La colocación de 200 puntos de videovigilancia y 59 botones de auxilio en el sector centro de Culiacán representa un esfuerzo para mejorar la seguridad pública, siempre y cuando funcione el componente humano que consiste en la activación inmediata de elementos y equipo táctico como respuesta rápida a lo que la tecnología evidencie.

En Sinaloa han transcurrido décadas, gobiernos y recursos públicos que le apostaron a la incorporación de los sistemas de vigilancia remota sin que ello se tradujera en reducción de los índices delictivos en los que corresponde a afectaciones al comercio, consumidores y pérdida de confianza en el entorno urbano.

Sinaloa ha pagado altas consecuencias debido a la violencia que echa abajo la certidumbre como cimiento de las actividades productivas lícitas, con cifras inestimables en cuanto a pérdidas económicas, quiebra de empresas y caída del empleo, con la ausencia de los gobiernos federal, estatal y municipales en su acción reactivadora.

Con la implementación de la seguridad a distancia existen malos antecedentes y resultados porque prevalece la mentalidad de que los dispositivos electrónicos por sí mismos inhiben los ilícitos, además de que la delincuencia se ha encargado de anularlos, clonarlos o bien ignorarlos a sabiendas de que las instituciones de protección ciudadana no les dan un uso útil.

Qué bien que el Gobierno de Culiacán les ponga énfasis a los nuevos puntos de vigilancia y botones de pánico y que los haga funcionar con la conectividad y coordinación adecuada con las corporaciones de seguridad pública. La respuesta oportuna y la presencia cercana de elementos militares y policiales deben hacer palanca con la tecnología para que comerciantes y clientes que recuperen el empuje del centro urbano como bujía del desarrollo.