ —con el grito homofóbico que llega a corearse dentro de los estadios como burla al equipo rival—, y otros grupos “que consideran que pueden ser menos”.
El director de Gendes subraya que, al ser conductas que se reproducen a través de micrófonos y cámaras, “llegan a millones de personas que lo que escuchan y ven son expresiones de violencia verbal, albures y otras que van azuzando a hombres para que existan conductas de maltrato y de violencia. Ya lo decía un reportero: es lo que vende, y entiendo que es un negocio, pero tienen una gran responsabilidad”.
“Como hombres nos vamos construyendo de acuerdo con lo que vemos, a lo que nos van diciendo, y los medios de comunicación, igual que el deporte, son dos grandes ejes de socialización de nuestro aprendizaje”.
LOS PATRONES DE VIOLENCIA QUE DEFINEN AL AFICIONADO PROMEDIO
Para los especialistas, el machismo en el futbol no se limita a la violencia física en las gradas o a los insultos en las transmisiones; se trata de una estructura que enseña a los hombres a gestionar sus emociones a través del daño hacia otros. Esta “escuela de masculinidades” se manifiesta en comportamientos que, aunque parezcan anecdóticos, tienen un impacto profundo en la sociedad:
La burla como herramienta de exclusión: casos como el de un aficionado que, en una supuesta “broma”, realizó gestos ofensivos hacia una mujer coreana, reflejan cómo el machismo se disfraza de humor para denigrar a otras culturas y mujeres, reafirmando una posición de poder sobre la víctima.
La violencia verbal como espectáculo: la conducta de figuras mediáticas que, en programas deportivos, priorizan el grito, la descalificación y la interrupción como método de superioridad, establece un modelo de conducta para las audiencias jóvenes. Al respecto, el director de Gendes señala que personajes mediáticos, al ser vistos como “ídolos” o figuras de autoridad, validan que ser hombre implica imponerse por encima del otro, incluso mediante insultos.
La represión como respuesta a la demanda social: un ejemplo alarmante de esta indolencia estructural ocurrió durante la inauguración del Mundial 2026, cuando un periodista deportivo sugirió que las protestas sociales —específicamente las marchas de madres buscadoras y transportistas— deberían ser reprimidas con agua o balas de goma. Esta postura no solo minimiza la crisis de derechos humanos en el país, sino que utiliza el poder del micrófono para alentar el ejercicio de la fuerza pública contra mujeres que exigen justicia.
La cosificación y el sexismo en pantalla: en la cobertura periodística, la discriminación se hace presente al encuadrar el cuerpo de las mujeres en lugar de valorar su capacidad técnica, o bien, como señala Cirenia Celestino, al asignarles roles de acompañamiento estético mientras se reserva la titularidad de la narración exclusivamente para los hombres.
Como advierte el director de Gendes, esta cadena de validación —donde se premia al hombre que golpea en la cancha, al comentarista que grita y al aficionado que acosa— perpetúa un sistema que normaliza el abuso y minimiza cualquier consecuencia, bajo la premisa peligrosa de que, en nombre del futbol, “no pasa nada”.
¿ES POSIBLE TRANSFORMAR LA AFICIÓN?
Ante este panorama de violencias normalizadas, tanto Gendes como CIMAC coinciden en que la transformación no es solo una opción, sino una necesidad urgente. El cambio, sostienen, debe transitar del discurso a la implementación de acciones concretas que rompan con el pacto patriarcal en el deporte.
Para el caso de la labor periodística, Cirenia Celestino, de CIMAC, enfatiza que la equidad exige ir más allá de una presencia cosmética de las mujeres en los medios. La directora propone tres rutas de acción:
Protocolos internos: los medios deben implementar mecanismos obligatorios para atender el acoso y la violencia que viven las mujeres en las coberturas, tanto dentro como fuera de las redacciones.
Narrativas de derechos humanos: es vital desterrar el sensacionalismo que busca clics mediante la explotación de la violencia y, en su lugar, ofrecer información que contextualice, eduque y brinde a las audiencias herramientas de denuncia.
Condiciones estructurales: se requiere garantizar la igualdad salarial y la apertura real de espacios de decisión y jefaturas de información para mujeres, permitiendo que la lectura deportiva abandone su enfoque exclusivamente masculino.
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Por otro lado, desde la perspectiva del trabajo con masculinidades, Ricardo Ayllón invita a los hombres a dejar de ver la gestión emocional como una debilidad. La organización promueve una metodología clara para prevenir la escalada de violencia en el hogar durante eventos de alta intensidad, como el Mundial, como la técnica del “tiempo fuera cuando el partido se calienta” y la línea de apoyo para hombres que quieran canalizar sus sentimientos “de manera responsable”.
El especialista en masculinidades destaca que es importante la promoción de nuevos referentes, con el fin de “demostrar que es posible vivir la pasión futbolística sin que el fanatismo anule la capacidad de empatía ni el respeto”.
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Este trabajo fue realizado por Animal Político. Para consultar el contenido original, dar clic aquí.

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