Mazatlán, Sinaloa.- La violencia cambió las reglas de las búsquedas de personas desaparecidas en Sinaloa. El silencio del monte ya no es tranquilidad. Ahora hay que mirar al cielo con cierto temor y saber dónde se pisa.

Hace apenas unos años, el mayor temor de las madres buscadoras era encontrar una fosa clandestina. Hoy, mientras avanzan entre brechas, cerros y parcelas también levantan la vista. Buscan el zumbido de un dron.

El monte ya no solo se recorre con la vista clavada en el suelo porque el miedo también obliga a procurar sombras cruzando el cielo.

LOS DRONES

 

Laura Valdez, fundadora del colectivo Corazones Unidos por una Misma Causa, en Mazatlán, asegura que aunque vayan acompañadas por militares y marinos, ahora van con miedo a las búsquedas de sus desaparecidos.

Recuerda que en junio pasado una jornada de búsqueda estuvo a punto de terminar en tragedia. Fue en Matatán, en el municipio de Rosario.

“Ya nos dieron un susto allá en Matatán (Rosario). Nos recibieron con drones con explosivos. No alcanzaron a tirarnos porque gracias a Dios los militares y la Marina iban preparados con el anti-dron. En cuanto lo detectaron nos dieron el aviso y nos mostraron la pantalla donde marcaba la posición del dron. Tumbaron dos y de repente aparecieron cuatro”.

Mientras los especialistas militares desplegaban el equipo anti-drones, las buscadoras fueron evacuadas. Nadie discutió la orden. La búsqueda terminó antes de tiempo.

Laura explica que una vez que las fuerzas armadas activan el sistema de inhibición, los aparatos utilizados por los grupos criminales ya no pueden aproximarse.

Aun así, el miedo permanece.

“Esperamos que nunca volvamos a tener un susto de esos porque nosotros no vamos en busca de esas personas, ni queremos saber qué es lo que hacen. Nosotras vamos en la búsqueda de nuestros familiares”.

LAS MINAS

 

Y en este cambio de reglas, las amenazas ya no solo llegan desde el aire. En las búsquedas de las madres el miedo cambia de lugar. Ahora el terreno se pisa como si debajo de cada piedra pudiera esconderse algo más que tierra. Se mide cada paso.

Laura Valdez señala que antes el miedo estaba en lo que podían encontrar enterrado y hoy también está en lo que no pueden ver bajo sus pies. Ya no es tan fácil cruzar cualquier vereda o sendero.

“Nosotras antes íbamos con toda la tranquilidad, con toda la confianza de poder caminar y buscar por donde quisiéramos. Y desgraciadamente ahora que las cosas están más difíciles aquí es donde tenemos el temor que nos vaya a tocar una desgracia de estas. Realmente sí vamos con miedo”.

Aunque el colectivo de Laura no se ha encontrado directamente con estos artefactos, sí han visto cómo otras brigadas han tenido que suspender sus trabajos.

“Como colectivos no nos han tocado las minas terrestres. Otros colectivos que iban en una búsqueda, también por Rosario, los elementos del gobierno detectaron algunos explosivos terrestres y decidió retirar de la zona a las buscadoras”.

Prueba de las minas terrestres, está el pasado 3 de julio cuando un marino murió en las inmediaciones de la comunidad de San Marcos, en Mazatlán, tras explotar un artefacto de este tipo. Dos elementos resultaron heridos y veinte días después se reportó el deceso de uno de los lesionados.

LUGAR DIGNO

 

Las madres buscadoras insisten en que no participan en operativos de seguridad ni confrontan a grupos delictivos. Su objetivo es localizar a quienes desaparecieron y regresar un poco de paz a sus familias.

Por eso, Laura hace una petición que resume el sentir de muchas de ellas.

“Ellos deberían dejarnos trabajar en campo para buscar a todas esas personas. Todos tienen el derecho de descansar en un lugar digno”.

APRENDER A CAMINAR

 

Mientras la violencia incorpora nuevas formas de combate, las familias también enfrentan nuevos peligros y se adaptan a las reglas. A los suelos y los cielos.

Ellas llevan fotografías, picos y palas, y del otro lado aparecen drones y explosivos, minas escondidas. Y vuelven al monte porque dice Laura el miedo nunca ha sido más grande que la necesidad de encontrar a sus hijos.

Buscar a un desaparecido en Sinaloa ya no implica únicamente desafiar el dolor. Ahora buscar es entrar a territorios donde la guerra puede alcanzar a quienes solo necesitan saber del paradero de los suyos.

Hubo un tiempo en que las madres buscaban únicamente a sus desaparecidos removiendo la tierra. Los nuevos tiempos les obliga a volver a aprender a caminar y a ver con otros ojos al cielo. Aprenden porque la violencia cambió las reglas y el terreno.