Culiacán, Sinaloa.- María Esmeralda Sánchez Navarro cursaba un doctorado en Educación cuando quedó embarazada de su primer hijo. Mientras continuaba con sus estudios comenzaron a aparecer las primeras señales: Samuel no fijaba la mirada y su lenguaje no se desarrollaba como el de otros niños. Le diagnosticaron autismo.

Esta noticia obligó a María a replantear sus proyectos profesionales. Ya no solo se trataba de ser madre, sino que ahora debía pasar a ser una cuidadora que tenía que preocuparse por terapias, consultas médicas y organizar su vida ante las necesidades especiales de su hijo.

María ya había pasado años estudiando una licenciatura, una maestría y un doctorado para cumplir esa meta de crecer profesionalmente, pero tras el diagnóstico de Samuel había una pregunta que resonaba en su mente constantemente: “¿Qué va a pasar con mi carrera?”.

“Sí te cambia mucho la manera de pensar. Decía: ‘¿Y ahora, profesionalmente, cómo le voy a hacer?’. Hubo momentos en que te soy sincera sí me frustré, sí lloré por pensar, pues ¿Que va a ser de mi futuro profesional?”, contó.

“Uno aspira a colocarse y buscar contribuir específicamente al ámbito educativo, y pues me empiezo a topar con todos los cuidados que requiere mi hijo, todas las atenciones, en cierta manera, sí te frustras, como mamá, el decir he buscado por muchos años también mi desarrollo profesional, mi preparación, pero también está esa carga de ser mamá y de dar todo lo que tú puedes hacia tus hijos”, agregó.

 

María logró terminar el doctorado, pero el reto no terminó ahí. Mientras concluía la tesis quedó embarazada de su segunda hija, lo cual la obligó a aprender a organizarse mejor y a sus dos hijos y terminar su preparación académica.

Tras el doctorado, comenzó la búsqueda de empleo, pero el miedo contibuaba sin abandonarla. Temía que los horarios, las terapias de Samuel o la falta de empatía de los jefes le cerraran las puertas.

No pasó mucho tiempo antes de que esos miedos comenzaran a hacerse realidad. En una de las entrevistas previo a la contratación le dieron a conocer el horario laboral: de 8:00 de la mañana a 1:00 de la tarde y de 3:00 a 5:00 de la tarde, un horario que chocaba con los cuidados de Samuel.

“Yo le dije es que a mí me gusta cumplir, hazme una propuesta de horario y yo sé que voy a cumplir con mis responsabilidades. La verdad es que ahí terminó todo, no volví a recibir ninguna retroalimentación, quedamos que me iba a hacer una propuesta de horario, pero ahí quedó”, dijo.

Para María era muy complicada esa oferta laboral porque a pesar de su sentido de responsabilidad profesional, se le hacía imposible descuidar a sus hijos durante tantas horas, por lo que resignada continuó tocando puertas para conseguir un empleo.

Tras una larga búsqueda, finalmente encontró un espacio donde su realidad como madre cuidadora no fue vista como un obstáculo. Hoy trabaja como docente de nivel medio superior, donde aseguró que el apoyo y la comprensión de sus directivos le han permitido conciliar su carrera con el cuidado de sus hijos.

“En dos o tres ocasiones sí he tenido que pedir permiso porque tengo que llevar a mi hijo a alguna terapia y a veces también cuando lo he tenido que recoger, echenme la mano de salir alguna hora antes, y sí han sido personas muy empáticas”, dijo.

Además, ha aprovechado su rol como docente para acercar información sobre el autismo a sus estudiantes y buscar crear una empatía hacia las familias de niñas y niños con autismo, la cual muchas veces no existe entre la sociedad.

“Coordiné una conferencia para que los alumnos también conocieran sobre este tema del autismo, luego invité a tres mamás que también tenemos niños con autismo para que hiciéramos un panel y acercar a ellos este conocimiento y generar esa empatía que a veces como padres necesitamos y me he sentido muy honrada por todas las consideraciones que siempre tienen conmigo”, dijo.

Si bien ella junto a su esposo han podido salir adelante gracias al apoyo mutuo y las consideraciones que han tenido en sus entornos laborales, reconoció que no todas las familias tienen las mismas condiciones, por ello, un grupo de madres cuidadoras de niñas, niños y personas con autismo, discapacidad y otras neurodivergencias presentaron una propuesta ante el Congreso de Sinaloa para reformar la Ley de los Trabajadores al Servicio del Estado, con el objetivo de garantizar permisos laborales que permitan atender las necesidades de sus hijos sin poner en riesgo su estabilidad laboral.

En este sentido, Perla Sánchez, del grupo Hablemos de Autismo Sinaloa, señaló que con la iniciativa se busca sentar un precedente que le haga frente a la realidad de muchas mujeres cuidadoras que se ven obligadas a poner en pausa sus sueños, enfrentar descuentos salariales o incluso escuchar comentarios que ponen en duda su desempeño profesional, cada vez que solicitan un permiso para acudir a consulta médica, terapia o atender una emergencia.

“Estoy convencida de que ninguna mujer debería vivir con el temor de perder su empleo por hacer lo más importante: cuidar de su hijo”, expresó Perla Sánchez.

La iniciativa, de acuerdo con el Congreso de Sinaloa, se encuentra en análisis por la Comisión de Asuntos Obreros, Trabajo y Previsión Social, cuyos integrantes ya sostuvieron una reunión con un grupo de madres promoventes para conocer la importancia de la misma.

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