Al menos hay que otorgarle el legítimo derecho de réplica a la carta publicada ayer por el gobernador con licencia, Rubén Rocha Moya, donde refuta publicaciones que lo colocan en el centro de varios complots y juicios sumarios por las acusaciones que Estados Unidos formuló en abril contra el Mandatario y algunos de sus colaboradores.

El político sinaloense responde en el breve texto varias de las cuestiones que en días recientes lo presentan como huídizo de la justicia, custodiado por fuerza pública federal y sin rendir cuentas ante la Fiscalía General de la República.

En todos los casos Rocha niega las especulaciones manejadas en medios y redes sociales y se plantea como víctima “de una atroz embestida mediática de calumnias y de imputaciones sin sustento fáctico ni legal alguno. Las acusaciones que se me formulan por una oficina del gobierno de los Estados Unidos son falsas”.

Además amplía el margen de afectación al afirmar que “hoy queda claro que se trata de un ataque promovido desde la ultraderecha, con la pretensión de menoscabar la soberanía nacional y estigmatizar al movimiento de transformación a favor de los pobres más importante del continente”.

A la opinión pública le corresponde determinar el nivel de credibilidad y victimización que le conceda a la postura del gobernador con licencia, sin embargo éste tiene el derecho a la presunción de inocencia que la ley le otorga. En el caso Rocha existe bastante ruido fundado e infundado que suplanta el debido proceso judicial e impone la especulación y la rumorología como método de enjuciamiento.