Aunque parezca desbordado el optimosmo del secretario de Economía del Gobierno del Estado, Diego Aguerrebere Espitia, en el sentido de que viene la recuperación de la economía sinaloense, de cualquier forma hay que apostarle a ello que es la expectativa generalizada tras casi dos años de crisis por la violencia.
En realidad los hechos impiden creer a ciegas en algo en lo que los gobiernos federal y estatal han sido omisos, al dejar a los sectores productivos en el abandono, navegando cada quien con dificultades que los colocan en el dilema de resistir así no haya utilidades, u optar por la salida última que es el cierre de negocios.
El funcionario señala que en las pocas semanas que lleva en el cargo ha sostenido reuniones con varias cámaras empresariales lo cual le da “un termómetro no de lo que pasó ayer sino de lo que va a pasar semana” y desde allí se remite a a indicadores “que nos dicen que la economía del estado está lista para empezar con su crecimiento, para empezar un rebote”.
El problema es que antes que él otros tres políticos han desempeñado el mismo puesto e invariablemente presentan números alegres que la realidad no valida, perspectivas que no se cumplen y proyectos de inversión que no llegan, situación que hace desconfiar de palabras carentes de los hechos que las respalden y la contraparte que muestra la crisis desvastadora y prolongada.
Dejando de lado el pesimismo, el establecimiento en Cosalá del proyecto minero Los Reyes, con una inversión inicial de 500 millones de dólares, podría ser el indicio de la recuperación económica que Aguerrebere Espitia ve venir. Sin embargo, urgen los signos convincentes de que ahora sí la mancuerna entre gobierno y sector privado operará ágil y con sentido de solidaridad para que los engranajes del crecimiento de la economía funcionen a la perfección y saquen Sinaloa del atraso en que está.

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