Culiacán, Sin.- Pensar que en las relaciones entre mujeres no existe violencia también es una forma de invisibilizarla.

Para Claudia Zazueta, activista y diplomada por la Universidad Autónoma de Sinaloa en Género y Políticas Públicas, las relaciones lésbicas también pueden estar atravesadas por celos, control, manipulación, violencia psicológica o incluso física; violencias que, asegura, no nacen del lesbianismo o la masculinidad de algunas mujeres, sino de los aprendizajes machistas, de la heteronorma y de los roles de género con los que también crecieron las mujeres.

“Si nosotras en el imaginario traemos la idea de que el lesbianismo es tirar hacia la masculinidad, y nuestra masculinidad sinaloense y culichi es una masculinidad agresiva, imitamos ese patrón”, dijo.

El machismo no desaparece cuando una mujer decide amar a otra mujer

 

Una investigación académica realizada por Ana Isabel Sánchez Osuna sobre la lesbiandad en Culiacán también ha documentado cómo las formas de “ser mujer”, “ser hombre” e incluso de salirse de los moldes de la heteronormatividad están atravesadas por el contexto social de la región y los roles de género marcados.

Aunque el tema central de la investigación no es la violencia doméstica, Zazueta lo retoma para entender el contexto en el que se construyen las relaciones en Culiacán: mujeres colocadas en el cuidado, en lo privado y en la pareja; y hombres asociados a la toma de decisiones, el poder y el control.

Punto que, explica la activista, durante mucho tiempo ha romantizado las relaciones entre dos mujeres.

Esa romantización, dice, ha sostenido la idea de que entre dos mujeres no puede existir violencia, pues “las mujeres no son violentas”.

“Se romantizó mucho el amor entre mujeres: ‘ay, qué padre, dos mujeres, bien lindas’. Pero somos seres humanos. Seres humanos que, si no tienen inteligencia emocional, te van a dar en la madre y tú les vas a dar en la madre si tú tampoco tienes inteligencia emocional.

No tiene que ver con tener pene o tener vagina, tiene que ver con cómo aprendiste a ser mujer, cómo aprendiste a ser hombre, cómo aprendiste a ser lesbiana y con quiénes te rodeas”, dijo Zazueta.

Sin embargo, advierte que las mujeres también pueden reproducir comportamientos aprendidos desde el machismo, como el control, los celos, la manipulación o la dependencia emocional.

“No es para que haya una estadística de decir: ‘ay, todas las lesbianas son violentas’. No. Pero claro que hay violencia, como entre algunas parejas gay hay violencia. ¿Por qué? Porque se está copiando la heteronorma. En la heteronorma, quien tiene el privilegio y quien manda es el hombre.

No quiere decir que todas las personas masculinas. Yo conozco chavas de apariencia muy femeninas con comportamientos súper violentos”.

El que algunas relaciones se viven en silencio o dentro del clóset, el miedo a ser expuesta o a que las instituciones minimicen la violencia por tratarse de dos mujeres, puede convertirse en una barrera para denunciar o buscar acompañamiento.

Por último, Claudia asegura que la intención de hablar del tema no es criminalizar las relaciones entre mujeres, sino que se entienda a las mujeres como personas que pueden tener o no salud emocional, y abrir la conversación sobre cómo los estereotipos de género impactan en distintos aspectos de la sociedad.

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