Por M.C. María del Refugio Manjarrez Montero
Vicepresidente del Colegio de Economistas del Estado de Sinaloa.
El consumo de los hogares mexicanos continúa siendo uno de los principales motores de la actividad económica; sin embargo, los datos más recientes del Indicador Oportuno del Consumo Privado (IOCP) sugieren que el dinamismo observado en meses anteriores comienza a perder fuerza. Aunque las estimaciones del INEGI anticipan un crecimiento anual de 2.8% en mayo y 2.6% en junio de 2026, la desaceleración entre ambos meses refleja un entorno económico menos favorable para el gasto de las familias.
El consumo privado representa cerca de dos terceras partes del Producto Interno Bruto (PIB) mexicano, por lo que su evolución constituye uno de los indicadores más relevantes para evaluar la salud de la economía nacional. En este contexto, el IOCP ofrece una ventaja estratégica al proporcionar una estimación preliminar del comportamiento del consumo varias semanas antes de que se publique el indicador oficial, permitiendo anticipar tendencias y ajustar expectativas tanto del sector público como del privado.
No obstante, un análisis más allá de las cifras anuales revela un panorama menos optimista. En términos mensuales, el consumo apenas habría crecido 0.4% en mayo y 0.1% en junio, lo que evidencia una pérdida de dinamismo conforme avanza el segundo trimestre del año. Asimismo, el índice estimado prácticamente permanece sin cambios, al pasar de 114.2 puntos en mayo a 114.3 en junio, situación que sugiere un proceso de estabilización más que de expansión acelerada.
Este comportamiento puede estar relacionado con un entorno económico que todavía impone restricciones al gasto de los hogares. Aunque la inflación general anual se moderó a 3.37% en junio de 2026, el nivel acumulado de los precios continúa presionando los presupuestos familiares, particularmente en los hogares de menores ingresos. Además, la tasa de interés de referencia permaneció en 6.50%, lo que mantiene relativamente elevado el costo del crédito. El mercado laboral presenta una baja desocupación, pero su fortaleza es limitada por la elevada informalidad y la persistencia de empleos con ingresos y prestaciones insuficientes.
Otro aspecto que merece atención es el amplio intervalo de confianza que acompaña las estimaciones del IOCP, lo que refleja la incertidumbre inherente a cualquier proyección econométrica. Si bien el indicador constituye una herramienta valiosa para anticipar el comportamiento económico, sus resultados deberán confirmarse con la publicación del Indicador Mensual del Consumo Privado (IMCP), que ofrecerá cifras definitivas.
En términos de política económica, los resultados envían un mensaje mixto. Por un lado, el consumo continúa creciendo y evita un escenario de contracción de la demanda interna; por otro, la moderación observada confirma que la economía mexicana enfrenta una fase de crecimiento más contenido. Para empresas, inversionistas y autoridades, el reto consistirá en fortalecer la confianza del consumidor y estimular la inversión sin comprometer la estabilidad macroeconómica. De mantenerse esta tendencia, el consumo seguirá aportando al crecimiento nacional, aunque con una capacidad cada vez menor para compensar la desaceleración de otros sectores productivos.

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