Cuando Carolina Figueroa Pérez entró como voluntaria a la Cruz Roja, tenía apenas 14 años.

Ahora, 39 años después, es reconocida con la “Distinción de Perseverancia” por la Cruz Roja Delegación Culiacán, en el Día del Paramédico.

Empezó su camino dentro de la Cruz Roja Juventud, el área educativa de la IAP enfocada en formar y acercar a menores de edad y jóvenes de hasta 29 años a la intervención comunitaria. Recuerda bien la fecha de su inicio: 24 de octubre de 1987. Como muchos de sus compañeros, explica, la experiencia de ser una juventud Cruz Roja la marcó.

Al conocer un poco más del trabajo que se realizaba desde la institución, terminó enamorándose del movimiento y del proyecto.

Comenzó a ver el voluntariado como una forma de agradecerle a la vida.

“Cuando uno conoce un movimiento tan bello y humanitario como es la Cruz Roja, va buscando la manera de regresarle a la vida lo que siente que la vida le ha dado. Es una forma de agradecerle a la vida, de agradecer a la sociedad, a nuestra comunidad, de alguna forma con nuestro tiempo, con nuestro conocimiento y nuestra experiencia”, dijo Carolina en entrevista para ESPEJO.

Durante 39 años, Carolina estuvo sobre ambulancias, participó en socorros, atención prehospitalaria y capacitaciones, todo rotando conforme iba creciendo y cambiando de etapas en su vida personal.

Por eso, asegura, el pensamiento de abandonar la institución y dejar el voluntariado nunca fue tan fuerte.

Como suele pasar cuando haces por mucho tiempo el mismo ejercicio.

“A veces, marcamos la diferencia entre la vida y la muerte”

 

Una de las experiencias que más ha marcado a Carolina fue una ocasión en la que atendieron el llamado de emergencia de un hombre mayor que estaba en medio de una situación médica crítica.

La socorrista explica que, en muchas ocasiones, cuando terminan de cumplir con su deber -el cual es intentar mantener al paciente con vida y estable hasta entregarlo a un hospital o institución de salud- se quedan con la duda sobre si la persona a la que se le brindó auxilio logró salvarse o falleció. Destaca que muy pocas veces pueden resolver esa duda.

Aquella vez, Carolina tuvo ese sentimiento.

Sin embargo, al pasar nuevamente por la calle de aquel hombre, sintió mucha alegría de verlo sentado frente a su hogar.

“En una ocasión iba en la ventanilla de un carro, recuerdo que iba a mi escuela, y me tocó pasar por ese mismo lugar. Vi esa casa y la emoción que sentí al ver a ese adulto mayor que aún seguía ahí, que seguía con vida, fue un cúmulo de emociones que no te podría explicar.”

Carolina inició como parte de la Cruz Roja Juventud. Ahora pertenece al equipo de veteranos de la institución, esperando seguir en el voluntariado mucho tiempo más.

“El voluntariado no se acaba cuando uno se baja de una ambulancia, sino que sigue y se puede ver la actividad de un voluntario de diferentes formas.”

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