Culiacán, Sinaloa.- Las marchas del orgullo LGBT+ nacieron como una forma de protesta, y a lo largo de los años se han convertido en la acción más visible del movimiento de la diversidad sexogenérica. Sin embargo, para algunes activistas de Sinaloa, con el tiempo se ha estado diluyendo el sentido de exigencia que las caracterizaba para dar prioridad a la celebración, espectáculo y participación de autoridades e instituciones.
A partir de esta inconformidad surgieron en Sinaloa dos “contramarchas”: una que se realizó en Mazatlán el pasado 14 de junio y otra que ha sido convocada en Culiacán para el próximo 28 de junio.
Los colectivos y activistas que se encuentran impulsando estas movilizaciones han señalado que no tratan de competir con las tradicionales marchas del orgullo o PRIDE o menospreciar su esfuerzo, sino que buscan generar un espacio para personas y causas que consideran han quedado fuera de la representación más visible del movimiento LGBT+.
Jonatan Azbat, activista social y fundador de SEVIHVE, una asociación que busca desmitificar lo que significa vivir con VIH, así como Ximena con X, activista integrante de la comunidad trans y fundadora de Tacuichamona MX, colectivo ciudadano que participa en movimientos sociales, defendieron las contramarchas convocadas en Sinaloa como una forma de recuperar el carácter de protesta.
Expresaron que esta crítica no es algo nuevo, pues en todo el mundo han surgido contramarchas y diversas movilizaciones en respuesta a lo que consideran la institucionalización y despolitización del PRIDE.
“En nuestro caso muchas personas no nos sentimos representados o representadas ni representades por las formas en las que se ha desarrollado algunos espacios, incluso nos hemos sentido excluidos”, expresó Jonatan.
“A veces es mayor el ruido, el esfuerzo que se gasta en esto que es más visual, más festivo y hay poblaciones que no estamos pal festejo”, agregó Ximena con X.
Entre las críticas de quienes impulsan las contramarchas de Sinaloa, aparece el llamado pinkwashing, un término utilizado para describir cuando gobiernos, empresas o instituciones adoptan discursos de inclusión hacia la diversidad sexual, o en este caso, buscan tener presencia en el PRIDE, pero sin atender de fondo las demandas de las poblaciones LGBT+.
Mientras que otro de los reclamos está relacionado con el protagonismo que en las últimas marchas han tenido funcionarios públicos, quienes han encabezado la primera fila del movimiento.
“Se ha notado la presencia de autoridades que ni son LGBT+, ni están legislando a favor. No digo que no puedan asistir, su presencia es más que bienvenida dentro del PRIDE, pueden acompañar, pero se siente que llegan a tomar cierto protagonismo que no resulta muy agradable, buscamos exigir al gobierno que trabaje, no buscamos festejar”, mencionó Danae Echeverria, una de las convocantes a la contramarcha en Culiacán.
Por su parte, Rita Tirado de la colectiva Periferia Subversiva, una de las organizaciones que convocó a la contramarcha en Mazatlán, expresó que muchas personas de la población LGBT+ viven situaciones de abandono, violencia y exclusión, por lo que el movimiento no debe perder su carácter de protesta.
En Culiacán, la marcha del orgullo o PRIDE es organizada por la asociación civil Sinaloa Incluyente, quien tras la movilización que lideró el pasado 13 de junio, señaló en un comunicado que durante la marcha se visibilizaron demandas como la aprobación de la Ley No Binaria, el reconocimiento de derechos para familias diversas, justicia para víctimas de crímenes de odio y garantías para una vida libre de violencia para las personas LGBT+.

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