Culiacán, Sinaloa.- Cuando se habla de la búsqueda de personas desaparecidas, el imaginario colectivo suele llevarnos a la tierra, al campo y a la posibilidad de encontrar bajo el suelo a quienes, como suele decirse comúnmente, “se tragó la tierra”.
Sin embargo, en ocasiones, el agua también tiene respuestas sobre los desaparecidos.
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En los nueve años que María Isabel Cruz ha estado al frente del colectivo de búsqueda “Sabuesos Guerreras”, ha tenido que aprender a trabajar en uno de los territorios más complicados para buscar desaparecidos: el agua.
Buscar cuerpos en el agua, explica María Isabel, es ir contra reloj, contra la corriente que poco a poco mueve los cuerpos hacia otros puntos.
“Todas las formas del agua hacen mella en un cuerpo, pero el agua es de lo peor que puede haber para el hueso. (…) Yo creo que el mar es de los ecosistemas más complicados porque muy poco nos metemos; para nosotros es prácticamente imposible porque no tenemos lanchas ni tenemos equipo.” dijo la buscadora en entrevista para ESPEJO.
En palabras de Cruz, las condiciones ambientales de cada territorio donde se realiza una búsqueda acuática pueden jugar en contra, tanto en la recuperación del cuerpo como en las condiciones en las que se encuentran los restos.
Según la organización Missing Persons Global Response, del Comité Internacional de la Cruz Roja, el proceso de descomposición dentro del agua es lento -en comparación con lo que sucede en tierra-, pero varía dependiendo de la corriente, la temperatura, el nivel de sal en el agua y la interacción con animales.
“Los ambientes fríos y húmedos, como el océano, hacen que el tejido adiposo -también conocido como grasa corporal- se convierta en una sustancia cerosa en menos de 40 días. La pérdida de extremidades también es común”, fragmento rescatado de la publicación ‘La ciencia forense es diferente cuando alguien muere en un cuerpo de agua. Primero, necesitas localizarlo’.
Esa dificultad quedó expuesta en la búsqueda más reciente de Sabuesos Guerreras, realizada en El Castillo, Navolato, donde recuperaron tres cuerpos arrastrados por la corriente.
Uno de ellos fue localizado sin cabeza.
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El pasado viernes 26 de junio, el colectivo de búsqueda Sabuesos Guerreras recibió la notificación anónima de unos cuerpos en el Castillo, estos se encontraban muy adentro del cuerpo de agua salada que abarca la comisaria.
La localización, dice María Isabel, debió de realizarse con ayuda de dos lanchas, pues una no era suficiente para poder trasladar a todos los involucrados en la búsqueda. Las lanchas, recuerda, tuvieron que ser rentadas a uno de los pescadores del Castillo.
Aunque la Comisión de Búsqueda del Estado de Sinaloa cuenta con una embarcación, esta no estaba en funcionamiento.
Tenían que iniciar la búsqueda rápido.
“No sabíamos cómo estaban, pero también sabemos que a veces les amarran cosas para que no para que no surjan, no floten, Lo que nos decían los los señores pescadores de ahí del castillo era que esos cuerpos no los habían tirado ahí, no habían estado ahí, sino que la corriente se los había traído hasta ese punto”. recordó
Los cuerpos fueron localizados a alrededor de 10 kilómetros del muelle.
Para llegar hasta ellos y regresar, las embarcaciones utilizaron cerca de 40 litros de gasolina.
María Isabel recuerda que tenían que trabajar rápidamente, pues el agua movía constantemente los cuerpos. Incluso, uno de ellos fue arrastrado cerca de un kilómetro más mientras se realizaban las labores para recuperarlo.
Dos de los cuerpos se encontraban flotando dentro de redes pesqueras tipo atarraya y envueltos en ropa. También tenían piedras amarradas.
El tercer cuerpo apareció después, mientras el colectivo todavía se encontraba realizando las labores de búsqueda y recuperación.
Sin embargo, la dificultad de buscar en el agua no se limita a la dificultad de localización, sino que, el agua también puede retrasar la identificación. María Isabel explica que, mientras los huesos permanezcan húmedos, deben esperar a que se sequen para realizar algunos procedimientos, mientras que la sal, el sol y el tiempo pueden degradar el ADN.
“Mientras el hueso esté húmedo, no se puede. Además, el sol, el agua y la sal degradan el ADN para poder hacer las confrontas. Es triste encontrarlos en el mar porque va a ser muy difícil identificarlos y, si de por sí el proceso es largo, imagínate en esas condiciones.”
La recuperación de cuerpos en el agua, explico María Isabel para ESPEJO, debería ser realizada por personal especializado, como Bomberos o Protección Civil, bajo la coordinación de la Fiscalía General del Estado y la Comisión Estatal de Búsqueda.
Sin embargo, ante la falta de equipo o de intervención institucional, los propios colectivos han terminado participando directamente en estas labores.

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